Revista Intemperie

No ir a FILSA: se puede

Por: Catalina Infante
CHILE LITERATURA

 

No quiero pecar de soberbia: en Catalonia todavía no sacamos conclusiones sobre lo que ha significado no participar en FILSA este año. Tomamos esa determinación hace unos meses, cuando nos vimos presionados a pagar por nuestro stand una cifra mayor a la comprometida y sin la oportunidad de postular en igualdad de condiciones a los espacios disponibles, ya que no pertenecemos a la Cámara del Libro. La situación no nos parecía justa pero íbamos a aceptarla porque “teníamos” que estar en FILSA. Pero cuando estábamos a punto de inscribirnos nos surgió una pregunta ¿Se puede no estar en FILSA? Haciendo un recuento de todos los argumentos que nos surgían para no ir y la gran liberación que suponía para todo el equipo la simple idea de saltarnos un año nos hizo tomar la decisión de no asistir a la versión 2016. No fue fácil decidirlo, ya que (diga lo que se diga) FILSA es el festival literario y editorial del año, y como casa editora es la oportunidad de dar a conocer a un público masivo las novedades y el trabajo que se hace durante el año. ¿Los contra? Una larga lista:

1. En comparación con otras ferias, los stand en FILSA son caros. Casi cuesta lo mismo que arrendar un stand en la Feria del libro de Guadalajara o Buenos Aires y está por lejos de tener esa magnitud de público, beneficios profesionales o programa cultural. Para poder salir con números azules se necesita mucho esfuerzo de venta. Los últimos dos años, sin importar las cifras oficiales que digan, la afluencia de público ha disminuido, así mismo las ventas. Finalmente el esfuerzo de la inversión no se hace por las ganancias, que son casi nulas, sino solo por el hecho de estar presente.

2. El esfuerzo de trabajo para llegar a FILSA, más el desgaste que significan esas casi tres semanas (¿por qué dura tanto?) nos quita la energía de medio año. Durante los meses anteriores y durante la FILSA todo el equipo de trabajo está subordinado a este evento, y cuando tu equipo es reducido, como pasa en la mayoría de las editoriales, esto supone dejar de lado otras tareas editoriales o proyectos que necesitan de cuidado.

3. Nos vemos obligados a sacar todas las novedades en esta fecha, teniendo muchas veces que cerrar libros de forma apresurada. Las novedades deben competir con cientos de otras de todas las casas editoras. Esto significa que muchos libros que uno quiere y que han significado un gran esfuerzo pasen al olvido y desapercibidos entre toda esa locura, más aún en la prensa. Para la mayoría se hace imposible competir. Finalmente la porción de la tirada de esos libros que terminamos vendiendo en FILSA es mínima o irrelevante.

4. Las salas en los lanzamientos son frías en todo ámbito, no da mucho pie para innovar porque están cerrados a un mismo formato. Cuesta un mundo llenarlas porque están alejadas del centro de atención del público y porque el programa es demasiado competitivo. Además el tiempo para poder desarrollar una buena presentación se ve abruptamente apretado y cortado a 50 minutos.

Así podríamos seguir con un montón de razones y temas que no tienen conforme a la gran mayoría de editores que comprende la industria chilena del libro. Hace años por ejemplo que se discute la idea de que esta Feria sea gratis, algo que a todos nos gustaría pero que al parecer está lejos de poder lograrse, ya que el cobro significa una utilidad para los organizadores. Cada año salen columnas criticando no solo este tema sino el hecho de que la feria parece un mall o supermercado del libro más que un festival literario. Sé que muchos editores tenemos las intenciones de que esto cambie pero mientras la organización de la feria no esté representada por toda la industria resulta imposible, sobre todo si ahora está a cargo de una institución que no tiene editores en su directorio.

No sabemos todavía si no haber ido fue o no una buena decisión, para nosotros no es la idea darle la espalda a este importante evento. Lo que sí sabemos es que se puede decir que no cuando uno está disconforme en la forma cómo se manejan las cosas. Si participar en FILSA requiere de un esfuerzo tan grande para las editoriales, sus condiciones y programa cultural tiene que estar pensado desde las necesidades de los editores. Para nosotros particularmente resultó este año más importante potenciar otro tipo de ferias, mucho más amables para los editores y para el público, como la Primavera del libro o la Furia del Libro, (a la que por primera vez iremos este año), ferias de acceso gratuito, de bajo costo de inversión, que sí están pensadas desde los editores y enfocadas en hacer agradable la experiencia al público.

 

Foto: latercera.com

 

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