Revista Intemperie

Aunque me llamen alarmista, colorienta o incluso feminazi

Por: Arlette Cifuentes
ni una menos

 

Durante esta semana nos hemos enterado de muertes violentas hacia mujeres, dignas de una escena escabrosa de Narcos, y que han provocado que en Argentina y en nuestro país se formen movilizaciones con la premisa de Ni una menos.

Cada vez que abrimos espacios de conversación y/o reflexión sobre micromachismos o directamente de violencia patriarcal se nos acusa de ser unas tontas graves, de que la cosa no es tan terrible, de que son hechos aislados, de que está mal darle vuelta al por qué se naturaliza el concepto de violación o el por qué le damos color cuando nos tiran un piropo en la calle si quieren alabar nuestra belleza o a qué más da que haya muerto una trans en la calle si total, quizá qué estaba haciendo a esas horas caminando.

Cuando decimos Ni una menos, nos referimos a todos esos cuerpos que no son los hegemónicos en el espacio público, a los cuerpos que parecen pertenecer a alguien, a los cuerpos que son violentados día a día por lo que no son, es decir no son cuerpos -y digámoslo como corresponde- no son hombres. Puede que por esta última acepción me tilden de feminazi e incluso es posible que en algún momento me haya importado y haya tratado de alivianar mis afirmaciones para no ofender a nadie pero ¿saben qué? Ya no me importa, porque siempre que estemos en contra de la norma nos tildarán de locas, histéricas, brujas o feminazis, así como cuando tildan de loca a un amigo que tiene rasgos que culturalmente se conocen como afeminados, porque les da miedo sentir o parecerse mínimamente a lo que significa y se ha construido como ser mujer, porque les han impuesto una estructura de deber ser que los ha reprimido al punto de generar una patología del egoísmo en el que todo es suyo, incluso el cuerpo de su compañera, incluso el cuerpo de una adolescente, incluso el cuerpo de una niña.

No, no le hablo a todos los hombres, les hablo a aquellos que se hacen llamar machitos, a aquellos que creen que tener relaciones con un cuerpo dormido o ebrio es sexo normal y no una violación, les hablo a quienes creen sentirse superior a otro, a ese que nosotrxs llamamos peyorativamente troglodita, misógino, machista. A ese que le pega a su señora para controlarla, a ese que no le habla a su compañero de trabajo porque es homosexual, a ese que les grita a las niñas con jumper lo que les haría si tuviera la oportunidad, a ese que molesta a las travas en la calle. A ese le hablo.

Puede que sí, el feminismo esté de moda como me han dicho dentro de varios comentarios con insultos, pero me alegro que sea así, porque si bien esto puede provocar variadas desviaciones del concepto y de su misma práctica, también ha hecho cuestionamientos donde antes nadie se había detenido a pensar por un instante, ha resignificado relaciones interpersonales basándolas en el respeto mutuo, en la libertad propia y en el amor. Honestamente el feminismo nos ha hecho bien, nos hace buscar nuevas formas de convivencia, provoca reflexiones éticas de nuestros límites, de nuestra libertad, de nuestra sexualidad, cuestiona lo naturalizado, transgrede estructuras y en medio de todo eso nos transformamos, transitamos, interactuamos, nos interrelacionamos, descubrimos y somos desde un querer ser antes de un deber ser.

El día que caminemos con tranquilidad, sin miedo, sin sentirnos expuesta, el día que nos dejen de matar por decir que no, será el día en que dejaremos de decir Ni una menos.

 

Foto: Desde 2015 multitudinarias protestas en contra de la violencia de género se vienen sucediendo en Argentina, Chile, Uruguay, Perú y México. (Agencia Télam / eltelegrafo.com.ec)

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