Revista Intemperie

Lo que no podemos tocar

Por: Arlette Cifuentes
sexualidad adolescente

 

Una vez más la educación sexual o la falta de ella vuelve a hacer ruido y a causar polémica, tras el lanzamiento del manual de sexualidad otorgado por la municipalidad de Santiago llamado las 100 preguntas sobre sexualidad adolescente. De inmediato las opiniones fueron variadas y sectorizadas, mientras algunos celebran la iniciativa, otros se han escandalizado como el senador Manuel José Ossandón que señaló “Ojalá sea educación sexual y no deformación sexual (…) Eso no es sexo, hay que ser súper cuidadoso con la educación de cada persona. Ese sexo anal no es sexo, ésa es otra cosa”.

Tras la publicación de estos dicho a través de TVN, se realizaron múltiples burlas en redes sociales y por supuesto críticas. Sin embargo en una entrevista a CNN Ossandón señala “Y esto es un atentado a la responsabilidad de los padres (…)” refiriéndose que las técnicas no deben ser enseñadas por el Estado. Sin embargo ¿quién nos debe enseñar de qué? ¿El Estado realmente es responsable? ¿La familia tiene el real derecho de vetar el aprendizaje de experiencias corporales de un individuo? Y más aún ¿Por qué cada vez que hablamos de sexo y más aún de educación sexual resulta ser un escándalo?

Pese a nuestra necesidad de hablar de sexualidad seguimos permitiendo que sea un tema tabú, dejamos que los discursos como señalaba Foucault, sigan siendo dirigidos por instituciones y que nuestros cuerpos sigan siendo normados. Si bien el manual es un evidente avance sólo presenta un arista binaria en la que no incluye cuerpos trans que son hoy, siglo XXI , un misterio silenciado de manera no azarosa.

Cuando Ossandón se refiere a los valores de la familia, lo primero que recordé fue que si bien mi papá fue muy abierto conmigo en temas de sexualidad y mi madre se preocupó siempre de enseñarme a ver las mutaciones corporales que iban llegando, jamás me hablaron de masturbación, de la existencia de un clítoris, menos de un punto G y mucho menos de otras expresiones de placer como el sexo oral, el cual lo aprendí en conversaciones con mis coetáneos y por mi propia autoexploración.

¿Hasta cuándo nos vamos a seguir escandalizando de nuestro propio cuerpo? O peor ¿hasta cuando vamos a seguir negando nuestras expresiones, muestras y sensaciones de placer? Esta claro vencer la heteronorma no es sencillo y nuestro ser patriarcal interno que actúa peor que nuestro súper yo tampoco, pero al menos hagamos el intento.

 

Foto: 24horas.cl

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.