Revista Intemperie

Carlos Araya en busca del realismo amplificado

Por: Gastón Carrasco
carlos araya

 

De manera más o menos furtiva, subrepticia digamos, nuevas voces se están tomando el panorama de la narrativa chilena actual. Un grupo de autores, jóvenes y no tanto (hace rato el criterio goiciano de las generaciones perdió su estatus), se aleja de las narrativas instaladas y validadas tanto por la academia como por el mercado para, de manera inteligente, punzante, situar nuevas problemáticas y remover de su sitial de confort a los lectores de turno. Pienso en escritores noveles como Pablo D. Sheng y su increíble debut Charapo (Cuneta, 2016) o en el poeta Carlos Cardani y su novela Du marier (Cuneta, 2016), que se lee como diario, o incluso cuaderno de registro o novedades. Junto a ellos, con dos libros a su haber (Ejercicios de Encuadre, Cuneta, 2014 e Historial de navegación, Alquimia, 2016), Carlos Araya Díaz nos propone releer la ciudad desde sus galerías en su novela y recorrer diversas versiones del norte de Chile en sus cuentos. A partir de su último libro, y otras vainas, conversamos con el autor en la siguiente entrevista.

historial de navegacion

¿Dé dónde nace Historial de navegación?

Los primeros apuntes aparecieron mientras escribía Ejercicios de encuadre el año 2013, con el tiempo surgieron otros fragmentos, imágenes y dispositivos estéticos. Después de escribir algo para el funeral de mi madre realizado en Calama hace dos años, descubrí que tenía un nuevo libro entre manos. Mientras iba construyendo Historial de navegación, al volver a Santiago, grabé el Cerro Santa Lucía desde el mismo encuadre durante un año. El último cuento del libro, ‘El año más caluroso de la historia’, es la adaptación literaria de ese proceso de observación y duelo.

Las relaciones padre-hijo en los cuentos está bastante presente: ¿qué hay de interesante en ellas?, ¿alguna relación con la literatura de los hijos tan en boga?

Un amigo mío decía que una vez es error, dos veces es azar y tres veces es verdad. Tú eres la segunda persona que vincula Historial de navegación con esa moda llamada literatura de los hijos. Por ahora es solo azar; mal azar. Espero que solo quede en eso y no se convierta en verdad.

¿Qué te interesa de la representación de Calama, según algunos, “la ciudad más fea de Chile”?

Viví en el norte gran parte de mi vida y creo que en ciudades como Calama se sintetizan las grandes contradicciones del progreso; es el patio trasero de Chile que el estado ha basureado por décadas. Allí conviven grandes riquezas con la carencia absoluta. Calama podría ser boliviana, peruana o colombiana y estoy seguro que le iría mejor de cómo le ha ido hasta ahora. Los calameños comparten mucho más cosas con otras personas de Latinoamérica, pero hacen marchas contra esos extranjeros. Hay una obstinación en ser parte de un Chile que los ignora sistemáticamente, el arribismo y la xenofobia pueden más. Cuando digo que nací en Calama siempre suceden cosas, sobre todo con personas que defienden las luchas de género, la educación gratuita, el fin de las AFP, etc. Cuando te escuchan decir palabras como Calama, les brota lo centralista y lo xenófobo. Porque para la mayoría de los chilenos el norte es un país distinto, feo y lejano, al que se debe ir solo por obligación para turistear en San Pedro de Atacama.

También hay muchas imágenes recolectadas por años que algún día tenían que salir. Cuando era niño jugaba en la escuela de futbol de Cobreloa y el cineasta Andrés Wood andaba haciendo casting para su película Historias de fútbol; nos formó como milicos sobre una cancha de tierra y como cualquier patrón de fundo buscó a sus obreros. Yo no era lo suficientemente negro ni bueno para la pelota y no fui seleccionado. Siempre recordé ese momento y pensé que alguna vez serviría para algo. Sirvió.

Hay harto de exploración formal y temáticas en el libro, ¿consideras la inclusión de temática y formal de la tecnología, uso de diálogos, etc.? Elordi, Apablaza, incluso Zambra han incursionado por ahí, alguno con más suerte que otro.

Sin riesgos formales la escritura no tendría mucho sentido para mí. Lo político está en el sentido que se puede encontrar con las propuestas formales. Son puros giles los autores que se creen libertarios y que usan las películas y los libros solo para ilustrar dramas. Lo exclusivamente temático es ultraconservador. Sigo explorando en operaciones como la sustracción de elementos para contar desde las acciones, la disociación de capas narrativas y poéticas o el uso expresivo del fuera de campo. La inclusión de tecnología y diálogos son una parte más de ese juego. La verdad es que me interesa desplegar imágenes y atmósferas que dejan surgir personajes particulares más que resolver grandes historias. He publicado en dos editoriales donde se piensa con mucha libertad lo llamado narrativo, y el trabajo que hizo Guido Arroyo en la edición fue un gran aporte en la construcción de este libro.

Los autores que me nombras me parecen factores literarios, algunos con más riesgos que otros, pero aun así me siento muy lejano a lo que ellos hacen. La atmósfera y el imaginario que he estado explorando creo que me sitúan en las antípodas de las poéticas de Elordi, Apablaza y Zambra.

La soledad parece ser un tópico relevante en el conjunto (hombres y mujeres solos frente a la pantalla), ¿es este uno de los temas que te interesaba trabajar?, ¿cuáles son los ejes que hacen dialogar a los cuentos?

La soledad es un tema importante pensando en el sistema de turnos de la minería y la población flotante que viene y va hacia las zonas de extracción. Los otros ejes que me interesaban explorar eran el diálogo entre los espacios y la tecnología, la dinámica de los personajes con respecto a los objetos, las imágenes, la luz, el movimiento y los ambientes sonoros, y la construcción de un Calama filtrado por un lente manchado con humo y gotas de cerveza.

Creo que en las propuestas formales convergen varios elementos, tienen un poco de biografía; no escribiría de la misma forma si no hubiera nacido y vivido en medio del desierto de Atacama, o estudiado kinesiología y cine, también hay un diálogo de cada proyecto con su campo y de los límites que pide cada obra. Dentro de esas fronteras está el oficio y la sensibilidad visual y sonora de cada personaje. Me gusta encontrar una aproximación formal distinta para cada uno. Hay que descubrir el realismo amplificado, así le llamo yo a esa exploración que hago para encontrar el lente con que mira cada personaje. Hay que encontrar la estética para un guardia que mira a través de cámaras de seguridad, para un fotógrafo, para un ladrón, para un turista, para un minero medio borracho, para unos adolescentes que están descubriendo su sexualidad. Muchas veces pasa al revés, hay una estética que pide una narrativa y unos personajes. Yo trato de mapear estas cosas para luego perderme. En esa zona disfruto el desafío de escribir.

Hay un evidente trabajo de imagen (poética) en tus cuentos, ¿es parte de tu proyecto?

Me interesa la construcción de tramas y arcos narrativos, pero en el fondo son las imágenes, los sonidos y los personajes los que me quitan el sueño. Por esos elementos insisto en escribir libros e ilusionarme con hacer películas. Tengo muy mala memoria, siempre me olvido de los hitos narrativos de lo que leo o veo, por el contrario, cuando me encuentro un grupo de imágenes encuadradas por alguien, cuando descubro un imaginario filmado o escrito con una obsesión detrás, las historias pasan a segundo plano y el núcleo de las obras se deja ver y me contagia. Si hay contagio.

ejercicios de encuadre

Me parece que hay un diálogo con tu novela Ejercicios de encuadre, ¿te parece plausible el vínculo?

Ambas comparten el mismo origen temporal. Comencé a escribir textos para distanciarme del proyecto central que en ese tiempo era Ejercicios de encuadre; con esos otros textos podría ejercitar un universo físico; un espacio abierto con otras variables ambientales y personajes. En Ejercicios borré mucho, en Historial borré menos.

Creo que todo lo que estoy haciendo es una excusa para volcarme en territorios, Ejercicios de encuadre me permitió pasar días enteros recorriendo las galerías comerciales de Santiago centro. Vinculándome con esta ciudad de la que soy parte y extranjero a la vez. A veces es lo contrario, entro en territorios que pueden provocar una escritura potencial. Historial de navegación me obligó a volver a mi tierra. Creo que ambos libros comparten la idea de encuadrar un universo físico con dinámicas particulares.

¿Trabajas de manera similar tus textos a tus proyectos de cine? Más allá de lo técnico ¿hay una poética detrás del narrador y el cineasta?, ¿son oficios que dialogan?

La inquietud de la escritura y el cine se van mezclando, a veces van en paralelo, otras veces están más cerca de fundirse. Creo que también hay algo sobre el tiempo; a veces pienso que la literatura es un diario de espera para ir a rodar. A veces pienso que es al revés. Creo que la escritura o el cine son excusas para leer y reconstruir parte de los territorios que a uno lo mueven. Dedicarme a ambas cosas me da mucha libertad. Hay cosas que pruebo en los textos que nunca haría en cine o al revés. Para mí ambos son campos de juego. Uno de ellos te deja solo, el otro te devuelve por un rato la sensación de pertenecer a algo.

En la contratapa del libro se habla de un proyecto original, experimental ¿En qué lugar se insertaría tu proyecto?, ¿qué autores te interesan hoy por hoy?

Mi proyecto es una tarjeta de memoria dañada con videos que intento recuperar. Estoy tentado de hacer una lista de autores para validarme y asumir el vínculo con esos conceptos que nombras, pero solo me da para contar algo más genuino y un poco absurdo, experimental: el lomo del libro tiene mal impreso el título. Salud.

 

Foto: (detalle) Adolfo Mesias

 

Carlos Araya Díaz (Calama, 1984). Kinesiólogo, cineasta y escritor. Publicó la novela Ejercicios de encuadre (Cuneta, 2014. Premio Juegos Florales Gabriela Mistral). Escribió y dirigió el largometraje El hijo pródigo (2013), que participó de la sección Carte Blanche del Festival de cine de Locarno y fue estrenado en Fic Valdivia. Es correalizador del largometraje Propaganda (2014) y colaborador de MAFI (Mapa Fílmico de un País). Con su cuento ‘Los mapas de mi padre’ (Incluido como ‘Fernando Jopia’ en Historial de navegación), fue finalista del concurso de cuentos Paula 2014. Actualmente se desempeña como docente.

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