Revista Intemperie

Neruda de Pablo Larraín

Por: Mario Valdovinos
neruda

 

Cuando en literatura y en cine se toma como centro de un relato a una figura real y más encima con el carácter de un mito, como ocurre en Chile con Pablo Neruda, la audacia del escritor o el cineasta está inevitablemente condicionada por los hechos verificados. Le pasó a García Márquez con Simón Bolívar en su novela El general en su laberinto, sobre la que el colombiano declaró: “Lo que no está históricamente documentado se puede fabular”. En Chile, en torno a la vida y la obra de Neruda hay especialistas, biógrafos, lectores sensibles y el asedio a su figura, en este caso desde un film, produce una natural expectativa. Es lo que ocurre con la película de Pablo Larraín. También y de inmediato un nuevo asedio a la vida del poeta genera posturas por anticipado y llama la atención que a más de cuarenta años de su muerte provoque versiones artísticas desde el más allá por encima de muchos autores que están vivos. Recordemos que Neruda ya ha sido objeto de varios filmes de ficción, partiendo por Antonio Skármeta en Ardiente paciencia, basado en su novela del mismo nombre, que provocó un remake, Il Postino, de Michael Radford, con el exilio del poeta en Italia, tras ser privado de su cargo de senador por González Videla, como telón de fondo a la relación del poeta con su cartero. Neruda, film de ficción, y Neruda, diario de un fugitivo, un documental, ambos de Manuel Basoalto, sobre la misma etapa vital del poeta: la persecución. La biografía y la obra nerudianas han suscitado obras de teatro, una ópera y a lo menos tres novelas que lo tienen como protagonista: la citada Ardiente paciencia de Skármeta (1985), un retrato positivo y tierno del poeta, Tango del viudo de Cristián Barros (2003) y El caso Neruda (2008), historia policial donde Roberto Ampuero muestra a Neruda en busca de una hija perdida, encargándole la pesquisa a Cayetano Brulé, el detective cubano protagonista de varios de sus relatos.

La cinta de Larraín se desarrolla durante la época de la persecución del gobierno derechista de González Videla, elegido con los votos del Partido Comunista, después traidor a ellos y responsable de su clandestinidad y confinamiento en el campo de concentración de Pisagua. El ex generalísimo de su campaña, Pablo Neruda, debe también sumergirse. A la vez el registro de la cinta incluye a un policía, reflexivo y delirante, encargado de la captura del poeta y su entrega a las autoridades. El presidente ordena la cacería y, esencialmente, humillarlo para romper el mito, pues nada diluye más la épica de un episodio y de un personaje que su degradación ética. Pero las escenas y diálogos del film se encargan de mostrarlo como díscolo y ambiguo con las órdenes que le da el partido sobre lo que debe ser la conducta razonable de un fugitivo. Él quiere más épica en la cacería, más drama, más teatralidad; se escapa, divaga, se disfraza de fraile, va a burdeles, solidariza con el show de un cantante gay y se deja besar en la boca por el artista en un sórdido cabaret, abraza a una niña vagabunda que le pide limosna en la calle, regalándole su chaqueta, ya que no lleva dinero, y celebra, antes de ser un proscrito, una fiesta orgiástica en su domicilio de La Reina, donde vive con su segunda mujer, La Hormiguita, Delia del Carril. A todo esto, corre el año 1948, Neruda tiene 44 de edad y su sibaritismo, gusto por el whisky y caprichos de poeta mimado y centro de la atención de todos, es manifiesto. Se autoparodia recitando con voz gangosa sus versos, en especial el poema 15, en medio de cortesanas desnudas que lo agasajan. El esquema narrativo de Larraín, con un guión de Guillermo Calderón, es atractivo por sí solo y más aún el momento que vive el poeta: un presidente inescrupuloso que ordena su detención por traición a la patria y un policía que debe echarle el guante. Además, y este es un gran acierto, según quien escribe este comentario, toda la cinta tiene una narración en off del policía, Óscar Peluchonneau. Larraín construye un relato cinematográfico sobre una idea surrealista de Neruda, si bien no es el Neruda residenciario, lo básico, a medio camino del film, es la relación fugitivo/policía, que adquiere su punto máximo de tensión en la salida de Neruda hacia Argentina, a través de la nieve y el frío, a caballo, con identidad falsa, como Antonio Ruiz, ornitólogo, para después aparecer en París con Picasso. Óscar delira, se sabe un personaje secundario del drama, cuyas líneas directrices parecen estar absolutamente predeterminadas; es una figura segundona que anhela ser considerada, dejar una huella, aparecer ante el futuro como algo más que un policía inepto a las órdenes de un tirano civil.

Erróneamente Peluchonneau cita poemas que Neruda aún no escribe, la Oda al caldillo de congrio, cuya composición es posterior, los años 50, y demuestra una indesmentible admiración por el perseguido. Es más el acoso de la belleza que el del fugitivo de las órdenes del presidente, como en Muerte en Venecia, el poeta persigue la inasible belleza y el policía asedia al poeta, por su creatividad y cercanía con las musas. Asombra el nivel del monólogo interior de Óscar, poco frecuente en un cana, casi mayor, en sus ahondamientos filosóficos, que el de Neruda, harto más frívolo y gozador que el detective construido como un pelele extraviado y divagante; Neruda disfruta la cacería, el policía se la banca y la padece.

A pesar de los pesares, Larraín muestra una audacia cercana a la temeridad, suele naufragar a ratos y el hilo narrativo se extravía entre el carácter ideológico de la indagación del policía y la exagerada indisciplina del poeta respecto a las órdenes partidarias para salvarlo. Sin embargo, otro acierto, queda claro que no están presentes ni el deseo de demoler su estatua ni tampoco entregar una perspectiva reverencial del vate. La personalísima visión del director sobre Neruda, incluye una ambientación imaginativa y episodios entre hilarantes y oníricos que, gusten o no, demuestran una mirada distinta al criterio canónico respecto de su poética y figura humana.

En todo caso, queda abierta la puerta para otras versiones en cine o en otro género sobre este poeta, francamente inagotable.

 

 

Foto: variety.com

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