Revista Intemperie

Casa Parque Villaseca y el derrumbe

Por: Juan Silva
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La primera vez que fui a la casa fue para ver una obra de teatro. En ella, dos hermanos vivían un pequeño ritual de despedida: pronto la inmobiliaria que invadía el barrio echaría al suelo su hogar. A partir de eso, recuerdos y un vistazo a la dinámica íntima que unía a los hermanos. En algún punto de la obra, la que sería mi parte favorita, las luces se apagan y la hermana se entrega a un monólogo que explica la muerte de una estrella. Cómo va a apagándose, hasta desaparecer y no volver a estar. Podía ser como no ser una metáfora de la casa o lo que la casa representaba. La obra terminaba inevitablemente con la separación de los hermanos. Luego, en el jardín de atrás, tuvimos la oportunidad de conocer al elenco. Salvo el rectángulo bajo el toldo, el resto estaba a oscuras. Costaba adivinar cuán largo era o qué había allí. Daba la sensación de cosas abandonadas, un lugar que había visto mucho antes de que llegáramos a conocerlo.

En efecto, me enteré luego, la casa real, que había sido por un momento la casa imaginaria de los imaginarios hermanos, pronto sería demolida. No eran muchas las que quedaban en pie en la misma calle Villaseca. Una inmobiliaria compra y demuele en ese sector que incluye las comunas de Providencia y Ñuñoa. La vieja casa que queda en el #2364 fue destinada, en el comienzo de las faenas hace dos años, al acopio de material hasta que fuera su turno en la línea de demoliciones.

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Cuando el equipo que hoy dirige el proyecto de Casa Parque Villaseca consiguió que la inmobiliaria les cediera la casa la encontraron así: convertida en un montón de madera, desechos, materiales inconclusos, y, en suma, todo lo que otras casas fueron y que fue transformado en escombro. Sin máquinas, solo con las manos enguantadas, le tomó cerca de seis meses al grupo terminar de ordenar. Reutilizaron lo que podía reutilizarse – llenaron una de las piezas con maderas que luego ocuparían en distintas labores y talleres –, reciclaron y limpiaron. En medio de la faena dieron con objetos personales de los antiguos habitantes, piezas que fueron utilizadas para imaginar una historia fragmentaria del lugar; así también se resistieron al borrón que significa la demolición.

Una vez terminado el terreno de atrás – que luego sería jardín, y que en su extensión y verdura explica por sí solo lo de “Parque” en el nombre – rescataron la casa; una construcción de adobe botado de principios del siglo XX, cuya mitad trasera había sido removida, dejando abierto el patio interno que caracteriza a estas construcciones. Pintaron, repararon y reorganizaron los espacios y habitaciones. Pronto arrendarían para talleres y comenzarían con sus primeras actividades. ¿El problema? La casa que está en Villaseca #2364 todavía está en la mira de las demoliciones.

Es aquí donde Casa Parque Villaseca se distancia de los clásicos centros culturales capitalinos: no aspira a ser para siempre, al menos no en el mismo lugar. Muy por el contrario, apuestan por la movilidad, entendiendo que la lucha por los espacios de comunidad debe darse desde una perspectiva dinámica. Parte de las condiciones que se conversaron con la inmobiliaria contemplan que se les avise con anticipación cuando la construcción vaya a demolerse y la buena disposición de la empresa para cederles otra casa, en otra parte de Santiago, para que el proyecto continúe. Así, se prioriza la permanencia de una idea frente a una ciudad que muta constantemente sus espacios. Lo que ofrece la organización de Casa Parque Villaseca es limpiar, ordenar y dar uso y vida, en un espacio que convoque a la comunidad. La inmobiliaria se saca de la cabeza el problema de tener un lugar deshabitado por años, y de paso favorece su imagen frente a los vecinos.

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Junto a esto, otra diferencia está en cómo entienden el espacio inserto en la comunidad. Un centro cultural por sí solo no convoca al colectivo. No basta con ofrecer talleres y realizar exposiciones. Es por esto que se piensan a sí mismos como un espacio expo-creativo. La propuesta es plantear un espacio menos estructurado, en el que las distintas disciplinas puedan interactuar y alimentarse. Esto se lleva a la práctica no solo gracias al equipo multidisciplinario que da vida a Casa Parque Villaseca, sino a través de diferentes actividades abiertas al público, donde se encuentran tanto vecinos y artistas y donde se promueve la participación integral. Desde jams de improvisación corporal, hasta tocatas y sesiones de baile donde la consigna es bailar como uno guste.

Hoy en día el equipo de trabajo está reunido en torno a una corporación cultural. Esto les permite entablar relaciones más parejas con empresas y municipalidades, quienes usualmente miran con sospecha las organizaciones informales. Además dota al proyecto de cierta permanencia. La idea que da fuerza a Casa Parque se perpetuará a través de las distintas encarnaciones, en cada casa que la inmobiliaria les preste. Si bien por el momento solo han visto Santiago – con locaciones que dependan de los proyectos de la misma empresa constructora –, no descartan expandirse a regiones. El espíritu es promover la reapropiación, aunque sea temporal, de estos espacios a nivel nacional, expandiendo redes que puedan unir y promover la creación.

 

Foto: Juan Silva/Casa Parque Villaseca

 

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Casa Parque Villaseca está conformado por:

Diego Encina: Magíster en Psicología de las Organizaciones
Andrea Gómez: Arquitecto
Benjamín Pinto: Realizador Audiovisual
Ignacio Gutiérrez: Psicólogo
Luis Silva: Arquitecto
Rosario Irrazábal: Arquitecto
Rodrigo Méndez: Realizador Audiovisual
Diego Ábalos: Arquitecto

contactovillaseca@gmail.com

facebook.com/cpvillaseca

instagram.com/casaparquevillaseca

Últimas actividades:

• Sesiones de baile “Baila como quieras”
• Exposición ON FIRE, el arte de las cajas de fósforos a través de 50 artistas
• Jam de improvisación libre y contacto “La vía creativa”

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