Revista Intemperie

Lospleimovil: la escuela de improvisación única en Chile

Por: Emilia Macchi
lospleimovil

 

He venido más de una vez a ver una función improvisada de los Lospleimovil. Para mí, es una gran forma de variar de espectáculo; porque ir al teatro es bacán, pero muchas veces significa toparte con obras poseras y graves.

Este es un lugar donde público y actores pueden interactuar directamente, incluso durante la presentación. De hecho, una vez vine y una señora entró con un completo y papas fritas. Así, tal cual. Y no estaba prohibido, pero los actores se tomaron la libertad de molestarla mientras improvisaban. De vez en cuando, siempre aparecía un personaje comiendo en lugares inadecuados. “Eso le hacemos a la gente que entra con comida. Le hacemos bulling”, dice María Ignacia Capurro. Parece que aquí todo está permitido, solo hay que ser capaz de reírse de sí mismo. No hablamos de teatro tradicional: es algo mucho más interactivo, popular y carnavalesco. Como dicen los propios actores, es un circo romano.

Llego a la casona en Dardignac de Lospleimovil, un lugar que se centra únicamente en el arte de la improvisación. Dentro hay un café, un patio interior, y un mural con la figura de Chaplin. Ya están sentados Lissette Villegas, Claudio Espinoza y María Ignacia Capurro, conversando y aportando ideas.

Después de saludarnos y presentarnos, decidimos esperar a que llegue Pato Valdenegro para empezar la sesión, así que aprovecharon esos tres minutos para seguir planeando el show de la noche.

(Lissette) ¿Qué más? ¿Algo cantado? Tragedia, comedia…o “Impro del flow, rapeado”,

(Claudio tipea): “Impro…del flow. Rapeado. Ya.”

Esa misma noche estrenan un nuevo formato, llamado ‘Impro-ké’. La idea es que los actores no improvisen, sino el mismo público.

(Claudio): Estamos haciendo la lista del karaoke. Entonces aquí en vez de tener la lista de canciones, tenís la lista de los juegos. Va a estar abierto a todo el mundo. Tú podís participar, pero también podís mirar no más.

(L) Sí, pero es para la gente de los talleres sobre todo. Todo el piso de arriba es la escuela. Entonces se quedan acá después de clases y son super prendidos, tienen muchas ganas de improvisar.

Finalmente, llega el Pato con una pelota saltarina que moverá entre sus manos constantemente durante la entrevista, haciéndola caer entre mis pies más de una vez. Es inquieto e histriónico – cualidades muy deseadas, si no necesarias, para este arte.

¿Cómo empezó toda la gestión de Lospleimovil? O sea la casa en sí, el proyecto…

(L): A ver. El proyecto de la compañía se viene arrastrando desde el año 2000, pero en el 2004 empezamos con este proceso de formar actores improvisadores. Bueno, todos nosotros somos actores. Pero aquí es mucho más que eso. De alguna manera esto es más como teatro deportivo. Un improvisador tiene que entrenar y tiene que formarse también para poder crear en escena junto con su compañero, ¿cachai? Entonces, ahí empezamos a formar talleres.

(C) Sí. En el año 2000 nace el primer elenco, y con el tiempo empezamos a hacer funciones. Este es el último elenco, con el que llevamos aproximadamente siete años. Con este hacemos los espectáculos profesionales.

El elenco base, ¿son ustedes cuatro?

(C) Sí sí, somos nosotros – falta Pablo Boraquevich, eso sí. Pero hemos creado otros elencos con el tiempo, que son los egresados del conservatorio profesional de la escuela.

(L) Deambulamos por muchos teatros. Todos. Hacíamos una temporada allá en el Sidarte, en el Sindicato de Actores, la Bicicleta, en el Mori, San Ginés, qué se yo, millones. Y llegai a un punto en que cansa, porque se acababa la temporada, desarmabai todo y había que empezar todo de nuevo, desde cero. Entonces en ese plan también estaba el proyecto del club y decíamos bueno algún día vamos a tener nuestra salita propia. Y junto con eso vino ampliar la cartelera: no hacer un show sino más de uno.

¿Y esta casa desde cuando la tienen?

(C) Estamos aquí desde el 2013. Ahí nos cambiamos y empezamos a ser el club de improvisación, que es un espacio único en Latinoamérica. Un lugar donde solamente se haga improvisación teatral no existe. En Estados Unidos tal vez.

(Pato) Ya teniendo la escuela y un público cautivo, la gente empezó a ver que había una cartelera más surtida y que esto se movía. Este es un centro de reunión para los que les gusta impro. Y así también empezó a llegar gente que no conocía el género.

Y la ubicación en Bellavista les juega muchísimo a favor.

(P) Es una muy buena previa (ríe).

(MI) Pero tal como dice el Pato, el 80% de la gente que viene consume improvisación. Alumnos o gente que es fan de la impro, y dice; ‘si tengo un rato, voy, me tomo un copete, voy a conversar un rato y a actuar’.

(P) Y la gente que nunca había venido, siempre vuelven con otras personas. Les dice ‘tenís que ver a estos hueones, es una locura lo que hacen’.

¿Cómo funciona el sistema? ¿Cómo se ensaya? ¿Cada uno tiene un rol específico?

(MI) Claudio es el director de la compañía. El dirige los montajes y crea la puesta en escena.

(L) Y lo que nosotros hacemos en improvisación no es ensayar, sino entrenar. O sea, dar el formato del montaje. Entonces nosotros decidimos que vamos a hacer, entrenamos ese formato y luego planeamos la puesta en escena.

(P) El entrenamiento consiste en hacer una función sin gente. O varias funciones sin gente.

(C) Entrenamiento suena como a, algo deportivo (ríe), pero sí, no se ensaya, sino que se entrena el formato.

Claro, es bien deportivo, una especie de memoria muscular. Es como aprender a rapear; aprender a adelantarse.

(C) Estar despierto a lo que te proponga el público y el compañero. Y todo se junta en un punto, sea cual sea el show, todo surge de la espontaneidad.

(L) Lo que va a ser creado en esa función, y siempre tiene que haber un aporte del público, para que el público vea también que está improvisado y que ellos son parte de la escena. Siempre. De ahí ya está la estructura, qué es lo que le vamos a pedir: una idea, un deseo, un color; escribe, dibuja, dime…

¿Cuál sería según ustedes la diferencia entre el teatro de improvisación, y el teatro regular?

(MI) Pasa que en el teatro de texto uno tiene todo bajo control, y si pasa algo, si hay un sonido externo o algo así, es tan sencillo como la cuarta pared. En cambio aquí estamos sometidos a distintos estímulos todo el tiempo, y lo que hacemos nosotros es reaccionar desde la verdad a esos estímulos, que están sucediendo en el momento. Allí hay una gran diferencia.

(P) Sí, la ventaja que te da eso es que en este tipo de espectáculo uno puede venir a ver tres, cuatro veces seguidas la misma función, y van a ser funciones completamente distintas.

¿Cuál es la relación con el público que tienen ustedes? ¿Qué es lo que quieren mostrarle?

(P) Complicidad.

(MI) Yo creo que nosotros también queremos que el público se entretenga. Y que se sienta parte del espectáculo. No es un teatro en el cual el público está absolutamente en silencio. O sea, yo lo he vivido: “¡Si no se callan, nos seguimos actuando!” Acá no; todo lo contrario. Y nosotros acatamos las reacciones, ¡sí el público está vivo!

¿La gente les responde de vuelta y todo?

(L) Sí. Muchísimas veces, se vuelve circo romano igual. Y necesitamos que sea así, lo peor que nos podría pasar es que nos ignoren. Además que el público quiere verte fracasar en escena, porque es parte del juego también.

Es un poco morbo.

(L) Absolutamente, el morbo es fundamental. La gente quiere ver situaciones incómodas, o cosas que no ve habitualmente. Porque el género de la improvisación en el fondo consiste en que se rompa una rutina, que todo pueda pasar.

O sea que a veces el público propone lo más rebuscado para que ustedes fallen.

(L) Si po, claro, te lo hacen difícil. Pero ojalá el error pase. Es bueno que nos equivoquemos también, porque el público lo goza mil veces más y se da cuenta que realmente está improvisado. Porque si la función llegara a salir perfecta, es una mierda, ya no es un espectáculo de impro. Y ahí es donde más habla el público, te aplauden con ganas y todo. Es mucho mérito caerse en el hoyo y volver a salir.

(MI) Además es bueno para nosotros porque nos despierta más aún. Tenemos que reaccionar. Todos fallamos y no importa, está todo bien. Es divertido para el público, así uno tiene que reírse no más y salir adelante. Hay que salir a flote.

(C) Es como un deporte, en el fondo. De alguna manera todos pueden improvisar. Y por eso los invitamos a formar parte de esto. Pero como en todos los deportes, están los profesionales del fútbol, y después están los que les gusta jugar pichanga y la pichanga funciona súper bien también.

Además la impro es más humano, no tiene esta idea de ritual sacro donde se apagan las luces…

(MI) Sí, de hecho, si suena un celular, por ejemplo, lo utilizamos. ‘Te llaman, es tuyo’, etc. O lo agarramos pal hueveo. Pero no es terrible, nadie se va a morir.

(C) Ahora depende del formato igual. Entonces hay unos que son muy abiertos, donde la gente viene a pasarlo bien con los actores en el escenario; hay otros como el formato que vamos a lanzar ahora, que se llama Mínimas, y que son situaciones cotidianas, entonces la puesta en escena es mucho más poética y teatral. Es el viernes, para que vengas.

(P) Pero siempre va a haber participación del público. Ya sea que escriban un título en un papel y lo eche al canasto, den una palabra o cuenten algo.

Claudio, tú trabajaste con Andrés Pérez. ¿Cómo fue eso?

(C) A ver, hubo un casting masivo – perdón, una audición, los casting en teatro son audiciones – y ahí quedé. Y trabajé con él desde el 96, en dos montajes. Y fue fantástico. Era un gran director, muy sensible, que escuchaba tus propuestas. Por ejemplo en la Negra Ester, hacíamos un montón de personajes, entonces había que preocuparse de uno, pero de tus compañeros también.

Dicen que Pérez rotaba los personajes.

(C) Claro. Tu deciai “ya yo quiero hacer este personaje”, y lo hacías, pero después otro día lo hacía otro y tú hacías el de tu compañero. Y ahí se va definiendo.

El personaje lo elige a uno.

(C) Sí, ese era el tema que él tenía. Era su frase de vida, el personaje elige al actor. Pero Andrés era un maestro que te ayudaba a creer en ti y en tu propuesta. Hacía crecer tus ideas, entonces sentías que el trabajo era muy tuyo también.

¿Y alguna forma de trabajo que se hace aquí es heredada por él?

(C) Es que la improvisación teatral es una técnica súper distinta que llegó cuando nosotros la trajimos a Chile. Ahora, obviamente que uno en su vida uno va agarrando de todos sus maestros, o sea yo lo veo en los montajes de improvisación que dirijo. Para mí es súper importante que los formatos de improvisación sean muy distintos unos con otros, por ejemplo. Ahora vamos a tener un show que se llama ‘Apostadores Improvisadores Compulsivos’: hay un animador, hay dos familias, los Pérez y los ¿Eyzaguirre? ¿Cómo era? Bueno, pero es el típico concurso que el animador hace preguntas de cultura general, ellos tienen que tocar el botón, responder, y van ganando dinero de verdad. El público solo propone los títulos. Pero tú entras y es un programa de televisión de los años ochenta: la música típica del programa de este tiempo, el de animador… Y se llama ‘Apostadores Improvisadores Compulsivos’ porque los actores llegan con plata de cada uno y apuestan dinero de verdad. Y el equipo que gana se lleva la plata para la casa.

¿Y cómo se anduvieron guiando, si fueron los primeros en Chile?

(C) Yo fui a Buenos Aires. Fui a ver como tres montajes en realidad, pero con uno me casé mucho más que con los otros. Y ahí los traje, me puse a investigar, y junté un elenco de actores. Bueno y también hay influencias de Estados Unidos – la impro empieza en Estados Unidos o en Inglaterra, no lo tengo claro. Teníamos un compañero que había estudiado en Estados Unidos. Incluso hemos hecho mundiales de improvisación. El de Chile, el 2008, fue el más grande que se había hecho hasta ese momento, habían doce países: estaba España, Italia, países de Latinoamérica, Estados Unidos, México. Y viajamos también el 2003 y 2004, a participar en festivales. Hemos ganado los últimos cuatro festivales a los que nos han invitado: en Argentina, en Perú, en Brasil y acá en Chile.

Igual el humor es algo muy relativo… ¿no hubo un choque cultural?

(MI) Sí, es distinto. El humor tiene mucho que ver con la idiosincrasia del país y del pueblo. Así que cuesta. Pero lo que sí es universal es la técnica. Bueno, por ejemplo fuimos al mundial en Brasil y ganamos en portuñol.

¿Pero… estudiaron un poco?

(MI) Intentamos repasar un poco, pero igual fue difícil. O sea yo en un momento quería decir “la tubería”, y jamás estudié como se dice eso po (ríe). Pero llegai a un portuñol y es heavy porque te entiendes con el otro aunque no hables el mismo idioma.

Última pregunta ¿Algún autor favorito?

(MI) A mí me encanta la dramaturgia de Guillermo Calderón. Lo encuentro buenísimo, contingente, me encanta su manera de escribir, la manera de dirigir.

(C) A mí me encanta el teatro en verso. Entonces para mí Lope de Vega me parece genial. E hice varios montajes de teatro en verso también. Me gusta mucho el teatro convencional, de texto. Hice mucho también, durante mucho tiempo. Y he querido ir a ver obras, pero me he alejado bastante en los últimos ocho años. Tendríamos que escaparnos y buscar reemplazo, porque nosotros trabajamos con espectáculos de miércoles a domingo.

***

Un tipo de teatro diferente, que recuerda al circo o al corral de comedias español. Hoy en día, con las redes sociales y otras plataformas, todas las artes se han hecho muy interactivas, y Lospleimovil no se quedan atrás. Dentro del arte desconocido que significa la improvisación, Chile se destaca aunque muchos no lo sepamos. Así que si anda por Bellavista ya lo sabe: Las funciones de Lospleimovil valen completamente la pena, porque el público es uno más dentro esta presentación.

Funciones de miércoles a domingo. Las entradas se pueden comprar en el teatro mismo, pero también tienen descuentos en atrapalo.cl

 

lospleimovil.cl

 

Foto: Lospleimovil

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