Revista Intemperie

La industria pornográfica gay y la dominación cultural heterosexual

Por: Jaime Pérez Vera
straight guys

 

En 2001 la película independiente The Fluffer, puso en pantalla el conflicto de un chico que decide iniciar un viaje a Los Ángeles para introducirse en la industria pornográfica gay, en este contexto se enamora del famoso actor Johnny Rebel, al cual decide conquistar a todo precio. Posteriormente se lleva una gran decepción: el actor es heterosexual y su vínculo con el porno gay es más bien económico, al calzar con el perfil de macho activo, es más cotizado por productoras gay, pero en su vida cotidiana tiene una familia a la cual mantiene con el dinero ganado en esta actividad.

La película mencionada puso en evidencia una tendencia ya muy conocida en la industria pornográfica y en la prostitución, el concepto de gay for pay, o bien, hombres heterosexuales que, por dinero, deciden hacer porno o mantener relaciones homosexuales. En la industria de la pornografía gay, es un fenómeno bastante común que dice relación con el casting, si el actor tiene condiciones físicas para una película, es seleccionado, sin importar su orientación sexual preferente.

Es muy común revisar en blogs dedicados a temas sobre la cultura gay encontrar datos –cuyas fuentes no se puede asegurar que sean confiables-, pero que dicen relación con el tema, tales como: el 60% de los actores porno gay de Europa del Este son heterosexuales, o bien, entre las búsquedas más populares de porno en el mundo se encuentra el porno gay, y también, las búsquedas más frecuentes de porno gay son sobre heterosexuales. Datos que, si bien no podemos constatar, sí forman parte de las informaciones que circulan por la web y que han construido verdaderos mitos en torno a la relación entre la denominada ‘comunidad gay’ y la pornografía que consume.

En 2014, Daniel Laurin lanza el documental “Straight guys”, material interesantísimo porque revela las duras condiciones de la industria del porno y, además, plantea dos temáticas relevantes. La primera de ellas es que el dinero que maneja la industria pornográfica en Estados Unidos es tan grande, que muchos hombres heterosexuales ven en el porno gay un trabajo que les permite mantener un alto nivel de vida junto a sus familias. Por lo que, independiente de su orientación sexual, al interpretar un personaje en sus películas pueden perfectamente mantener relaciones sexuales con otro hombre. La segunda de las cuestiones importantes del documental es el fetiche que reviste para un hombre gay saber que el actor que están mirando es heterosexual, un placer compartido por muchos, tanto así que ha llegado a constituir un subgénero del porno: Straight Guys Porn, sección que tiene millones de visitas y que consta, básicamente, de hombres heterosexuales en prácticas homosexuales en diversos contextos.

En este género, destaca la compañía Straight Guys for Gay Eyes, que produce películas con afamados actores heterosexuales, también los actores Chriss Strokes o Kevin Crows, son conocidos porque además de participar en películas heterosexuales, han protagonizado películas gay, y este último también películas bisexuales. Otros actores como Danny Mountain, Johnny Castle o Johnny Sins realizan videos en ‘solitario’ para páginas gay – el último de estos tres tiene un canal exclusivo con millones de suscripciones en el que sus ‘solo videos’ son muy populares. Por su parte, la productora Dick Dorm se dedica exclusivamente a realizar películas en las cuales recrea una supuesta fiesta universitaria heterosexual, en la que los participantes culminan, siempre, en relaciones homosexuales a causa del alcohol. Además, hay una gran cantidad de actores que han decidido ‘renegar’ del clóset y, a pesar de su fama y popularidad en el ambiente gay, revelar que son heterosexuales, tales como: Peter North en los años 80, Ryan Idol en los 90, Pavel Novotny, Chris Rockway, entre otros.

Otro fenómeno algo parecido se suscita cuando algunos famosos heterosexuales han posado para revistas gay en sesiones sensuales, que son altamente provocativas y que nuevamente apelan al fetiche de ver a un hombre heterosexual sumergido en el ambiente gay. Como fetiche es una de las cuestiones que –nos- encanta, un deseo que ha suscitado muchas fantasías, mucha literatura, películas y nuestros propios mitos compartidos solo entre nosotros mismos al guardar en nuestras mentes algo prohibido por la sociedad. En tanto que fetiche es tal vez uno de los más compartidos y comentados, pero a eso podríamos dedicarle otro artículo.

El problema aparece cuando esta práctica supera el fetiche sexual y se convierte en una lógica de mercado que ‘cotiza’ mucho más a un heterosexual en la industria del porno gay, simplemente por serlo. Con esto, muchas de las grandes compañías de porno gay, replican lógicas heterosexuales en sus películas y, también, en sus estrategias de marketing. Se replican cánones de belleza y se hace primar cierto tipo de masculinidad por sobre otras, una masculinidad donde ‘no se parece’ ser gay. Se recrean estereotipos de gay que son parte del ideario heterosexual: los musculosos versus bottoms, Ello, porque la dominación cultural heteronormativa ha alcanzado incluso la pornografía de corte gay, para ‘normarla’ y darle ciertas connotaciones que son convenientes y más aceptables en un mundo que se vive y se mira desde un punto de vista heterosexual: en ese sentido, es mucho mejor poner en pantalla a un actor que no ‘parece’ gay, a uno que evidentemente lo es.

El ‘canon gay’ de la pornografía se está construyendo en manos heteronormativas, una mano negra que juega a explotar un fetiche, pero que, en el fondo, lo controla para transformarlo en un objeto de mercado que debiésemos consumir. Existe entonces una dominación cultural a través de la lógica de mercado en la pornografía gay que va mucho más allá de nuestros deseos.

 

Foto: Straight guys (fotograma), Daniel Laurin, 2014

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