Revista Intemperie

Un amor erótico y trágico: la correspondencia íntima entre Federico García Lorca y Salvador Dalí

Por: Jaime Pérez Vera
dali y lorca

 

“Pon mi nombre en el cuadro para que mi nombre sirva de algo en el mundo”, es la frase con la que Federico García Lorca cierra una carta escrita a Salvador Dalí el 31 de julio de 1927 desde Barcelona. Ambos se habían conocido en la Residencia de estudiantes de Madrid en 1923, lugar en el cual forjaron un lazo de complicidad amorosa, pero que, a través de su correspondencia íntima quedan zonas de ambigüedades: la pasión de García Lorca es respondida solo con juegos de seducción por parte de Dalí.

Sus cartas revelan un profundo interés por el arte, cada uno de ellos comenta el trabajo del otro, y entre esos comentarios exploran el vínculo entre una metáfora en poesía y la imagen de la pintura, viven juntos el placer por el arte, se critican, influencian y pareciera que, a través de ello, llegan a una pasión que no se consuma, que queda en el plano del goce estético.

Dalí deseó pintar a San Sebastián porque le recordaba a García Lorca, un santo con una larga data cultural vinculada al homoerotismo por su cuerpo desnudo y flagelado: “En mi San Sebastián te recuerdo mucho y a veces me parece que eres tú… ¡A ver si resultara que San Sebastián eres tú!”, escribe en una de sus cartas. Su cuadro “El beso” (1927), es un rostro humano compuesto por dos cabezas que convergen y se funden, precisamente, en la boca, cabezas que son la suya y la de García Lorca, unidas a través del arte. Además, un sinnúmero de obras contienen, en un gesto casi freudiano, el rostro de Dalí iluminado proyectando una sombra: la de García Lorca.

Por su parte, el poeta es mucho más explícito, es el amante que, a pesar de estar en la España de los años 20, desea libremente a Dalí, le dedica su tiempo para vacacionar juntos, lo mima y expresa la falta de completitud que siente cuando no lo tiene cerca: “Ahora sé lo que pierdo separándome de ti. La impresión que me da Barcelona es la impresión de que todo el mundo juega y suda con una preocupación de olvido”. Tras la publicación de “Romancero Gitano” (1928) , García Lorca recibe duras críticas, en especial, por parte de su querido Dalí, quien le recuerda el devenir de su época y cómo el arte tiene que estar en sintonía con ello: “Tú eres un genio y lo que se lleva ahora es la poesía surrealista. Así que no pierdas tu talento con pintoresquismos”, luego de ello, García Lorca escribiría “Poeta en Nueva York” (1929-1930), una poesía menos local y completamente vanguardista.

Destacada es la publicación de 1926 “Oda a Salvador Dalí”, poema donde Federico García Lorca imprime su mirada sobre el arte, reflexiones estéticas y la pasión no concretada por un ser amado, nuevamente un ciclo que pareciera no poder romper; la diosa del amor y la pasión ha muerto y ya no hay nada que se pueda hacer para recuperar la belleza, aún cuando el deseo por obtenerla sea un ímpetu primordial:

 

“Un deseo de formas y límites nos gana.

Viene el hombre que mira con el metro amarillo.

Venus es una blanca naturaleza muerta

y los coleccionistas de mariposas huyen”.

 

En julio de 1928 Salvador le escribe a Federico la carta que es considerada como la mayor expresión de su pasión homoerótica: “Tú eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo. La última temporada en Madrid te entregaste a lo que no te debiste entregar nunca. Yo iré buscarte para hacerte una cura de mar. Será invierno y encenderemos lumbre. Las pobres bestias estarán ateridas. Tú te acordarás que eres inventor de cosas maravillosas y viviremos juntos con una maquina de retratar”. Sin embargo, años después en 1986, en una entrevista al diario El País, el pintor aseguró que se trataba de “un amor erótico y trágico, por el hecho de no poderlo compartir”.

Y Dalí acierta en su definición. El conflicto de Federico García Lorca radica en encontrar el amor donde no se puede concretar, es una situación que no tiene salida positiva posible y su único final es la destrucción. El poeta intenta desatar una pasión por medio de su habilidad con la palabra en la poesía y en sus epístolas, pero con ello, engrandeció un erotismo estético, artístico, poético, un amor no concretado, un imposible.

querido salvador querido lorquito

La historia de Salvador Dalí y Federico García Lorca ha inspirado un sinnúmero de biografías, artículos en los medios más importantes y también un verdadero mito sobre su idilio amoroso, mito que se alimenta con las interpretaciones que podemos hacer de su correspondencia íntima, pero que siempre deja un sabor amargo y doloroso.

Las cartas completas fueron compiladas en el libro Querido Salvador, Querido Lorquito. Epistolario 1925 – 1936, Editorial Elba, 2013.

 

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