Revista Intemperie

Costumbrismo y tragedia: el papel ideal para Catalina Saavedra

Por: Emilia Macchi
la viuda de apablaza

 

En la programación de Agosto del Centro Gabriela Mistral (GAM), en pleno año de Shakespeare y Cervantes, se está cocinando otro clásico: La viuda de Apablaza de Germán Luco Cruchaga, escrita en 1925. La producción será dirigida por Rodrigo Pérez, y los personajes principales serán Catalina Saavedra, quien ya trabajó con Pérez en la obra mexicana Los perros, y Francisco Ossa, que fue muy bien criticado en La tempestad. Se presentará desde el 11 de Agosto al 1 de Octubre.

Para tener una idea: la obra sucece en los años veinte, y en los interiores de Temuco. Una viuda, cuyo nombre nunca conocemos, se encarga del fundo de su difunto marido con una energía arrolladora. Se reconoce como una de las obras emblemáticas de la escena chilena, dado que enmarca el costumbrismo de la época y la crisis de esos años: se enfatiza el acento campesino, mientras que se tocan temáticas como el conflicto mapuche y la crisis de lo agrario-feudal, causada por la llegada de un capitalismo incipiente.

El eje psicológico de la obra es el dilema de la viuda. Es un dilema puntual, y casi repetitivo en la literatura de nuestro país: la viuda ‘no se halla’. Ejerce como patrón de fundo, pero su normatividad de mujer la acecha y le recuerda que eso no le corresponde; tiene un hijo adoptivo, pero su soledad intenta convencerla que podría ser más que eso. El vacío que dejó el señor Apablaza desconfigura todo, a nivel práctico, ético y emocional. En fin, la viuda está en un vaivén entre lo que debe, en lo que quiere y lo que podría ser.

¿Por qué se sigue montando La viuda de Apablaza después de noventa años? Porque el rol del hombre y la mujer se sigue cuestionando, obviamente. Ya dijo Sebastián Sotomayor a nuestro medio (en el artículo de Arlette Cifuentes Espacios de resistencia femenina en la música chilena): el patriarcado “tiene que ver con la competencia, con conquistar”. Por ende, la viuda, al ejercer como líder de fundo, es asimilada como un hombre, porque mandar no es femenino. ¿Por qué por el hecho de ser jefas somos más ‘masculinas’? Este mismo concepto será el que gatille la disyuntiva ética de la viuda.

Ahora bien, vamos con otra pregunta, ¿Por qué hacer una superproducción de La viuda de Apablaza hoy? Porque, en mi opinión, Catalina Saavedra es ideal para este papel. Así como Jack Nicholson es The Joker para los ochenteros, Catalina Saavedra tenía que ser la viuda de nuestra generación. Era difícil que fuera de otra forma.

Porque si lo pensamos, el papel de la Viuda no se aleja mucho del personaje más emblemático de Saavedra, la Raquel en La nana (2009). Recordemos que esta producción fue dirigida por Sebastián Silva y premiada incontables veces. Si bien son contextos sumamente distintos, el dilema se vuelve a repetir: Raquel también está en un abismo al no saber si es parte de la familia o es parte del servicio del hogar. Y por ello, su tragedia radica en cómo debería comportarse, qué es lo apropiado y lo inapropiado, qué es lo que el mundo de los roles le tiene destinado. La misma fobia que surge en la Viuda. Pareciera que la escena chilena se dio cuenta que Saavedra sabe comunicar esta fobia.

Todavía no he visto la obra, por supuesto. Este artículo es, a grandes rasgos, un elogio extendido a la actriz, porque me resulta difícil no confiar en que hará una buena interpretación. Habrá que verla, no queda otra.

 

Foto: GAM

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