Revista Intemperie

“En el mundo contemporáneo la individualidad es una ilusión”: Entrevista con Horacio Pérez

Por: Juan José Richards
horacio perez

 

Recién estrenada en el GAM “La trampa” es la última obra del dramaturgo Alejandro Moreno Jashés (“La amante fascista”, “Norte”), dirigida por Horacio Pérez (“El canto del cisne”, “Lejos”). Se trata de una enigmática pieza coral que reflexiona sobre las libertades individuales y colectivas en la sociedad contemporánea. Pérez realizó un montaje en el que doce actores le dan cuerpo al texto.

Todo lo que sabemos en ‘La trampa” es que, después de varios años fuera, un hombre vuelve al lugar del que se ha ido, desnudo y acompañado de un niño. Su regreso desestabiliza a los integrantes del grupo que se formó con su partida, un grupo organizado y uniformado que le pregunta por qué ha vuelto, a lo que él responde con el silencio. Así, la obra se vale de la figura del extranjero o el retornado para cuestionar la libertad asociada a lo colectivo y a lo individual.

En el texto todos los personajes son voces y esas voces hacen preguntas que cuestionan la realidad del individuo, incomodan, acorralan. “La línea de investigación de Alejandro tiene que ver con la voz como aparato social, político, conceptual”, reflexiona el director Horacio Pérez. “Voces que interpelan, voces que se cruzan, voces cuya acción es la palabra”. Durante 60 minutos esta obra polifónica (“nunca habla una sola voz, siempre al menos dos”, dice la única acotación del texto) se vale de la figura del extranjero o el retornado para cuestionar la libertad asociada a lo colectivo y a lo individual.

Moreno y Pérez se conocen desde hace años. Entre el 2011 y el 2013 coincidieron en Nueva York donde el dramaturgo realizaba su Doctorado en Literatura Latinoamericana y el director teatral su Maestría en Arts Politics. Sin embargo, nunca habían trabajado juntos. Hasta que el año pasado, en medio de una conversación sobre arte y teatro, surgió la idea un proyecto común. “Pensamos en una obra que tomara la voz desde una perspectiva coral”, cuenta Pérez. Con ese encargo en mente, Moreno escribió durante varios meses y creó “La trampa”.

Con el texto en mano, el director comenzó un proceso de investigación en torno a las dinámicas corales: estudió a artistas contemporáneos de distintas disciplinas que trabajaran con ese recurso. Finalmente, con el apoyo de la Universidad de Nueva York e inserta dentro del Ciclo Teatro Hoy, organizado por la Fundación Teatro a Mil, la obra se estrenó este mes en el GAM.

La escenografía está compuesta un piso de piedras que delimita el territorio en que se mueven los actores, y rodeada de una efectiva iluminación perimetral que juega con la proyección de la sombra de los personajes en las murallas de la sala: a veces la uniforma y a veces la multiplica. El elenco está compuesto por doce actores que están siempre en escena. Diez de ellos conforman “la masa”, “el grupo” o “la voz”, que interpela sistemáticamente al protagonista. Durante el desarrollo de la obra pareciera que ninguna de sus preguntas tiene respuesta, sino que su enunciamiento funciona por acumulación o repetición. Las figuras que adopta “el grupo” son cambiantes y abordan desde distintos ángulos al protagonista. Pero lo hacen simultáneamente, Pérez asegura que ese trabajo de coordinación y precisión fue lo más desafiante del montaje.

la trampa

¿Por qué trabajaste con un elenco compuesto sólo por actores de tu misma generación?

Por varios motivos. El primero es estético; me parecía interesante que este coro de voces estuviera formado por cuerpos de una misma edad y así abrir más lecturas sobre quiénes lo integran. Hay un segundo motivo práctico y es que no tenía plata para pagarle sueldos a los actores por los ensayos, así que fue más fácil invitar a amigos y conocidos. Y hay un tercer motivo, el más importante para mí, que tiene que ver con el cruce entre artistas de una misma generación. Este es un proyecto de investigación colaborativo y aunque los artistas de mi generación estamos trabajando entorno a ideas, temas, estilos y formatos distintos, somos capaces de dialogar unos con otros.

En “La trampa” lo único que sabemos del personaje principal es que se ha ido y su regreso genera una incomodidad en el grupo que dejó. ¿A qué crees que se debe ese desajuste? ¿Qué se desarma con su regreso?

El texto plantea un enfrentamiento entre un cuerpo individual y un cuerpo colectivo; antes de que empiece la obra ese cuerpo individual era parte del colectivo, pero decidió abandonarlos. Entonces el desajuste se provoca antes de que la obra comience, cuando este hombre que al parecer ejercía un cierto tipo de liderazgo en el grupo se va y los abandona, obligandolos a funcionar como un cuerpo grupal, sin jerarquías ni voces individuales. Los personajes dicen que cuando el hombre se fue ellos empezaron a hablar al mismo tiempo y el espacio se inclinó, lo que los impulsó a encontrar una nueva forma de existir, una forma que si bien anuló sus individualidades de alguna manera los liberó, creando una identidad nueva: una identidad plural.

Pareciera que “el grupo” o “la masa” castiga la individualidad y sin embargo el personaje principal es mudo, no tiene voz ¿cómo se construye la diferencia al interior de la obra?

A veces uno llega a trabajar y la persona de al lado está vestida igual que tú, por coincidencia. O a veces alguien te hace una pregunta y tú contestas lo mismo que otro, al mismo tiempo, de manera espontánea. Para mí, esta obra lleva esa situación a un extremo: ¿qué pasaría si todos nos empezáramos a vestir igual, o empezáramos a hablar al mismo tiempo sin ponernos de acuerdo? ¿Se anularía nuestra individualidad o cobraría más fuerza por existir en colectivo? Más que castigar la individualidad, lo que el grupo hace –en mi opinión– es abrazar el ideal de la colectividad. El protagonista huyó del grupo para encontrar una existencia individual, pero en el mundo contemporáneo esa individualidad es una ilusión. El grupo, en cambio, pese a que se ven iguales y se mueven y hablan al mismo tiempo, parecen estar más libres, han encontrado en un lugar aislado cierta libertad en la existencia coral, como una bandada de pájaros.

De hecho parece hacer más desacato en “el grupo” que en el protagonista, ¿quién acata y quién desacata las normas en “La trampa”?

La libertad del grupo desafía las normales convencionales de la vida contemporánea: reniegan de la memoria, de la historia, del mundo material. Por un lado está el hombre solo, que vive en un espacio plano y en un tiempo lineal, y por otro el grupo, que vive en un espacio inclinado y en un tiempo infinito. Entonces si bien el hombre desacata las normas del grupo, el grupo desacata las normas sociales en un nivel más macro. Y creo que desde ahí, desde ese enfrentamiento, se pueden establecer bastantes lecturas. Más que plantear una sola lectura mía, prefiero que el espectador establezca sus propias interpretaciones.

Uno pareciera salir con más preguntas que certezas de tus obras, ¿buscas eso?

Sí, me gusta generar preguntas en el espectador. Soy un convencido de que el arte debe estimular al espectador a pensar, a sentir, a establecer sus propias interpretaciones sobre lo que ve, y en ese sentido yo apelo a un espectador activo. Una de las cosas más lindas de hacer esta obra ha sido que después de verla la gente nos comenta cosas muy distintas, establece lecturas muy diferentes y eso me parece fascinante. Promuevo esa idea de que hay tantas interpretaciones de una obra como espectadores de esa obra. En ese sentido, “La trampa” es una obra abierta, que invita al espectador a entregarse a una experiencia y sacar sus propias conclusiones. Me gusta que el espectador tenga que completar algo, porque eso lo moviliza.

 

La trampa

10 Jun al 2 Jul, 2016
Mi a Sá – 21 hrs.
Para mayores de 18 años

GAM
Sala N1, Edificio B, piso 2
Av. Libertador Bernardo O’Higgins 227, Santiago
+562 2566 5500 / info@gam.cl

Foto: FITAM/GAM

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