Revista Intemperie

El fútbol y la violación: Una analogía de las construcciones simbólicas en torno al balompié

Por: Arlette Cifuentes
futbol

 

No es secreto que el fútbol encierra una violencia simbólica machista entre sus adeptos, conceptos en nuestras barras nacionales para insultarse entre sí utilizando adjetivos y sustantivos femeninos como sinónimo de lastre abundan: “zorra”, “madre”, “monja”, etc. Pero el ver una que la goleada sea asemejada como una “violación” saca dentro de mí la señora cuática que llevo dentro que me dice ¡pero por dios! ¡Esto es el acabose! Y algunas frases similares que podemos encontrar en el manual para hablar como señora de Noesnalaferia.

He aquí algunos de los comentarios destacados:

 

“Ayer cuando me dormí, Chile le ganaba 2-0 a México. Ahora q me despierto supe que lo violó 7-0 Que Dios se apiade de nosotros el miércoles.”

“Hoy te voy a violar, como Chile violo a México.”

“Argentina se cogió a la vinotinto, Chile violó brutalmente a México y a mi ayer ni me tocaron” STOP JAJAJAJJAJAJAJAJJAA AUXILIO”

“Partidazooo!!! Chile literalmente se violó a Mexico Que grande la Selección #VamosChileCarajo”

“Argentina no violó a Venezuela. solo le hizo el amor. Chile sí está violando a México.”

“Chile vino y violó a México en su casa OSAZO”

 

Ante esto, una de mis mejores amigas compartió la siguiente opinión en Twitter: “Ojalá algún día dejen de usar la palabra “violación” para las goleadas. Porque eso posiciona al violador como un ganador. No sean hueones.”

Al instante llegaron comentarios de algunos que decían que si bien se usaba el concepto violación no era lo mismo, se hablaba desde otra perspectiva, otra vereda, otra connotación, otra significación.

Sin embargo las justificaciones sólo atizaron la discusión y el cuestionamiento sobre el uso de este concepto que significa concretamente “Tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento”. Mi pregunta va ¿en qué momento transformamos el fútbol en esto? ¿Qué realidades estamos creando? Sé que muchos dirán “ay pero qué grave, si es fútbol no más, es un juego”. Precisamente por eso, porque el fútbol es un juego que como tal se empieza a jugar en la infancia, reforzando la socialización, el trabajo en equipo, además de desarrollar habilidades corporales, entre otras muchas virtudes. Entonces ¿qué pensará un niño cuando escucha “Chile se violó a México” para celebrar la victoria? En primera instancia ponemos, tal como dice la twittera, a la violación, o en este caso al violador como un ganador, dándole una valorización distinta a la que la palabra carga que es una connotación negativa hacia el otro que lo padece, enseñamos que “hay que meterla a como de lugar”, cambiamos el imaginario con un sencillo acto de intento de humillar a nuestro rival.

Para explicar mi punto, recurriré a un texto publicado en Masculinidades múltiples. El mundo del tango y del fútbol en la Argentina de Eduardo P. Archetti (antropólogo y sociólogo argentino). En él señala que “En el ritual del fútbol, el orden moral, sea tradicional o subversivo, sea permanente o transitorio, se presta a una evaluación masculina de la autonomía, la dependencia, el control, la dignidad, la autoestima y la fidelidad de los compromisos. Se trata, por lo tanto de un mundo pleno de significados explícitos e implícitos.” Dentro de estos significados implícitos está la construcción de la masculinidad que se logra por medio de la triple negación: no ser mujer, no ser homosexual, no ser niño. La idea de violación precisamente apunta en primer grado a la primera negación y en segundo lugar a la segunda negación. La idea de ser mujer posee la connotación, por desgracia clásica, de debilidad, emocional, sexualizada, el homosexual algo muy similar porque es un hombre que decide no ser hombre –es decir, penetrar mujeres–, sino penetrar hombres, y el imaginario de niño se caracteriza por la falta de autonomía, por lo que cuando un equipo le gana a otro varias veces se autoproclama “el padre” quien le enseñará al otro cómo se juega realmente.

El fútbol pone a dos equipos en condiciones iguales, el fin es ganar al otro según los goles que caigan dentro del arco, no es un secreto que el deporte popular ha sido seguido y jugado históricamente principalmente por hombres por lo que estas construcciones simbólicas de dar prueba de la masculinidad por medio de dominar el juego trascienden el espacio netamente de la cancha y se trasladan a la hinchada y a los adeptos que siguen y discuten estos temas tanto en lo público como en lo privado.

Este breve recorrido cuasi teórico tiene por objeto dar a entender el poder y los fines que tiene el uso del lenguaje en relación con algo tan sano y sencillo como puede ser un juego. Si pretendemos cambiar ciertos paradigmas o la estructura en sí que nos rige, tenemos el deber de analizar los conceptos que utilizamos inclusive para celebrar un triunfo o cualquier otra actividad.

El concepto de violación no es menor, es una práctica que pese a estar criminalizada es más cotidiana de lo que creemos, muchas personas saben de lo que hablo y creo que cuando escuchan o leen al otro decir “cachaste, lloraban como si se lo hubiesen violado” puede que sepa en profundidad que eso no sea así, porque nadie conoce el llanto después de una violación hasta que la padeces. El fin aquí no es no decir la palabra porque puede haber una víctima cerca, la invitación es a reflexionar sobre los conceptos que utilizamos, la agresividad con la que queremos posicionarnos, detenernos por un instante sobre nuestras prácticas para determinar si son positivas o no, es decir, crear nuevas realidades, donde el fútbol sea una verdadera fiesta en la que quien quiera participar sea bienvenido y no menospreciado o humillado.

La invitación está hecha.

 

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