Revista Intemperie

Parecido a la felicidad: Interpretación de las frustraciones de la historia de Chile

Por: Federico Zurita Hecht
parecido a la felicidad

 

Parecido a la felicidad, obra de Alejandro Sieveking estrenada por primera vez en 1959 bajo la dirección de Víctor Jara, tiene un nuevo montaje hoy bajo la dirección de Francisco Albornoz. La propuesta discursiva de la obra realizaría una interpretación de los procesos de conformación de la conciencia individual en un ambiente en que éstas se presentan determinadas por las imposiciones normativas de la modernidad chilena. En ese sentido, ya desde el título, la obra propone la conformación de un fracaso en la conciencia de los sujetos, pues la búsqueda de la felicidad conduce a una falsa meta.

En la construcción de significados del montaje de Albornoz, el trabajo escenográfico ocupa un lugar importante, pues deja de ser un mero fondo y se convierte en un signo, que es algo que siempre debería suceder en el teatro. La acción dramática introduce al espectador en una pequeña habitación que busca imitar la precariedad de recursos. Y sin embargo, en ese espacio reducido se está fraguando la felicidad de Olga y el Gringo, la pareja que lo habita. Resuena aún más ese intento, pues Olga está desafiando a su madre (representante de la normativa) al decidir comenzar a habitar esta felicidad.

A través de un mecanismo del diseño, el pequeño espacio donde ocurre la acción se amplía proporcionalmente a como se ampliaría la concreción de la felicidad. El mundo que habitan los personajes sigue siendo precario pero, como signo, se desborda de sus limitaciones. La madre (la normativa) parece aceptar el camino tomado por Olga, pero el rol de Víctor, el amigo del Gringo, vuelve a poner a la muchacha en posición de desafío de la normativa. La sencilla habitación que, ampliada, parecía la representación de la magnitud de la felicidad, se vuelve, por tanto, un engaño para la conciencia de Olga. De este modo, la conformación discursiva de Parecido a la felicidad encuentra coherencia en la interrelación de la palabra, la acción y la apariencia del mundo, pues el montaje se esfuerza en hacer dialogar a los múltiples sistemas significantes que participan de éste.

Pero además es relevante detenerse a pensar la importancia de remontar hoy esta obra de 1959. La perspectiva que ofrecen 57 años de distancia permite ver asuntos no visibles el año del estreno del montaje de Víctor Jara. 1959 es el año de la Revolución Cubana y el comienzo del desarrollo de lo que se ha denominado los aires de revolución en Latinoamérica. Es cierto que algunas versiones de la Historia señalarían que la concreción de este período podría fecharse, para el caso de Chile, recién en la segunda mitad de la década de 1960, pero es innegable que toda la década pudo haber sido vivida en gran parte del continente como una época de expectativas. En estos párrafos sería pertinente, aunque arriesgado (pero corramos el riesgo, que es lo que debe hacer la crítica teatral siempre), proponer que Parecido a la felicidad podría estar dando cuenta de ciertas expectativas que trascienden a la conciencia individual y hacen referencia, más bien, a la interrelación de todas esas conciencia en la sociedad.

Como consecuencia de lo anterior, la obra de Jara, en 1959, podría haber estado pavimentando una búsqueda de transformación social a la vez que instalaba la preocupación acerca de la concreción de tal búsqueda. La obra de Albornoz, en 2016, ya con el conocimiento de lo ocurrido en Chile en las últimas cinco décadas, podría estar formulando una interpretación histórica de esas formulaciones discursivas. En ese sentido, el montaje de Albornoz no es solo una realización de teatro de repertorio (asunto que, por cierto, también es necesario en nuestro teatro). Es, además, una resignificación de un texto y del trabajo de un autor que ocupa un lugar importante en la historia del teatro chileno.

 

Parecido a la felicidad

Dramaturgia: Alejandro Sieveking
Dirección: Francisco Albornoz
Asistencia de dirección: Eduardo Vásquez
Elenco: Carmina Riego, Emilio Edwards, María Jesús Marcone, Mario Avillo
Diseño: Catalina Devia
Iluminación: Andrés Poirot
Producción: Anneli Huber

Temporada: 5 de mayo al 3 julio; viernes y sábados a las 21:00 horas; domingos a las 19:30 horas.

Teatro Finis Terrae
Av. Pocuro 1935, Providencia
Teléfono: 22420 7444

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