Revista Intemperie

Crónica latinoamericana: de ornitorrincos, literatura y resistencia

Por: Paula Bonnet
operacion masacre

 

En los comienzos del verano de 1957, Ediciones Sigla lanzó a la venta en Argentina Operación Masacre, de Rodolfo Walsh. Este periodista de treinta años venía de trabajar en diversos medios gráficos como cronista y de compilar antologías de cuentos.

Por más que trágica, Operación Masacre es una de esas investigaciones tan jugosas que todos los periodistas soñamos con hacer nuestras: tras un fusilamiento llevado a cabo por la dictadura militar de turno en un basural de los suburbios de Buenos Aires, un hombre se le acercó a Walsh en un bar de la ciudad de La Plata y le contó que uno de los “muertos” todavía vivía y que podía agregar información a la historia oficial.

operacion masacre

Ese “fusilado que vive” fue el primer componente de Operación Masacre, libro que sufrió correcciones y reediciones por pedido de su autor hasta 1972. ¿Sabía Rodolfo Walsh que esta obra sería fundacional para un género periodístico cuasi literario?

Es que los latinos miramos siempre para afuera: en 1965 se publicó A sangre fría, del exquisito Truman Capote, y generalmente pensamos en ese libro cuando hablamos de Nuevo Periodismo, crónica literaria, no ficción o periodismo narrativo. Nos deslumbramos con el famoso Sinatra has a cold de Gay Talese. Le prendemos velas a nuestros santos Norman Mailer y Tom Wolfe.

La realidad es que algunos años antes, en una ciudad universitaria de Argentina, Rodolfo Walsh cocinaba lo que sería el caldo de cultivo para lo que muchos creen que es un género en sí mismo: la crónica latinoamericana.

El periodista mexicano Juan Villoro llamó a este estilo el ornitorrinco de la prosa: un espacio que se nutre del continuo roce entre géneros. Se toman herramientas de lo literario para poner a la estética al mismo nivel que a la información. Los textos son bien extensos y, según el maestro argentino Martín Caparrós, desaparece esa inútil negación de la objetividad periodística. Esto no implica que el cronista toma un rol protagónico, sino que se hace visible algo que todos los que escribimos en medios sabemos pero no queremos admitir: todos los artículos están en primera persona.

En cuanto a la temática, los cronistas latinoamericanos escriben sobre tópicos bien diversos: un tiroteo en un mall, la peculiar trayectoria de un mago manco, un perfil a Shakira o la violencia de género. El espectro es amplio, pero el conjunto forma un retrato de nuestra región bien potente: como en el cine de esta parte del mundo, hay una cierta violencia que permea los relatos y esta deja en claro la otredad que se genera tanto con el autor de la nota como con el lector.

En el libro La Argentina crónica, compilado por el periodista de dicho país Maximiliano Tomas en 2007, Caparrós establece en el prólogo que “la crónica es eso que nuestros periódicos hacen cada vez menos”.

Difícil llevarle la contra a un maestro, pero el campo de juego de los medios no es el mismo que era hace nueve años. Hoy leemos textos en el celular colgados de los caños del metro, en el trabajo Facebook nos muestra artículos que cree que nos interesan, en Twitter nuestros referentes recomiendan notas de todo tipo y además nos llegan newsletters con resúmenes semanales o diarios de lo que publican nuestros portales predilectos.

En esta jungla de información, la crónica latinoamericana sigue en ese famoso auge que acusa hace ya más de diez años. La diferencia está en el medio.

Claro, con la situación económica que viven las publicaciones de toda la región (cualquier periodista que busque trabajo lo tiene claro), pagarle a un cronista para que pase cuantos meses quiera en una nota que luego va a ocupar varias carillas de la revista dominical y que además no tratará un tema de la famosa agenda mediática, hoy resulta difícil de imaginar.

Sin embargo, con la web se socializa la información y se abre el espacio para que cronistas jóvenes que quizás no tienen lugar en medios tradicionales y establecidos puedan publicar sus artículos (Medium es una plataforma ideal para esto).

Por otro lado, adquirir revistas trascendentales del género en el Cono Sur como la mexicana Gatopardo, la colombiana El Malpensante o la peruana Etiqueta Negra ya no representa una odisea, sino que está a un click de distancia. Los suertudos con Kindle pueden bajarse ciertas ediciones de la argentina (y lamentablemente ya difunta) Orsai gratis desde Amazon.

Si las escuelas de periodismo hace una década se llenaban de inocentes jovencitos deseando emular la faceta periodística del gran autor colombiano Gabriel García Márquez o soñando con escribir crónicas sinceras y bellas como las de la argentina Leila Guerriero, ahora esos números deben duplicarse.

Además de todo esto, hoy las librerías se llenan de antologías, recopilaciones y reediciones del género, y la web ofrece decenas de cursos online de crónicas. Los centros de formación creativa de las capitales latinoamericanas alojan a periodistas que quieren transmitir sus conocimientos a interesados y así es como estos cuentos que son verdad, como les decía Gabo, toman más notoriedad.

Es importante dedicarle un párrafo aparte a la labor de García Márquez y su Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano. Fundada en 1994 en la mágica Cartagena de Indias, esta organización se encarga de realizar charlas, talleres, otorgar premios, dar apoyo financiero y promover la crónica latinoamericana en la región. Entre su largo listado de prestigiosos docentes se encuentra la mexicana Alma Guillermoprieto, la chilena y directora de CIPER Mónica González y el chileno radicado en Argentina Cristian Alarcón, entre muchísimos otros talentos latinos.

Publicaciones fundamentales hay varias. Como una ironía de la historia, las editoriales españolas también le encontraron el gustito a la crónica latinoamericana. Anagrama con su colección Crónicas y Alfaguara con Antología de crónica latinoamericana actual, entre otras obras, demuestran del otro lado del Atlántico saben apreciar lo que estas tierras ofrecen.

Además de las revistas ya mencionadas, en la web se destaca también Anfibia, una propuesta trasandina que se creó en la Universidad Nacional de San Martín, por lo cual busca también incorporar un componente académico muy interesante.

Aunque en Chile es difícil encontrar un medio donde la crónica latinoamericana sea la estrella, The Clinic, Sábado, POTQ, Noesnalaferia, Intemperie e incluso la Paula publican entre sus páginas tanto virtuales como físicas artículos que cumplen con las características nombradas al principio de esta nota.

Las notas del periodista local Francisco Mouat son claros ejemplos de esta literatura de no ficción (las definiciones por negación parecen siempre incompletas, este caso no es la excepción). Su relato ¡No dispares! toma elementos narrativos bien ajenos al periodismo (“¿Segunda persona del singular en un artículo policial? ¡Por Dios!”, dirían los puristas del oficio) para resultar en una verdadera obra ejemplar de la crónica latinoamericana. Es memorable, emocionante y bien informativa.

Literatura bajo presión, sudaca y anacrónica, género híbrido, un mito… Se dice y se dijo mucho de la crónica latinoamericana. Aunque los diarios ya no le den tanto espacio y confirmen los temores de Caparrós, la realidad es que en la web esta ramificación del periodismo de límites categóricos borrosos encontró una cuna y una comunidad de lectores que todavía la eligen. Qué viva esta resistencia.

 

Foto:

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.