Revista Intemperie

Un minuto feliz: el regreso a casa de una mujer violentada

Por: Federico Zurita Hecht
un minuto feliz

 

La directora teatral Aliocha de la Sotta, quien ha estado a cargo de destacados montajes como La mala clase, Leftraru e Hilda Peña, entre otros, regresa a la cartelera local con la obra Un minuto feliz, realizada a partir de un texto del dramaturgo argentino Santiago Loza. En esta obra, cuya acción transcurre en un café con piernas a la usanza de los más antiguos (aquellos en que las meseras usan vestidos ajustados y no los otros en que usan bikinis y, desde la calle, el interior del local permanece oculto tras vidrios oscuros), encontramos una larga pasarela cruzando el escenario, sobre la cual tres mujeres construyen simbólicamente la necesidad de encontrar un tiempo y un espacio que sirva de resguardo ante la violencia de género.

Las tres trabajadoras, interpretadas por las actrices Coca Guazzini, Paula Zúñiga y Caro Quito, cubren una amplitud etaria que nos permite comprender que más que tres individuas, estas meseras representan al género femenino en su conjunto. Este asunto permite comprender, además, que el conflicto presentado por la obra es histórico, pues ha encontrado una realización transversal en el tiempo. Un segundo asunto que permite sostener la idea de que las tres mujeres constituyen a una sola (a todas), es el borroneo, a ratos, de los límites del relato de cada una de ellas, permitiendo que formulen una voz general. El tercer elemento que da forma a esta intención simbólica, se sostiene en la iluminación, que contribuye a que las siluetas de las mujeres, proyectadas en los muros del café, se mezclen en una sola. Y como cuarto elemento puede destacarse el hecho de que la acción transcurra en un café con piernas, lugar que estas mujeres habitarían para ser contempladas (una de ellas explica que los cafés estaban perdiendo público hasta que a uno de sus dueños se le ocurrió poner a atender el local a mujeres con vestidos ajustados), asunto que, desbordando los límites del café, ha sido naturalizado por las relaciones de género al interior de la masculina estructura de poder de nuestra sociedad. Lo anterior permite que se comience a desplegar la estrategia discursiva de Un minuto feliz.

A esta estrategia se suma la contraposición de algunas de las diversas potencialidades semánticas de la frase “un minuto feliz”, en función de permitir que, constituida la imagen de lo femenino como protagonista de la acción a través de la figura triple de las meseras, se haga visible la violencia de género y la necesidad de regresar a un espacio y tiempo seguro. Esta contraposición semántica conduce la acción hacia el clímax sorprendiendo al espectador, pues, anulada la exposición de la mujer arriba de la pasarela, la estrategia de la obra despliega formas de violencia extremas que también se presentan como naturalizadas por nuestro marco cultural. Frente a esto, el café (vacío de clientes, hoy, porque estos han sido atraídos por esos otros cafés con pierna de ventanas oscurecidas para esconder lo que ocurre en su interior) se ha convertido en un espacio seguro, en una especie de casa que protege a la mujer de la violencia de la calle.

Con todo lo anterior, Un minuto feliz formularía juicios que permiten defender la necesidad del género femenino de regresar a un espacio acogedor tras haber experimentado una violencia histórica en el mundo que ha habitado.

 

Un minuto feliz

Dramaturgia: Santiago Loza
Dirección: Aliocha de la Sotta
Elenco: Coca Guazzini, Paula Zúñiga y Caro Quito
Diseño de iluminación y escenografía: Rocío Hernández
Diseño sonoro: Fernando Milagros

GAM
Sala N1. Edificio B, piso 2
Av. Libertador Bernardo O’Higgins 227, Santiago (metro UC)

6 Mayo al 4 Jun, 2016
Mi a Sá – 21 h

 

Foto: latercera.com

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