Revista Intemperie

Prince: El lado B del divo

Por: Arlette Cifuentes
prince

 

Cuando escuchamos el nombre de Prince pensamos de inmediato en sonidos R&B y funky mezclándose, mientras tragos van y vienen en una alocada noche que probablemente culminará en un encuentro pasional. El artista que se unió a la oleada de fallecimientos que llevamos en este 2016, era un divo encarnado que disfrutaba de los placeres dionisíacos de la vida y que intentaba trasladar aquello en su música. Sin embargo, lo que muchos ignoran de él, fue su rebeldía contra la industria musical y su intuición visionaria.

Prince, aún siendo un adolescente firma con Warner Bros, con quien lanza los éxitos que lo hicieron mundialmente famoso. Pese a esto, el contrato promisorio se torna en un punto represivo para con el artista que sólo quería mostrar sus creaciones al mundo durante los años noventa. Pero la disquera lo detenía con el argumento de no saturar el mercado musical con canciones de Prince. Frente a esto Prince inició una lucha contra Warner, cambiándose el nombre por un símbolo complejo de pronunciar que incluía la mezcla de todos los simbolismos de la comunidad LGTB, por lo que era llamado “el símbolo del amor”, realizando así no sólo una forma de lucha personal, sino que una inclusión a una manera libre de vivir y pensar.

Es así, que una vez terminado el contrato con Warner, retoma su nombre y comienza la difusión libre de su música por internet, siendo uno de los artistas pioneros en usar esta plataforma. Pese a esto hoy en día sabemos que Prince no está en internet lo que ha provocado una serie de críticas. Lo que no se explica es que el excéntrico artista se bajó de internet para evadir o evitar repetir una historia que vivió con la atadura de su primer contrato: Que la industria musical se apropie de sus creaciones y se llenen los bolsillos con su trabajo. Es por esto que no podemos encontrarlo ni en Spotify, Youtube o, incluso I-Tunes, prefiriendo mostrar su música a través de medios autogestionados como el sitio del rapero Jay-Z. Frente a esto, el renovado Prince creó su sello independiente y realizaba un llamado a los artistas emergentes a no firmar con los magnates de la música, argumentando la esclavitud que formaban los contratos.

Prince al fin y al cabo, sólo luchó por la no apropiación de sus canciones, de su trabajo, de su esfuerzo, en un mercado en que sólo las grandes disqueras parecieran dar la posibilidad de ser realmente escuchados, rebelarse ante Warner tenía sus consecuencias dentro de la logística del ser conocido, pero sopesar ¿qué es más importante: la fama o trabajar en paz? Es cuando ganó la tranquilidad. Él fue un músico multifacético y compositor nato, por lo que los medios siempre existirían, sobre todo después de haber formado una trayectoria. El mensaje es sencillo: No dejarse atropellar ni amedrentar por quienes parecieran ser los dueños de la industria cultural. Como ícono pop, Prince descubrió en sí la responsabilidad y la posibilidad que tenía de comunicar y de expresar un orden que sabemos no es el correcto, dejándonos de legado no sólo ritmos pegajosos, sino también una forma de burlar y enfrentar el sistema.

 

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