Revista Intemperie

La Victoria: la dictadura y su delimitación violenta del margen

Por: Federico Zurita Hecht
la victoria

 

En octubre de 2014 la compañía Teatro Síntoma presentó en el Teatro del Puente la obra La Victoria. En esa ocasión escribí una crítica en la que, a grandes rasgos, señalé que esta obra participaba de la tendencia del teatro chileno actual de repensar, desde las posibilidades que permite la ficción, las relaciones de poder de la historia reciente de Chile. Agregaba que, pese a que estas obras se acumulaban en la cartelera teatral nacional como parte de una necesidad discursiva de una sociedad que hasta ahora ha evitado pensarse en profundidad, La Victoria presentaba problemas de coherencia en la formulación de lo teatral, generados por dos razones. Primero, la falta de desarrollo de las historias de los nueve personajes que participaban de la acción. Segundo, la falta de unidad en la acción, resultante del problema anterior.

Un año y medio después, Teatro Síntoma presenta en la Universidad Mayor una versión renovada de la obra. En ésta resuelve todos los problemas anteriores y, como consecuencia, formula con eficiencia discursos que, con la forma de denuncia, interpretan el ejercicio del poder de la dictadura militar en la década de 1980.

La acción transcurre en una habitación de madera al interior de una iglesia en una población de la ciudad de Santiago, donde se prepara la olla común para repartir alimentos en la comunidad. El ambiente es precario, pero el desorden no es causado por la pobreza de la población sino por la acción de los carabineros. Apenas comenzada la acción, las mujeres (cuando se complete el grupo serán seis) recogen del suelo los alimentos desparramados por la policía, asunto que metaforiza las condiciones permanentes de vida de las pobladoras que, a su vez, se articulan como metonimias de los sectores marginados de la sociedad chilena en dictadura.

A través de la formulación de juicios, La Victoria busca interpretar las circunstancias en que la dictadura produce la marginalidad a nivel nacional. Se trata, aquí, de una marginalidad económica. Para estos pobladores no hay trabajo, no hay dinero y, por tanto, la olla común es la solución a la incapacidad de cada familia de proveerse de alimento. “Así como los hombres están dispuestos a tomar la pala, el serrucho y el martillo, las armas, nosotras tomamos los cuchillos, las cucharas y las ollas pa trabajar, no me voy ni aunque vengan de nuevo los cara pintás”, dice Brígida. Pero además es una marginalidad política que se complementa con la económica. “¿Terroristas, por hacer comía?: terroristas son ellos que lanzan cuerpos con balas en las cabezas a los canales pa meternos mieo”, dice también Brígida.

Al interior de la población, además, tal como ocurre a nivel nacional, la dictadura ha desplegado una nueva estructura de poder que reorganiza la marginalidad. Pese a que a nivel nacional todos los pobladores son marginales, en la estructura poblacional no todos lo son, pues la dictadura ofrece pequeñas cuotas de poder. “Antes muerta que pedirle a esas viejas desclasás, lame botas. Estoy acá para ayudar, pa no quedarme de brazos cruzaos viendo las injusticias que se cometen acá; en nuestra población, lo hago por mi familia, por nuestros hijos”, dice Yolanda. El siguiente diálogo contribuye al desarrollo de esta misma idea:

Nora: ¿Por qué se demoraron tanto?

Brígida: Fuimos pa la feria.

Lidia: Pero estaba todo cerrao por la marcha.

Brígida: Menos el puesto del viejo facho ese, y tuvimos que tragarnos el orgullo y ponernos a la fila igual con toas las viejas culiás del CEMA, y estaba la maraca de la Conejo, mostrándole la raja al viejo culiao.

Pero lo anterior, además, participa del robustecimiento discursivo de la propuesta de Teatro Síntoma, al aludir a su obra anterior, Bello futuro, de 2013. La Conejo es, en esa otra obra, la pobladora a cargo del taller de costura de CEMA-Chile. Es la representante de la dictadura en la población. Este intertexto, por tanto, permite concluir que Bello futuro y La Victoria participan de la conformación del mismo universo ficticio y que producen, fuera de la ficción, interpretaciones de la realidad histórica chilena que se complementan.

Con el entramado de todo lo anterior, la representación de la historia de Chile que realiza La Victoria alcanza a mostrar los efectos que la dictadura produjo en la conciencia de los marginados que esta misma construyó. El producto teatral resultante es altamente emotivo. Sin embargo, tal emotividad no es un fin (pues si lo fuera, el potencial discursivo de la obra se desvanecería), sino una herramienta para recordarle al espectador que aquello que se presenta como una representación hecha en una sala de teatro en un país en democracia, tiene un referente en una realidad temporal no muy lejana.

 

La Victoria

Dirección: Teatro Síntoma.
Dramaturgia: Gerardo Oettinger.
Elenco: Catalina Cornejo, Lucía Díaz, Lea Lizama, Daniela Pino, Catalina Torres, Ana Burgos y Andrea Ahumada.
Diseño integral: Josefina Cifuentes y Natalia Morales.
Composición musical: Cristián Mancilla y Giancarlo Valdevenito.
Diseño Gráfico: Eric Baeza/ Serigrafía Instantánea.
Producción: Francisca Ruiz/ De La Hormiga Producciones.

Escuela de Teatro Universidad Mayor
Santo Domingo 711, Santiago.
Desde el 22 de abril al 8 de mayo, viernes, sábado y domingo, 19:30 horas.

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