Revista Intemperie

Resistencia y delirio en la narrativa de Rafael Chaparro

Por: Francisco Schilling
rafael chaparro

 

Leer a Chaparro es como leer drogado, o como escuchar una canción psicodélica obsesivo compulsiva, siempre triste, siempre rota y jodida. O mejor: como tener la certeza de estar leyendo algo escrito desde los nervios, desde el estómago, donde la escritura busca constituir intensidades en torno a narraciones brutalmente cotidianas. Todo ello a propósito de la reciente reedición de Opio en las nubes, la única novela que publicó en vida, y que forma parte imprescindible de la narrativa marginal latinoamericana.

Chaparro muere a los treinta y un años de lupus, en 1995. Es poco lo que se sabe de su vida, lo que permite inventar cualquier cosa. Como todo autor de culto, está rodeado de una serie de relatos míticos sobre su relación con las drogas, el sexo y una vida potencialmente autodestructiva. Por supuesto, todo ello no debiera importar en lo absoluto. Más aún, antes que sugerir una relación biográfica dura, su narrativa se decanta por una concepción particular del fenómeno literario, y cómo esa noción penetra hasta en las actividades más intimas de la experiencia.

Opio en las nubes podría leerse como un concentrado de dichas experiencias, aunque tampoco podría asegurarse que de eso se trata la novela. Quizás lo más honesto sería decir que no se trata de nada, pero que tiene ciertas líneas de articulación, más como estratos geológicos que como ejes narrativos: la resistencia de los muertos a desaparecer, la tristeza infinita de la cotidianidad, la belleza de las cosas mínimas, insignificantes. Con todo, siempre es posible leer una historia. Vila-Matas, en el prologo a Mis dos mundos, de Sergio Chejfec, sugiere que incluso es inevitable: «…y lo hago preguntándome si tienen forzosamente las novelas que narrar una historia. La respuesta es más que sencilla: pretendan contarla o no, siempre la cuentan. Porque no hay un solo lector inteligente que, por mucho que le den a leer algo raro e incluso la novela más hermética del mundo, no sepa leer una historia detrás del impenetrable texto que hayan podido darle».

opio en las nubes

Es precisamente esta rareza porque el hermetismo de Opio en las nubes es proporcional a la neurosis del lector la que configura el paisaje del libro: por mucho que todo esté jodido desde siempre, los habitantes de la Bogotá marginal y a ratos insufrible que describe Chaparro no soportan la idea de desaparecer, y se aferran a pequeños detalles que los separan del olvido. Y todo desde una calma extraña, rara, donde el espectáculo del apocalipsis no deviene sólo en desamparo y la clásica certeza de no futuro, sino que establece un diálogo con la potencias poéticas de las ruinas del mundo.

Quizás la única certeza sobre Opio en las nubes es su particularidad. No necesariamente porque no se parezca a nada, sino porque el riesgo de su construcción la transporta inevitablemente hacia los límites de la narrativa. El lenguaje, por ejemplo, tiende a desbordarse en torno a repeticiones de palabras y frases yuxtapuestas cuyo ordenamiento obedece a una lógica delirante, esto es, que escapa de los caminos trillados del sentido. Por supuesto, dicha fuga no representa sólo un movimiento estético, sino que funciona como una política de escritura, como un acto de resistencia: la novela está construida como una máquina de guerra delirante.

Otra particularidad ineludible de la novela está dada por sus personajes. Las singularidades que representan, y la cotidianidad con que experimentan el margen, tienden a volver cercanas experiencias que, fuera del libro, espantarían a cualquiera. Cuando Marciana, por ejemplo, escribe poemas con labial en los espejos de los baños mientras folla con el tipo de turno, pareciera estar sugiriendo la condición misma de la práctica literaria. Toda la brutalidad de la escena se transforma en un cuadro de una belleza espeluznante, nuevamente, rara, donde el devenir de la locura adquiere una curiosa proximidad con las prácticas habituales de las sociedades contemporáneas.

No bien todo lo anterior, hay que considerar que el desamparo en Opio en las nubes no apela a una condición mortificante o trágica. La sencillez con que sus personajes habitan la ciudad se decanta más bien hacia la celebración de los detalles que les impiden abandonar el mundo. Tal como sugiere el título de uno los artículos de Chaparro, la novela revela una naturaleza marginal «un poco triste, pero más feliz que los demás».

 

Foto: revistaenie.clarin.com

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.