Revista Intemperie

Bruno Lloret: “Hay ansiedad con publicar joven, pero también con la idea de ser joven”

Por: Romina Reyes
Foto Bruno Lloret

 

Ha vivido en el norte y en el sur. Estudió en un colegio de monjas, de esos que echan a las niñas embarazadas. Cantaba poemas de Santa Teresa y presenció peleas donde las niñas se sacaban en cara que las familias trabajaban en la feria. Volvió a Santiago a los 13 para estudiar. Vivió con sus abuelos. De su errancia concluye que las ciudades chilenas tienen la misma lógica de desarrollo y pobreza. Estudió Literatura en la Universidad de Chile y ahora cursa un magíster en el mismo lugar. Tiene 26 años y a los 25 debutó con Nancy, novela que define como un registro experimental donde una voz se construye a sí misma. Una Nancy que es descentralizada, marginal, religiosa y sacrílega al mismo tiempo. Un texto interrumpido por cruces o equis que agregan a los debuts literarios la línea de lo experimental.

“El asunto del espaciado y tiempo entre las frases está para aprovechar la verticalidad del texto. La novela fue escrita en computador, donde se va bajando, y se ve como un dibujo”, dice Lloret.

¿Qué aporta eso a la escritura?

Ayuda o marca ritmos y pausas a un nivel de la voz. La idea de las cruces juega con la cartografía y con espacios de significación internos de la novela. Tiene que ver con el mapa, el territorio que genera la novela. Depende del ojo.

¿Hay una tradición de esta literatura en Chile?

Los caligramas de Huidobro, y esta caída de Altazor, lo que es loco porque en esa época no había computadores. El rollo que se pasó este poeta es increíble. Juan Emar tiene algo interesante de cómo se trata de dar cuenta de una ciudad en una novela que ni he leído, vi un mapa que me interesó, creo que Umbral es, y hacen un mapa de una ciudad inventada. Hay una inspiración de cómo desde el soporte gráfico podemos ir construyendo la realidad.

¿Te interesa seguir indagando en ese registro?

La volá está abierta. Abordo la literatura desde proyectos. Ahora estoy escribiendo algo que tiene que ver con una guerra y ocupo algunos elementos gráficos como mapas. Es una forma de alivianar una narración de la derrota, utilizando lenguaje no visual. Puedo concentrarme en otras cosas y no escribir parrafadas sobre una batalla, por ejemplo.

¿Te parece una literatura acorde a estos tiempos? Digo, cuesta leer, y esto reemplaza la palabra con signos que pueden aligerar la lectura. También se puede relacionar con el lenguaje de Internet, donde la lectura es múltiple.

Sí, claramente. Una buena edición de Nancy sería totalmente digital, un blog por ejemplo. Jack Kerouac escribió en tres días hiper duro una novela en un rollo de papel. Eso está bonito y se podría replicar, pero no pa’ dar cuenta de lo rápido de la escritura, sino del formato. Un rollo de papel podría pensar lo digital. Lanzar un libro como objeto es emocionante porque es casi una hueá nostálgica.

¿Estos formatos son ideales para estas historias marginales?

No se podría decir que Nancy tiene un registro que remite a una realidad social, pero sí se nutre de espacios, de momentos, de etapas de la vida que podrían dar cuenta de espacios marginales de la realidad. En Nancy se ve la juventud, el compartir con gente, vivir en un lugar marginal… Ahora, no sé si hay un formato particular en Nancy, pero sí hay gestos similares, tiene que ver con ensuciar el texto en lo visual. Por ese lado la equis podría ser un silencio sucio.

 

Realidad y ficción

 

Llama la atención la publicación de tu novela en un año marcado por la autoficción. ¿Qué te parece a ti ese género?

Varía. Hay un boom de editoriales nuevas que tienen trabajos súper bonitos, obvio que hay más ansiedad en publicar, y más joven. Y una de las primeras cosas que uno encuentra interesante es su propia vida. El tema ahí es ver que tan buen ojo y autocrítico eres y qué tan ansioso. Llevo hartos años escribiendo y hay un montón de proyectos que están ahí porque no pienso en la gallina de los huevos de oro cada vez que escribo, ni siquiera a un nivel monetario. Depende del libro y la estrategia del autor para visibilizar el mismo texto. Yo dejo que funcione solo, o que no tenga nada que ver con mis años dorados de la adolescencia escuchando la banda que sea. Está bien, pero no es interesante para mí.

¿Es un desafío mayor hacerse de un discurso que no es propio? Un personaje femenino, marginal…

Creo en el sano juicio de los lectores. Si un texto te gusta o no, tampoco es pa’ increpar a alguien. En toda ficción hay trazos de realidad. Es como a Francisco Ide cuando le criticaron que se notaba que él no jugaba basketball (por su poemario Poemas para Michael Jordan). En ese sentido puede ser llamativo, el hecho de que un hombre se arriesgue con voz de mujer, pero el texto tiene mucho trabajo y cariño y espero y esperábamos que se sostuviera solo. Es como tirar un anzuelo.

¿Qué tanto de la realidad del libro es tu realidad? La errancia, por ejemplo, o la desterritorialización.

He vivido fuera de Santiago varios años. Mi mamá es ingeniero agrónomo, trabajaba pal gobierno desarrollando proyectos para pequeños agricultores. Viví en el sur, en Talca, viví en el norte, en Illapel. Entre los cuatro y los trece. Algo hay de eso. Algo de errancia pero también de los lugares que no son tan distintos, esa es la cosa. La forma en que se han ido construyendo las ciudades fuera de Santiago. Están las tres calles, los curaos se juntan en el mismo lado, las poblaciones se construyen generalmente en los cerros. Eso no varía mucho.

 

Concursos

 

¿De dónde viene tu acercamiento a la escritura?

Empecé a escribir como a los 18, por ahí, salido del colegio. Caché que si te ponis metas de concursos es re fácil, te obligai a productivizar. Participé en el (Premio Roberto) Bolaño como seis años seguidos, o todos los años que pude, y todos los años con cosas nuevas. Era una buena manera de ir midiendo cómo me va con los textos. Es un ciclo bien potente, traté de hacer que mi verano fuera tiempo pa escribir. Cada año es distinto y raro. Como mi mamá vive en Barcelona a veces la voy a ver. Pero si no, es sentarme frente al computador en calzoncillos con ventilador y escribir.

¿Qué importancia le asignas a los premios literarios?

Es un buen lugar para conocer a gente interesante, fue así para mí, entre ellos a Francisco Ovando. Me parece que los concursos literarios de un país dan cuenta de cómo se concibe la idea de la escritura. Están estos premios de un primer lugar con mucha plata y muchas menciones honrosas. Da cuenta de la fantasía que pena a los escritores, de este éxito ascendente. Yo creo que, por ejemplo, más que concursos deberían haber más fondos.

¿Te parece conflictivo el que la escritura no genere plata? ¿Los fondos serían una solución?

En general trato de estructurar mis recursos, para no esperar el fondo y sino comer fideos el resto del año. Hay topes. Un premio financiado por una caja de militares retirados, no. Los fondos gubernamentales son parte de las cosas que tiro porque ayudan mucho, pero lo único que hacen es comprar tiempo. En la literatura se trabaja mucho el negreo. El único aspecto de la literatura que está decentemente remunerado es la gráfica. Obvio, y está bien, a los diseñadores les pagan, pero editar, escribir parece que debería ser gratuito, como cargar una cruz. Se seca mucho la idea de lo que debería ser la escritura. La escritura se plasma en obras. Entonces eso tiene que funcionar, el resto es una paja mental.

¿Te produce un conflicto el mercantilizarte a ti y a la obra?

Hay un mínimo que tiene que hacerse. Lo respeto, es un circuito. Lo otro es la suma de prácticas particulares del hecho de exhibirse. Si salgo en un cóctel con Juanito Yarur hablaríamos de otra forma de promover al escritor y la obra. Hay límites. Hago cosas que en general me provoquen placer. Los lanzamientos son importantes pa mover la novela. Si resulta y hay apañe de la masa, son momentos bonitos y emocionantes.

Es bonito sentirse apañado por tus amigos y celebrar el fin de un proceso.

¿La escritura es trabajo o arte?

Es una parte del proceso. Se acerca más a un oficio que a un arte. Es una gran discusión cuál sería una diferencia. Digamos que es un oficio, es una práctica, y también te lleva a relacionarte con muchas personas, sobre todo en el acto de publicar. En momentos tiene mucha soledad, pero también hay un momento de respiración donde otros ojos participan. Y cuando no escribes haces otras cosas, conversas, caminas, lees, son cosas que nutren la configuración de la obra. Hasta que la obra no está impresa pa mí, no se puede hablar de una obra. Eso es super importante y se olvida. La hueá también se trata de producir algo.

 

Zona de Promesas

 

En el panorama literario actual hay mucho escritor joven, parece haber una ansiedad por publicar. ¿Qué te parece?

Me agrada el boom, pero vamos por parte. La idea de editorial independiente está súper manoseada. Si te presentai al Fondo del Libro con una editorial independiente que ha publicado 35 volúmenes, de los cuales 32 han sido autofinanciados, ahí hay un problema. Algo no está claro y me parecería bueno que se vaya clarificando. Porque la idea de editorial independiente está muy mezclada con idea de escritor joven. Ahora todas las editoriales y los escritores están pendientes de ellos y de si mutuamente se ganaron Fondart. Porque ahí está subvencionado el acto de publicar.

Por otro lado, el tema de decir qué autor es promesa o no, es una pega y obedece al registro de la crítica. Está bien que exista la crítica, independiente de cuál sea. Pero la idea de que haya muchas promesas no me pone nervioso y no me parece que sea una situación de competencia porque al final tiene que ver con textos particulares. Con los años puede que ciertos autores publiquen textos que sean aciertos para el momento y que sean bien recibidos, y quizá nada. Lo otro es el tiempo, los sesenta años que vienen de hoy hasta la muerte. Es algo insano en lo que quedarse pegado.

Quizá el mismo Premio Bolaño puso la presión, con ese límite de lo joven hasta los 25 años.

Es una cosa muy simbólica. Si estai ansioso por publicar antes, no solo es por el renombre, sino por el movimiento que genera la primera publicación. Hay un escritor que me gusta caleta, un japonés, Kenzaburo Oe, que publicó una novela increíble a los 24 años, La presa. Tiempo después escribió novelas super buenas y en retrospectiva le dio pena y risa haber publicado esa novela tan joven porque si la hubiera trabajado más, la novela hubiera sido mucho mejor. Tiene que ver con una idea o criterio de cuándo un libro está bien para ser publicado. Pero esas ansiedades son nocivas para la psiquis de un montón de personas jóvenes. Se extrapola a otras cosas. La presión por la PSU, la presión por estudiar una hueá lo antes posible, la idea de la universidad como el lugar de la movilización social que lo dicen los profes en cursos de inauguración y en titulaciones, es el mismo rollo. Sí creo que hay ansiedad con publicar joven, pero también con la idea de ser joven.

¿Te sientes parte de una generación de escritores jóvenes?

No le he dado mucho a infinitos textos chilenos, tengo tres tipos de relaciones. Textos que he leído solamente, como En el regazo de Belcebú de Cristian Geisse (Ediciones Perro de puerto). Es de esos libros que uno lee y le salta el corazón. Tiene un ímpetu que entusiasma mucho. Luego están los escritores que he conocido por amigos o concursos y luego he leído. Y después gente que escribe y no ha publicado y son maestros anónimos. Más allá de eso no podría ver una generación. Hay varias generaciones solapadas. Por la misma idea de la juventud y la modernidad y que el hoy es lo más importante, hay una confusión sobre qué es lo joven. Son puros tics de un vacío de sentar precedente en Chile. Y que está hace tiempo.

¿Te parece prometedor este momento de la literatura chilena?

Lo que me gustaría que sucediera primero es que Chile deje de ser Chile y dialogue con otros países. Chile pareciera ser el lugar del aislamiento total. Pero está la ansiedad y el afán de ganar dinero. No me gustaría que se cayera en un facilismo que tiene que ver con una movida editorial de hacer paquetes de escritores, como un nuevo boom. Hay un grupo de lectores ávidos en España que están chatos de Vargas Llosa o García Márquez, y ha pasado un tiempo suficiente como para volver a encantarse con un nuevo grupo de escritores latinoamericanos. Vi una nota en El País sobre esa hueá y mencionaba a 15 escritores chilenos y todos eran distintos, gente que había publicado no más de tres libros y ya se estaba promocionando como si fuera un pack de fiestas patrias. Eso me parece profundamente peligroso, incluso si abre espacios de difusión de las editoriales, porque se está pre construyendo una maqueta de una cosa que no es tan clara, que tiene muchos tintes medios. Me gustaría que se diera ese énfasis sin perder la diferencia que hay entre cada obra, si eso es lo interesante en el fondo. Las categorías son peligrosas y aportan más al mercado editorial transnacional que al éxito o felicidad de una serie de escritores jóvenes.

 

Foto: León Guiskin

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