Revista Intemperie

Al final a todos nos gusta cantar en inglés

Por: Arlette Cifuentes
rolling stones

 

El otro día rondaba un meme en el que Fidel Castro yacía en su cama enfermo y le preguntaba a su hermano Raúl ¿Cómo van las cosas? Y Raúl lo miraba con una Coca-cola oculta en su espalda.

Quinientas mil personas reunió el primer mega concierto en Cuba con nada más y nada menos que The Rolling Stones, cuyas voces anglosajones -iconos del imperialismo- habían logrado llegar a más de una casa en La Habana, gracias a la comercialización del mercado negro. Los cubanos se sabían las letras y bailaron como Mick Jagger. Entre los comentarios de los medios se habló de saldar una deuda, un noticiario nacional al final de su nota señaló “A Cuba le faltaba vivir una revolución, la revolución del rock”, en una parte del concierto Jagger dijo en español “Sabemos que años atrás era difícil escuchar nuestra música, pero hoy estamos aquí tocando para ustedes en su linda tierra. Pienso que los tiempos están cambiando. Es verdad ¿no?”, todo esto una semana después de la reunión entre Raúl Castro y Obama.

La escena evocó en la memoria aquella imagen del primer Mc Donalds en la URRSS en las que los rusos hicieron filas por largas calles para probar la anhelada hamburguesa con papas fritas y tomar gaseosa importada, o las oleadas de escape del lado oriental al occidental para poder probar lo que era la libertad.

Pero ¿qué estamos entendiendo como libertad? El afán acá no es salvaguardar sistemas que han sido represivos en cuanto a derechos fundamentales como la libertad de expresión, pero resulta sino increíble, visualizar como el sistema de la entretención 24/7 ha sabido llegar al inconsciente colectivo de los habitantes del mundo. La necesidad de elegir o de generar la ilusión de que lo estás haciendo será más fuerte, porque ¿quién quiere vivir en un mundo de privaciones? Y eso el capitalismo lo sabe muy bien, todo su sistema de mercadotecnia ha tenido como estandarte el concepto de libertad, un concepto que filosóficamente no ha sido sencillo de definir a lo largo de la historia, pero que éste supo reducir al sencillo hecho de poder escuchar música inglés por la tarde mientras compras en un centro comercial alguna prenda en oferta porque necesitas renovar tu clóset. La novedad es diaria, por no decir instantánea y el ser humano es curioso y movido por el deseo; bien lo expresó Freud en Malestar en la cultura, donde dilucidó la angustia que le genera el individuo estar privado de satisfacer su libido, más aún si la prohibición es tácita. La prohibición finalmente genera mayor distancia al deseo, lo cual en vez de apaciguarlo lo intensifica a un punto que puede llegar a la neurosis.

¿Podemos apuntar con el dedo a la apertura de Cuba y al restablecimiento de relaciones con Estados Unidos? Seamos honestos, realmente no. Sí nos puede sorprender en demasía porque Cuba de cierta manera era símbolo de la resistencia anti-imperialista y anti-capitalista, era como la vía alternativa de sistema sociopolítico que no dependía a simple vista de lo que ocurría con Estados Unidos y sus secuaces (entre ellos, nosotros). Pero la bandera tricolor con más estrellitas que la nuestra lo volvió a hacer y con ella como un acto simbólico iconos del rock inglés realizan un mega concierto gratuito frente a quinientas mil personas aproximadamente. Tal vez este sólo sea el comienzo de una apertura al mercado mundial con todas sus letras y pronto la oleada de ofertas de mercado y de industria cultural se asentará en Cuba un buen tiempo, viendo la posibilidad de la novedad vende muy bien y que hay unos deseos de consumo que no han sido apaciguados y para que estamos con cosas, nunca se apaciguan. Al final todos aprendemos a hablar inglés o a usar sus términos, porque en el fondo de nuestro ser sabemos que la estructura, pese a sus atisbos momentáneos de agonía, aún tiene para rato. Pronto los cubanos dirán “vamos al mall” mientras tararean a Beyoncé en un inglés fluido.

 

Foto: rollingstones.com

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