Revista Intemperie

El día de la memoria y la revolución de los iPhones

Por: Jesús Galaz Duarte
argentina

 

Marzo 24. Buenos Aires, Argentina >> A veces uno pensaría que si algún grupo social salvará al mundo será la comunidad internacional, algo así como la Legión Extranjera de la Guerra Civil Española (aunque quizá el fracaso de ésta debería servir como ejemplo). Otras veces nada parece estar tan lejos de la solución y uno concluye que los únicos responsables del destino de un grupo son sus miembros inmediatos: la gente de pueblo responsable de su pueblo, la gente de la ciudad responsable de su ciudad, la gente de un país responsable de su país. Lamentablemente no veo todavía el paraguas internacional de este asunto. Quizá en bloques económicos ya establecidos uno pueda sentirse más cerca de la solución, como con la Unión Europea, donde las relaciones y dependencias de unos países con otros están ya aceptadas en una constitución, o como fue el caso de aquellos primeros Estados Unidos de América.

Escribo desde Buenos Aires, donde hace unos días se ha conmemorado el cuarenta aniversario del golpe de Estado en 1976, tres años después del uruguayo y el chileno, todos auspiciados, lo sabemos, por la Escuela de las Américas estadounidense y cobijados por los paranoicos antisoviéticos de la Operación Cóndor. Treinta mil desaparecidos fue lo que dejó en Argentina los siete años de Videla y compañía. Por Avenida de Mayo dos muchachas llevan una bandera de México con la frase “ESTÁ PASANDO” y la estadística de que en ese país suceden trece desapariciones por día. Mil días para trece mil desaparecidos (tres años), dos mil días para veintiséis mil, tres mil días para treintainueve mil. Diez años para más de cuarenta mil desaparecidos… y en democracia.

Salimos de Pasco poco después de las tres de la tarde. Entre Ríos ya estaba cerrada al tráfico por los mismos peatones que ocupábamos la avenida. La plaza de Congreso también estaba ya tomada por grupos Kirchneristas y de izquierdas más socialistas y radicales. En nuestro caminar platico de las manifestaciones de París con Anne, Marcelo habla del año pasado y de un paseo en bicicleta que hizo con sus alumnos este día, Gabi va con chancletas hawaianas, Michelle no entiende nada, Hope recuerda la batalla de Seattle, Ara dice que ella con no marcha con los K, Vero observa como lo haría alguien de Montreal, Gueric casi anda de fiesta y Marta se queja un poco de todo. Nuestro grupo.

Pasamos Congreso y caminamos por Rivadavia unas calles, luego volvemos a Avenida de Mayo hasta 9 de Julio, que está llena. Esperamos a una amiga de Gabi, truenan cohetes y algunas chicas se encogen de hombros y parpadean rápido cuando estallan. En una esquina está la Asociación Autogestiva de Anarquistas (todos punks). Colores rojos y negros contrastan contra el gris del cielo. Son las 3:30 de la tarde y empieza una columna K a marchar con el canto del regreso. En medio de la plaza está un Pensador, de Rodín. Recuerdo algunos de los lugares donde lo he visto: San Francisco, Pasadena, Ciudad de México, París. ¿Qué estará pensando ese hombre después de ser testigo de tantas cosas?

Avenida de Mayo está llena de plaza a plaza: de Congreso a Mayo. En medio de todo los sin techo siguen dormidos o absortos en su mundo, acostados en sus colchones y aferrados a sus cartones de vino, casi como testigos mudos de los movimientos sociales de los países. Viven y mueren en estos sistemas. Estoicos-cínicos-fatalistas resignados al fin del mundo como fin personal o convencidos de la reencarnación.

Esperando en la esquina de 9 de Julio suenan tambores y se agita un mundo de banderas azules y blancas. Es el espíritu de la batalla, le digo a Gueric, y nos decimos que tenemos que ir a un partido de fútbol en La Bombonera, contra el San Lorenzo. Anoche estaba escuchando charlas de Juan Villoro con Eduardo Sacheri sobre fútbol, dos grandes aficionados al juego y uno de ellos ex profesor de historia de secundaria de Marianela. El argentino hablaba de la relación social y política que hay en este país entre los estadios y las manifestaciones. Tampoco dijo mucho más que la observación, pero termino el pensamiento diciendo que es el mismo espíritu de batalla el que existe en estos dos lugares, si bien algo deformado. Parecido a lo que decía Borges sobre las grandes obras de la literatura, y parafraseo: Si uno presta atención pudiera suponer que todos los grandes libros han sido escritos por una sola persona. La odisea, La divina comedia, Moby Dick, El Quijote.

Tambores, bengalas, silbatos, banderas, cantos, gritos, coros, canciones, olas de personas y de sentimientos.

Al fondo de todo mundo un edificio con el rostro de Evita le grita algo a un micrófono. Debajo de ella toda la ciudad. ¿Para qué se construyen héroes, me pregunto, y quién los construye? ¿De dónde salen y para qué están las estatuas? Y recuerdo la conclusión de Monterroso en su fábula: “para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura”. No nos queda más opción que seguir caminando. Son las cuatro de la tarde cuando cruzamos 9 de Julio y estamos en medio de la Revolución de los iPhones.

 

*

 

Por Rivadavia, de nuevo, pasa un señor parecido a Maradona que vende pan dulce, al lado de él el Frente de Militantes del Conurbano, después bebés recién nacidos en brazos de sus padres con la madre atrás (pienso en los gases lacrimógenos de Estambul y pienso qué valientes, o inconscientes, deben de ser los padres), niñas caminando agarradas de la mano de su madre y sus tías, niños más grandes con camisetas de Messi y otras representaciones populares de este país (hoy jugó Argentina contra Chile para las clasificatorias al mundial).

Hay un Starbucks frente a un Burger King con sus clientes tomando video desde dentro de lo que ocurre afuera: miles de personas apenas pueden caminar y acercarse a la plaza porque no hay espacio para tantos. Como ya lo he dicho en otros lados, en las manifestaciones argentinas hay gente de todo tipo: joven, vieja, adulta, adolescente, punk, hípster, hippie, fresa, educada, no educada, guapa, fea, grande, pequeña, gorda, flaca… Hoy todo mundo trae sus propuestas de reivindicaciones a la Plaza de Mayo.

Dentro de la lógica que existe en tener fechas conmemorativas no deja de extrañarme el hecho de que la gente las respete tanto, como si un día durante el año fuera de hecho el día en que debes de hacer algo. Pienso en la Navidad para decirle a tu familia que la quieres, en Halloween para disfrazarte, en San Valentín para regalarle flores a alguien. El día de la memoria es el día en que está permitido, aceptado y esperado que salgas a manifestar tu desacuerdo. ¿Y el resto de los días? El resto de los días también nos manifestamos, dirá un militante, pero es este día cuando se puede llegar a mucha más gente. Y tendrá razón, pero mientras haya Semana Santa en Sevilla habrá Vaticano, y no al revés.

 

*

 

Cuando la columna que ha estado esperando toda la tarde en Avenida de Mayo empieza a marchar hacia la plaza pasan los buitres primero. Luego organizadores abren el camino con gritos (necesarios, es cierto) para que pase el camión que trae en su plataforma a las madres de Plaza de Mayo, señoras de setenta, ochenta y hasta noventa años que vieron desaparecer a sus hijos hace cuarenta abriles.

“Acá metimos las patas en las fuentes —dice una de ellas, minutos después de que pasen y en un micrófono, con una voz que le cuesta salir pero que está llena de emoción—. Acá hicimos la primera marcha en la dictadura. Acá nos masacraron en 2001”, y la gente obviamente aplaude y les canta a esas señoras que se han convertido en una especie de madres para todos. Símbolos que representan más de lo que un cuerpo físico puede contener: la resistencia, el rechazo al olvido, la búsqueda por la reivindicación del pasado y una justicia que implica reconocer los errores de un régimen y toda una generación. Llevan pañuelos sobre la cabeza como viejas campesinas búlgaras, tienen la piel arrugada y los dedos deformes, pero le sonríen a la gente desde su camión y les agradecen con los ojos y la boca que ellos, al menos, no se hayan olvidado de sus hijos. Como la dueña del Kino-Bosna en Sarajevo, que da asilo a los viajeros porque le recuerdan a sus hijos, muertos todos en la última guerra de los balkanes.

Son las cinco de la tarde y están entrando los camiones y las columnas a la plaza. Hasta tuvieron que mover a un choripanero del espacio que se había conseguido para que pudieran pasar. “Macri, basura, vos sos la dictadura”, gritan.

¿Y dónde está Obama?, pregunta la gente. El representante moderno de la inteligencia que hizo posible que tanta gente haya sido asesinada y desaparecida.

Está en Bariloche, responde uno, allá se fueron a tener reuniones.

 

Foto: elpais.com

 

Jesús Galaz Duarte (1985, Mexicali, México): Ha publicado ficción y no ficción en México, España y Argentina. Una especie de seminómada, ha vivido en San Diego, Los Ángeles, San Francisco, Madrid, Parma, Ciudad de México y Estambul. Actualmente escribe desde Buenos Aires. Sube cosas de vez en cuando al blog ciudadsomnolienta.org

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