Revista Intemperie

La sociedad de mercado se ha convertido en un proceso nihilista que desafía las bases antropológicas de nuestra especie. Entrevista con César Rendueles

Por: Pablo Torche
cesar rendueles

 

César Rendueles cobró notoriedad en España con el libro Sociofobia, que entrega una mirada crítica de las redes sociales y el “ciberfetichismo”, y fue elegido como el mejor ensayo del año por los lectores del periódico El País. Actualmente, acaba de publicar Capitalismo canalla (Seix Barral, 2015), que busca ofrecer una historia “personal” del capitalismo a través de grandes obras literarias, que van desde el Lazarillo de Tormes hasta novelas contemporáneas de ciencia ficción, pasando por clásicos como Moby Dick, Los demonios y El corazón de las tinieblas. El libro ya va en su quinta edición.

Rendueles, que es Profesor de Teoría Sociológica en la Complutense de Madrid, integra en su ensayo el análisis de los libros, con nociones teóricas e historiográficas que permiten articular una crítica de fondo al capitalismo, analizando las condiciones en que surgió y su desarrollo hasta nuestros días.

“En un principio pensé hacer algo basado en libros explícitamente de denuncia, más ideológicos” explica desde Madrid, “pero pronto me di cuenta que no era buena idea, y que se iba a transformar en una especie de evangelio de libros de izquierda”.

capitalismo canalla

El resultado es un libro ameno, lleno de interpretaciones originales y lúcidas sobre el capitalismo como sistema económico-político, pero también como un “estilo de vida”, que hemos absorbido casi sin darnos cuenta, siempre en relación con lecturas novedosas y penetrantes de los clásicos literarios. Moby Dick, por ejemplo, se menciona como la historia de un emprendedor enloquecido, de mitología nihilista, “que arrastra en su caída a una plantilla de trabajadores migrantes y precarios”. El corazón de las tinieblas, aparte de un crudo retrato del colonialismo despiadado, como una experiencia de alienación fundamental; o, en otras interpretaciones más aventuradas, Fausto se describe como un “hípster del siglo XIX”, pues trata de “satisfacer sus ansias de autorrealización, explorar las posibilidades expresivas de su propia individualidad”.

Rendueles es un intelectual reconocido en España, que participa activamente del debate político y cultural, y acompaña con entusiasmo el surgimiento del movimiento político Podemos. En esta entrevista habla del libro, de la crítica al capitalismo y, por supuesto, del momento político actual.

¿Cómo surgió la idea de este libro?

Me encantaría decir que surgió de un prolongado interés personal, pero es más bien la deformación de un encargo. La idea me la propuso Elena Ramírez (directora literaria de Seix Barral), que es ese tipo de editoras que hacen apuestas, y participan de la creación del libro. Empezó como una historia puramente literaria, pero al poco andar me di cuenta que necesitaba un poco de teoría, que luego fui mezclando también con algunos recuerdos personales y notas autobiográficas.

¿Por qué buscar en la literatura los sentidos en crisis del capitalismo? ¿Qué “novedades” ofrece la literatura que la pura teoría sociológica no entrega?

La literatura no es muy útil para contar lo que realmente ha pasado, para eso tenemos el periodismo y las ciencias sociales. En cambio, es insuperable a la hora de explorar nuestra percepción de lo que ha pasado. Las novelas o los poemas son una puerta trasera a nuestra subjetividad mucho más sutil que las teorías sociológicas. A lo mejor por eso no me interesa demasiado la literatura comprometida o de denuncia. Creo que Proust tiene algo más profundo que decir sobre el capitalismo que Zola.

Asimismo, me gustan los libros que muestran la sociedad de mercado como un proyecto muy enloquecido y, por eso mismo, a veces apasionante, como otras muchas experiencias autodestructivas. La mayor parte de teorías del consumo y del comercio son incapaces de captar ese pathos capitalista que, he de reconocerlo, me fascina.

Parte de tu crítica al capitalismo se mezcla con una crítica a la modernidad, con su orientación a la eficiencia, la instrumentalización de la naturaleza, la maximización de utilidades. ¿Te parece posible una crítica de tal magnitud, o es sólo una utopía?

En realidad, es una tesis básica del marxismo. El capitalismo es, en el fondo, un sistema muy ineficaz, incapaz de aprovechar socialmente las fuerzas productivas que él mismo desarrolla. Hoy, al borde del cataclismo medioambiental global, creo que hay que ampliar esa idea. Lo utópico es la propia sociedad de mercado. Se trata de una distopía enloquecida y materialmente insostenible que constantemente huye de la civilización y destruye el pasado, cuyo único fundamento es la preservación de los márgenes de beneficio.

Has trabajado en profundidad los textos de Marx, ¿qué aspectos de la teoría marxista te parece que tienen vigencia frente a los problemas del hoy?

Lo que creo es que hay una atención renovada a la obra de Marx que es sintomática del fracaso de la economía ortodoxa. No creo que la teoría marxista en sí misma nos vaya a proporcionar ninguna clave mágica para salir del atolladero en el que estamos metidos, pero al menos es un punto de partida para empezar a deconstruir el mundo alucinógeno de la economía neoliberal.

En concreto, ¿te parece que hay espacio por ejemplo para una nueva lucha de clases, y en qué sentido?

Es una pregunta muy complicada. Por resumirlo groseramente, creo que la lucha de clases goza de excelente salud, lo que ocurre es que sólo las élites son una clase autoconsciente con una ideología clara y acciones coordinadas. La cuestión es si el nuevo precariado global es capaz de constituirse en un sujeto del cambio poderoso y coherente capaz de hacerle frente.

En el libro también formulas una crítica importante a la dimensión moral del capitalismo, que está basado en valores problemáticos. ¿Cuán importante ves esta crítica al capitalismo desde una perspectiva moral?

Las tradiciones emancipatorias siempre han desconfiado de las críticas éticas del capitalismo. Creo que es un error. Karl Polanyi lo explicó muy bien, hay algo en la sociedad capitalista, basada en el lucro y la competencia, que se contradice con el ser humano. La nuestra es una sociedad rara, exótica en el punto de vista ético, que implica una ruptura radical con lo que significa ser una persona.

La transformación social no es un mero tejemaneje de estructuras y causas objetivas, implica un cierto progreso moral y una cierta transformación personal. Y no tiene nada de raro que sea así porque a lo largo de la historia ha habido algunos progresos morales que nos han afectado personalmente, creo que para bien. Un claro ejemplo son los avances en la igualdad de género.

¿No hay un trasfondo conservador en este análisis, qué relación se puede establecer entre capitalismo y crisis moral?

Sí, hay un trasfondo conservador. De hecho, creo que el anticapitalismo tiene bastante que aprender de algunos pensadores reaccionarios como Chesterton, Pasolini o Lasch. La sociedad de mercado se ha convertido en un proceso nihilista que desafía las bases antropológicas de nuestra especie, desde el propio entorno físico a las relaciones familiares. Santiago Alba Rico lo resumía en una frase con la que me siento muy identificado: “la izquierda tiene que ser revolucionaria en lo económico, reformista en lo institucional y conservadora en lo antropológico”.

 

Trabajo y hipsterismo

¿Cómo ves la visión de la generación “hípster” frente al capitalismo?

Pertenezco a la primera generación española educada en el hiperconsumismo. He comprobado de primera mano lo destructivo que puede resultar el consumo sofisticado. Ha sido la clave, junto con la burbuja inmobiliaria, de la paz social en España.

Básicamente coincido con lo que expone Víctor Lenore en Indies, hipsters y gafapastas. No creo que la generación hipster tenga ninguna visión sobre el capitalismo. Se encuentran perfectamente cómodos en una sociedad que ofrece dosis lisérgicas de cosmopolitismo banal y una cierta abundancia de infraempleos precarizados, pero con un barniz creativo.

En una parte de Capitalismo canalla mencionas, como al pasar, que fuiste a conseguir heroína (“caballo”) a las afueras de un bar. ¿Crees que puede haber allí una vía de escape, un cuestionamiento de la realidad incluso a un nivel político?

Con independencia de mis miserias personales, lo que intentaba describir es el modo en que el mercado de trabajo nos lleva a vivir los conflictos colectivos como si fueran una forma de malestar psicológico. La ansiedad y la tristeza que rodean el mundo del trabajo es perfectamente normal cuando no tienes manera de unirte a otros que están como tú. Por eso tanta gente busca un escape químico individual, puede ser alcohol, drogas legales o ilegales. En España el consumo masivo de psicofármacos se ha disparado con la crisis: en torno al treinta por ciento de la población española, especialmente mujeres de clase trabajadora, ha consumido antidepresivos o tranquilizantes en el último año.

 

Podemos y la situación actual

¿Cómo ves el momento político actual en España y en Europa?

Algo está cambiando profundamente en el sur de Europa, desde algo muy gris para las personas de izquierda, a un momento de esperanza, está cambiando ya muy profundamente, a veces con reflejos electorales, a veces no, pero ahora se habla de político en las calles. Antes este país era muy dócil, había tenido una doma, que ahora a saltados por los aires. En España, al igual que en Chile, hubo un proceso de destrucción social brutal, destrucción del sentido asociativo, tras lo cual lo que sobrevivió es apenas la solidaridad familiar. Pero ahora se habla de cosas que hace seis años, cosas que no se hablaban , como igualdad, desigualdad.

¿Cómo ves las propuestas de movimientos de una izquierda más radical y anti-capitalista? ¿En qué medida te identificas con ellas, y en qué medida no?

Me identifico con un anticapitalismo inclusivo y no dogmático, que ni siquiera necesita calificarse a sí mismo de esa manera. Hay una visión de izquierda radical anticapitalista, que me identifica poco, que mantiene posiciones muy identitarias, con pocas ganas de mayoría social, que se quieren quedar en sus casas pensando lo listos que son. Me identifica una visión que acepta que capitalismo y mercado no son sinónimos y, por tanto, no siente ninguna nostalgia de los proyectos de economía planificada, que se siente cómoda con buena parte de la tradición política liberal y apuesta por una reducción urgente del metabolismo de las economías de los países más ricos.

¿Y cómo lees la experiencia de Syriza en Grecia, que prometió resolver la crisis, y al final terminó aceptando todo lo que dijo que iba a rechazar? ¿No hubo un discurso populista ahí?

La historia de Syriza es la historia de una derrota más que de un fracaso. Una derrota que han impuesto las elites económicas europeas al pueblo griego. Hay enseñanzas importantes ahí, más allá de la evaluación de los actores, yo hago una evaluación generosa, las intenciones de Syriza eran buenas, el enemigo era terrible. Yo creo que la izquierda europea se hizo una idea amigable de los capitalistas europeos, que eran más blandos, que los realmente malos estaban en Estados Unidos o quizás en Inglaterra. Pero no es así, y esa negociación demostró hasta dónde estaban dispuestos a llegar las elites capitalistas para mantener sus privilegios.

Y la otra enseñanza es que necesitamos generar alianzas europeas, no podemos hacerlo como países solitarios, por separado, es necesario pensar en una alianza del sur de Europa. Aquí tenemos una institucionalidad política creada, moneda, parlamento, etc, pero hasta ahora son instituciones al servicio de una elites.

Para terminar, la pregunta de rigor, ¿Qué libros contemporáneos recomendarías para hacerse una visión de la situación de España y de Europa en la actualidad?

Los dos ensayos de Owen Jones, Chavs y El establishment, hacen un retrato muy preciso de la nueva desigualdad europea. El fin de la clase media, de Esteban Hernández, e Indies, hipsters y gafapastas, de Víctor Lenore, son un excelente retrato de la España de antes y después de la crisis. Podemos: objetivo asaltar los cielos, de Jacobo Rivero, es un buen libro sobre una iniciativa política realmente importante en este momento. Ataque a la democracia y al bienestar, de Vincenç Navarro da muchas claves sobre el régimen económico dominante en Europa desde la crisis. Y La Transición contada a nuestros padres, de Juan Carlos Monedero, sirve para entender algunas de las cosas que están pasando en España ahora mismo.

 

Foto: eldiario.es

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