Revista Intemperie

Cristóbal Gaete: La literatura chilena se produce en todo Chile

Por: Romina Reyes
cristobal gaete

 

Ganador del Premio Municipal de Santiago en el género novela con Motel Ciudad Negra, Cristóbal Gaete (1983) se toma el reconocimiento con sorpresa. La sorpresa de ganar con una editorial pequeña, porteña y artesanal -Hebra- frente a editoriales como Penguin Random House y Das Kapital. Considera que esto le dio la oportunidad a la novela de aparecer como a él le interesaba, sin trazar la extensión ni el contenido. Pero no se atreve a decir si una editorial independiente es más libre que un transnacional: “Las transnacionales son como un avión para mí, algo que está allá lejos. Si algún día me llegasen a publicar yo diría bueno, el avión bajó más que yo subí”.

¿Te gustaría?

No me planteo ese asunto. Primero tengo que preocuparme de escribir algo medianamente decente, que pase mi filtro crítico, y de ahí pa adelante para donde vaya, es algo que me excede en la mayor parte de los casos.

¿Te sientes un escritor de provincia, lejano al mainstream? ¿Cómo aprecias el medio santiaguino?

En realidad no me puedo sentir parte del sistema santiaguino, sólo podría especular cómo opera a partir de lo que veo en Facebook. Entiendo que soy un escritor que se vincula a Valparaíso, pero esos vínculos tienen que ver con otro orden de cosas. Mi hija tiene 9 años y vive acá, es lógico que yo esté acá. Mi mundo escritural tiene mucho que ver con Valparaíso. Supongo que de uno u otro modo estoy anclado en un lugar, pero con el tiempo se van borrando las huellas.

¿Te parece que hay un centralismo literario?

Hay literatura buena en todo Chile. Yo participo del colectivo Pueblo Abandonado, tengo muchos compañeros. Está Mario Verdugo, Claudio Maldonado en el sur, Daniel Rojas Pachas, Óscar Barrientos, Cristian Geisse Vicuña. Marcelo Mellado es el director espiritual del asunto y la idea es crear una obra desde la provincia que no esté siempre ambicionando Santiago. Creemos en una expansión del centro. Pertenecer a esa idea de colectivo es no estar preocupado de lo que pase en Santiago.

Buscan abrir los espacios desde donde se habla.

Los escenarios, y también los objetivos. A mí no me desvive que me reciban en Santiago, ahora ocurrió (con el premio), pero es excepcional. No es algo que va a suceder siempre, ni que me deba preocupar.

¿Sentiste ese recibimiento como un reconocimiento a las regiones?

Es grato, y lo que más me gustó de ganarme el premio fue ganármelo de este modo, con una editorial de Valparaíso. Vamos todos juntos, es como eso. No es que me salvo yo que estoy en una editorial de Santiago, y me salvo yo y yo yo yo. En el fondo estoy ocupando un lugar con ese premio que podría tener cualquiera de mis compañeros en Pueblo Abandonado, otros escritores de provincia, y eso es muy grato. Poder sintetizar una cosa que está pasando, que la literatura chilena se produce en todo Chile. Eso no basta como para tener que preocuparme de Santiago ni obsesionarme con una idea de conquista.

 

Mercado de libros

¿La relación entre la literatura y el mercado te parece conflictiva?

Creo que al mercado no le interesa la literatura. La literatura le parece desplazable. El mercado no tiene preocupación por la literatura porque la literatura, al menos en Chile, no es tema. Si hay libros impactantes han sido de no ficción o escritores que viven fuera de Chile tipo Jodorowsky o Isabel Allende. Yo en realidad no aspiro a que me lean o no demasiado. Pa un escritor independiente, de provincia, el mercado es una ficción… cómo voy a saber yo qué le pasa a una persona en un mall agarrando Valpore y abriéndolo. Dirá esta hueá qué es.

No te interesa pertenecer a un circuito más masivo.

No sé, me alegró mucho el premio porque pensé que las pocas copias que hay del libro se iban a leer. Con eso me basta.

Eres pesimista entonces.

Es que no puede alterar mi vida. No tengo el ideal de que la literatura va a alterar mi vida, o me va a dar un año sin trabajar. Y la idea de fama es un lastre absurdo. La idea de la gente diciéndome “escríbeme un prólogo”… pfff, qué paja. El premio es un estímulo, pero no cambia nada.

¿Tienes en mente un lector cuando escribes?

No podría imaginarme un lector a priori. Aparte se lee muy poco. Cuando ganó la novela, tuve más de cien likes (en Facebook), pero estoy seguro que muchas de las personas que pusieron ese like ni siquiera habían visto el libro. Pensar en un lector en estas condiciones es un poco utópico, a menos que conozcas las condiciones de mercado. Y entre más tiempo un escritor le dedica a esas preocupaciones, menos tiempo le dedica a su trabajo. Lo que tiene que hacer un escritor es escribir y leer, y leer más que escribir.

¿Crees que un escritor debiese opinar de cosas ajenas a la obra?

No, de nada. Cualquier cosa que yo diga puede estar al borde de una burrada. Cuando yo escribo, elaboro, pienso. No es algo automático como si fuese un iluminado. Escribir me cuesta trabajo, no escribo de manera perfecta. Y creo ante todo que cada vez que el escritor habla se arriesga a cometer un desliz que va a prejuiciar su obra.

No quieres entrar por la polémica.

El ruido no colabora en nada a la lectura de la obra. yo podría decir algo que dijeran oh, mira lo que dice Gaete, pero no importa lo que yo diga. Importa lo que yo escriba.

 

Valparaíso/Motel

Gaete nació en Viña pero creció en Quillota. Trabaja en proyectos culturales financiados por fondos y también en el mercado Cardonal de Valparaíso, ciudad donde vive. Motel Ciudad Negra (MCN) es su tercer trabajo luego de Paltarrealismo, un libro dedicado a Quillota, y Valpore, pero aspira a borrar las huellas geográficas de sus trabajos.

“MCN es un párrafo. O lo lees o lo abandonas. Pero no podi decir no, voy a leer una página hoy, mañana otra, te vai a perder”.

¿Crees que la extensión de la obra tiene que ver con el tiempo que le dedicas?

Sí, totalmente. Doy un formato de lectura rápido para una persona que no tiene mucho tiempo, porque yo tampoco tengo mucho tiempo para escribir.

Claro, además el libro es un objeto tipo fanzine, de formato breve.

A mí el género en un estado puro no me interesa. La posibilidad que tengo como escritor en esta época posmoderna es la posibilidad de deconstuir el género. De trabajarlo de otro modo. MCN está construido a partir de restos de lo que podría ser una narración larga y detallada. En realidad es el escombro, y a partir de eso construyo un libro que une esos escombros. Abandonar la idea de que la novela tiene a, b, c.

La novela tiene esa idea de la ciudad de Valparaíso como un lugar sucio, decadente, desordenado en relación a la capital. ¿Es un cliché o Valparaíso es eso?

De uno u otro modo MCN sintetiza la vida joven de esta ciudad. Me da la impresión que es una experiencia común a la población flotante de Valparaíso. Creo que eso no se puede proyectar a toda la ciudad ni a toda la vida de la ciudad. Es un retrato, pero de ciertas personas que, especulando, podrían ir de los 18 a los 30 años, hasta los 45. Creo que la ciudad tiene eso, alarga la juventud, la vuelve más laxa. En otras ciudades la gente estaría ya acostada, acá en cambio los pillas en Máscara, y es como un loop. Ponen la misma música, las cosas no cambian demasiado. Si piensas que eso es un cliché, yo pienso que no.

¿Tiene algo de crónica?

En MCN no hay nada de ficción. Hay cosas que me pasan a mí o a amigos. Es como un registro. Creo también en el híbrido. El santo patrón mío y de algunos amigos es Alfonso Alcalde, él escribe no más, y hay pedazos de su periodismo que podrían ser un cuento. Mis lecturas y mi modo de entender la literatura es vitalista, tengo que integrar esa parte. Y ante todo algo que me interesa trabajar es el ritmo. Que tenga un pulso definido. Que no dé mucho espacio a un lector frágil. Y al final Valparaíso es un producto. Un editor o un librero te lo dirían. Yo quiero esta ciudad, me gustaría que fuese mejor y no fuese como es en realidad.

¿Cómo es en realidad?

Exije un grado de resiliencia bravo para las personas que trabajamos en cultura o arte, como querai llamarlo. Muchos amigos se han ido de esta ciudad por lo mismo, porque no encuentran la oportunidad de aguantar la presión que te impone esta ciudad en relación a la supervivencia. Acá tú no vas a poder vivir como un profesional de la cultura.

¿Por qué, qué falta?

Falta una estructura cultural que entienda lo que se puede producir en una ciudad como esta, que tiene una tradición tan importante. Habitualmente la idea de etiqueta turística y el exceso de confianza en el mercado, que pasa en todo orden de cosas, se refleja en la cultura. Las grandes decisiones políticas respecto a educación ¿qué dicen? Confiemos en el mercado. ¿Salud? Confiemos en el mercado. La cultura, que es una cuestión que sólo le interesa a la gente que consume cultura, no puede ser de otro modo. Pensar que podría ser más… amable sería una utopía. Sí me gustaría que la ciudad fuese mejor, pero en un plano global, no sólo cultural. Que, por ejemplo, acogiera más a todas las personas que se han titulado acá.

¿Qué opinas de la idea patrimonial de la ciudad?

Es una etiqueta llena de exclusión. Cubre una parte de la ciudad. No representa la identidad de Valparaíso y sirve pa esto mismo. Sí, patrimonio, capital cultural, pero nadie ve cómo se hacen los libros. Yo tuve una microeditorial por cinco años (ediciones Perro de Puerto), y la forma en que nosotros imprimimos los libros son unos métodos casi surrealistas de existencia, imprimiendo a la mala, en distintos lugares, engañando a imprenteros, haciéndolo todo como un bandido. Y para qué. Botar esas etiquetas permitirían enfrentarse a la ciudad real… Es super fácil pensar en una ciudad patrimonial y cegarse y claro, llegar a un hostel en Cerro Alegre, y estar ahí y pasear por la parte entre Anibal Pinto y Sotomayor y decir qué lindo es Valparaíso. Pero eso es un 10% de lo que es la ciudad.

¿Y el resto?

Me da como miedo definir la identidad pero sí pienso que hay cosas que oculta el patrimonio. Esa idea de patrimonio es la perfecta etiqueta para que Valparaíso sea una especie de producto y nada más. Por ejemplo, acá se vivió un proceso de migración en la segunda parte del siglo XIX hasta la primera del siglo XX. En algún momento Valparaíso tuvo mayor densidad de población que Santiago. Esa migración trajo a mucha gente del campo. Y traían una cultura que todavía se puede ver. El domingo te podi encontrar una carrera a la chilena hechiza al final de un cerro que está lleno de estigmas de drogadicción, de violencia de todo tipo. Eso para mí es lo real. No sé si es todo lo real de la ciudad, pero si escarbas más puedes encontrar algo distinto.

¿Tus libros van en contra del patrimonio?

Se genera un efecto escritural antipatrimonial que no tiene que ver sólo conmigo. Lo que creo sobre esa cuestión es que si vienes con alguien que es de Valparaíso, puedes acceder a esa ciudad real. Si no, no hay forma. Los turistas me conflictúan porque son románticos, enamorados de la decadencia. Vienen a ver eso, les encanta. Y vivir esa decadencia no es grato. Las personas que viven, que se incendian, que trabajan en la calle, no lo viven festivamente.

 

Foto: Cristóbal Gaete

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.