Revista Intemperie

Spotlight: culpa y redención

Por: Ignacio Concha
spotlight

 

(Este artículo contiene un spoiler)

 

“Joyce perdió su religión, pero conservó sus categorías”. La frase es de Nabokov, y bien puede aplicarse a Spotlight –cinta estrenada hace poco en Chile–, y a su protagonista, interpretado por Michael Keaton.

Spotlight muestra a un grupo de periodistas del Boston Globe liderados por Walter (Keaton), y el director del diario, un periodista judío recién llegado (interpretado por  L. Schreiber), que se deciden a investigar hasta las últimas casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Todo esto está basado en un episodio de la vida real, ocurrido el 2002 en Boston, Estados Unidos. Más importante aún, la cinta establece paralelos indudables con Chile, paralelos que de tan evidentes no vale la pena ahondar en ellos (en los créditos finales, cuando se nombran casos descubiertos luego del reportaje, aparece la ciudad de Linares).

Menos obvio es su retrato de los “civiles” que rodean y protegen al obispo, tan seguros de sus acciones como de sus silencios. Spotlight se ocupa de describir en detalle la complicidad de una comunidad completa, apoyo que, a veces duro, a veces una mera simpatía, no sólo escondió el actuar de sacerdotes conservadores, sino que aceptó los abusos de congregaciones de los más distintos idearios.

Pero el aspecto más notable, y seguramente con el que Spotlight alcanza sus mayores resonancias, es el trato que da a Walter, el jefe de prensa. Aquí es donde la frase de Nabokov cobra sentido. Mientras transita el camino que va de la complicidad activa a la colaboración con las víctimas, Walter evoluciona en perfecta coherencia con su educación. Sigue fiel a sus principios, sólo que ahora los usa de un modo distinto.

Y eso es importante, pues siendo en su primer piso una película de denuncia, la grandeza de Spotlight está en mirar con compasión, antes que a nadie, a su protagonista. En el énfasis que le da a su toma de conciencia, señala un modelo de acción y una salida. En acompañar respetuosamente sus silencios y sus conclusiones, le permite una redención basado en sus propias leyes.

 

Foto: Spotlight, Thomas McCarthy (2015)

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