Revista Intemperie

“Nunca he tenido el problema de enfrentarme a la página en blanco o a la pantalla vacía”. Entrevista a Gustavo Barrera

Por: Gastón Carrasco
gustavo barrera

 

Gustavo Barrera Calderón (Santiago 1975) es hijo de Teresa Laura Calderón González y Gustavo Adolfo Barrera Parraguez. No tiene hijos. Según la descripción de la solapa de su libro, sus preocupaciones incluyen la arquitectura, la poesía, el esoterismo, el color amarillo, la filosofía, los simios, la realidad, la pornografía, el drama, los disfraces, el mesmerismo, las familias, los espejos, las biografías, el silencio, las muñecas, el dinero, los pavos reales, el miedo, la televisión, los sueños, los idiomas, el vacío y las miniaturas. Toda esta numeración anárquica o confusa, hipnótica diría Umberto Eco, nos permite ir abriendo puertas de sentido en la obra de Barrera. No nos enrostra sus títulos ni méritos, nada de publicaciones ni menciones, nada de biografía literaria que poco o nada importa frente a la obra. El texto, como dice Gustavo en la entrevista, es el protagonista. El autor, un titiritero o anónimo prestidigitador. El velo de espejos de su biografía esconde, bajo varias capas y reflejos, al sujeto consciente que oculta su presencia. La enumeración se contrapone a la genealogía inicial que hace el autor de sus padres y abuelos. Entonces el gesto ya no se trataría de ocultar la biografía, sino de sacudir al lector de la lectura autobiográfica. La obra reunida bien puede leerse como la biografía del autor, pero también como una biografía textual, un registro del proceso y la aparición del poema como un artefacto casi autónomo. La colección de textos que presenta Barrera, ciertamente, ordena su obra, nos vuelve comprensible el caos de sus publicaciones, pero también abre nuevas puertas de sentido, establece conexiones y diálogos antes velados, sitúa un espejo frente a otro en una sala de reflejos donde nunca encontramos la salida.

inmuebles

¿De dónde surge la idea de llevar a cabo una Obra Reunida?
La idea fue de Camilo Brodsky, editor de Das Kapital. Hace un par de años me pidieron presentar la obra reunida de Marcelo Guajardo, Un momento propicio para el exilio, con el que se inauguraba esta colección de libros de obras poéticas reunidas. El día de la presentación, Camilo me propuso publicar mis trabajos anteriores en un solo volumen. Al igual que con las publicaciones de Marcelo, muchos de mis textos los había autoeditado, con no más de cien ejemplares por libro, otros habían aparecido en antologías o revistas, pero no era fácil encontrarlos.

¿Qué implica como autor hacer un recorrido o relectura por la propia obra?

Es extraño reencontrarse con los textos más antiguos, muchos de ellos me dan la sensación de que hubieran sido escritos por alguien más, además, al ver todos los textos uno al lado del otro se hacen más notorios los tics, las obsesiones temáticas y formales que me han acompañado desde incluso antes de escribir un solo verso. Se puede leer una variedad y diversidad de voces que hay dentro de la imaginación, una necesidad de crear personajes y darles voces, en un afán, por momentos histriónico y cómico. Me siento feliz al ver que logré apropiarme de esa plena libertad que buscaba al momento de escribir, sin limitar el impulso original ni establecer ningún tipo de autocensura, que es la peor de todas. Siempre sentí que podía escribir lo que quisiera en completa impunidad. Tal vez por eso asocio las publicaciones, las presentaciones de libros o las lecturas públicas con hacerme responsable por lo que escribí o lo que hice. En todo caso, prefiero que mis escritos tengan una vida propia, independiente a la mía, con sus propios procesos. Mi escritura se centra en la experiencia o recorrido que busco lograr dentro de cada libro, no se centra en su autor. Trato de permanecer en una especie de penumbra o de lugar tras bastidores como un titiritero. He publicado varios textos como anónimos o bajo diferentes nombres. Hay también mucho trabajo de colaboración con artistas de otras disciplinas, artistas visuales, músicos, actores, con otros poetas. Creo necesario renunciar a la autoría y a la figura del autor o del artista como eje de la poesía o las demás artes.

¿Cómo nacen tus libros?, ¿Qué ejercicios, reflexiones o lecturas hay detrás?

Siempre hay un primero un impulso, empiezo a reunir elementos, imágenes, fragmentos de textos que estoy leyendo, de sueños, películas, conversaciones, experiencias, se arman algunas sincronías, todo empieza a relacionarse y coincidir. Se combinan los elementos hasta que se construye una especie de universo dentro de mi cabeza. En ese momento no he escrito ni una sola línea. Todo toma forma en un espacio especulativo, mental, y en un momento, cuando decanta, escribo y escribo sin parar. Nunca he tenido el problema de enfrentarme a la página en blanco o a la pantalla vacía, creo que si no existe algo que necesita salir, no me enfrentaré nunca a una página en blanco. Mis intervenciones posteriores en los textos, se relacionan con las maneras de decir, las maneras de plantear las cosas, lograr la imprecisión y la ambigüedad que siento tan necesarias y tan difíciles de conseguir en un idioma que exige precisar asuntos como género, número, incluso cuando se trata de objetos inanimados.

¿De qué manera dialogan la poesía, la arquitectura y el cuerpo en tus poemas?

Es cierto, hay un diálogo permanente entre poesía, cuerpo y arquitectura, algunas veces en un juego de espejos enfrentados o transparencias, otras de cajas dentro de cajas. Hay relaciones que parten desde la concepción de cada uno de los libros como un espacio que puede ser recorrido, ocupado, referido o revisitado, más que como un conjunto de textos dispuestos en un orden lineal. Desde mis primeros escritos me ha desconcertado eso que conocemos como realidad. A través de los escritos intento averiguar qué es, de qué se compone, cuáles son sus posibilidades. Luego de varias de estas indagaciones y como una especie de conclusión, podría decir que es la situación esa unidad básica con la que se construye la realidad y permite el registro de lo ocurrido en la memoria. En las situaciones está presente el tiempo, el espacio y el flujo de pensamiento, emociones, sensaciones o imágenes, es en este cruce donde aparece la arquitectura, el cuerpo y la palabra poética, como mediadores entre todas esas dimensiones que abarca una situación. La arquitectura me interesa de manera especial, porque la entiendo como una proyección de la mente humana en el mundo natural, material o real, como quiera llamarse, lo modela, lo cambia. La mente impone formas que nacen del pensamiento a la materia, pienso en el poema ‘El poliedro y el mar’ de Anguita como máxima expresión de esta operación. Una operación que no está exenta de conflictos, contradicciones, tensión, la arquitectura no es un simple escenario o telón de fondo de la situación o de la experiencia, sino que la constituye, crea un espacio que es mental y material a la vez para que el cuerpo se desenvuelva, o en muchos casos, se restrinja. Cuando hablo sobre estos temas parece que cayera en la mayor de las abstracciones, pero creo que no existe nada más concreto. Por otra parte, el cuerpo, los cuerpos vinculados a la percepción, a sus capacidades expresivas, modelan a su vez las características de las personas, personajes, hablantes o voces que circulan por esos espacios, añaden texturas, sombras, provocan una familiaridad, una ilusión de permanencia, de pertenencia que hace, por momentos, olvidar el desconcierto de habitar, existir, nacer y qué hay antes, morir y qué hay después, qué es todo esto.

¿Dónde se sitúa tu poesía en relación a la tradición, el canon o a tu “generación” ¿Reconoces algún tipo de pertenencia, lazos, vínculos?

No sé dónde se sitúa, lo que sé es que siempre escribo mirando hacia el lado, me interesa lo que se ha escrito, lo que se está escribiendo ahora, lo que quieren mostrar las películas, las maneras de decir las cosas en la calle, en la televisión. Creo que es un contrasentido buscar la originalidad, la obra única y de autor en una cultura que es en esencia una creación colectiva. Yo escribo con palabras en un idioma que se ha ido modelando  por cientos o miles de años por diversas intervenciones. Cuando siento que alguien ha realizado un hallazgo dentro de estos temas que me interesan, quiero escribir algo a partir de eso: poemas o libros gemelos, como esas ventanas dobles, una junto a la otra, que se puede encontrar en algunas construcciones antiguas. En el caso de mi generación en particular, he escrito a partir de textos de Damsi Figueroa, en ‘Adornos en el espacio vacío’, ella y su poema ‘Convite’ encarnan una faceta de Alicia en su proceso de multiplicación. Mi libro Mori Mari Monogatari surge de My She, un personaje que instaló Antonio Silva en ‘Analfabeta’, hay también una continuidad a las reflexiones que hace acerca de la cruz. ‘Cuerpo perforado es una casa’, es una reescritura de ‘Electra’, de Carolina Celis, con una yo que se instala de regreso en la infancia, con toda la perplejidad, la belleza y el horror de esos años. Además, en ese libro intento generar un diálogo con ‘Jardín’, de Dulce María Loynaz, de quien tomé algunos versos a modo de rompecabezas para configurar una especie de banda sonora.  Creo que mi poesía se desenvuelve en acciones como observar, seleccionar, ampliar y combinar lo que ya existe o lo que ya se ha pensado más que en crear algo a partir de la nada. En este sentido, prefiero las apropiaciones a las citas, manipular las fuentes, jugar con su plasticidad. Mi énfasis está puesto en cómo conectar, relacionar o generar nuevos contextos para estos hallazgos.

¿Qué autores lees con interés?, ¿Qué buscas en ellos?

Tengo mis autores favoritos, creo que esa lista la encabeza Felisberto Hernández. La manera en que se desenvuelven sus cuentos, las relaciones con el cuerpo y los espacios de las que hablábamos no deja nunca de sorprenderme y de envolverme en pensamientos inesperados, me gusta la forma en que él valora lo inesperado como algo que debe atesorarse, no el hecho inesperado en sí, sino el trazado de recorridos que desembocan en algo inesperado. Podría nombrar a tantos otros, entre los chilenos a Eduardo Anguita, a Gonzalo Millán, a Juan Luis Martínez, cómo no. Pero también hay otros que no parecerían relacionados, me gustan los escritos de Pasolini, estuve enamorado de Jean Genet, creo que todavía lo estoy, de Mishima, del Marqués de Sade, de Leonora Carrington, van a quedar muchos sin nombrar. Lo que me interesa en ellos es que, si bien hay una transgresión, no es una finalidad, sino una manera de escarbar en lo que se da por sentado, de cambiar el foco, el punto de fuga en lo que se acepta como cierto, como correcto, como normal, para dar atisbos de que no existe nada que pueda darse por sabido.

Dejamos a continuación un poema que el autor escribió tras la publicación de Inmuebles:

 

Inmuebles

Ya han visto a Alicia dentro de Adorno y a Adorno dentro de Alicia
han visto a los simios y al pavo real
han visto comportamientos y maneras de hacer
han oído al atormentado hablar sobre magnetismo
a la psíquica hablar sobre “el cuerpo que crece”
a los cuerpos hablar sobre los edificios
a la anciana disfrazada de niña
fabulando pasiones como una diosa demente
han visto al hombre y a la mujer
a la cabeza sola gesticular en el vacío
han visto a los bailarines representar horrores
sobre trescientos sesenta y cinco fondos escenográficos
han visto figuras de plástico y de oro
cosas duras y blandas
muebles, tapices, espejos
obras de arte
y edificios y ascensores

Han visto a un hombre procedente de Ucrania
una luz encenderse, apagarse y encenderse
han visto a dios y a los demonios como extremidades de una emperatriz
movidos como guantes
puestos en la mano de cinco dedos del hombre

Han visto al poeta travestido de muerte
vociferando
convulsionando
¡no vivan, suplanten!
¡no pesen, floten!

Yo que cuento esta historia
y que estoy tan triste
debería
huir del personaje
o decir cosas que no puedo
porque las frases podrían sonarle bien a más de alguno
que comenzaría a repetirlas una y otra vez y luego las frases
rebotarían entre las bocas, los papeles y las salas de doblaje
serían amplificadas en lo que se conoce como “la realidad”
alguien gustaría del color de la palabra
de la sonoridad de la palabra
alguien comería la palabra
o la dibujaría una y otra vez sobre el mundo
hasta convertirla en un nuevo fondo decorado

De modo inevitable
construiríamos otra vez
una densa red
otra vez atrapados
en una densa red

(Cae la cortina, es un velo, fin del primer acto)

 

Foto: Ignacio Muñoz Cristi

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