Revista Intemperie

¡Todos fuimos hijos de la transición! Entrevista con María José Viera-Gallo

Por: Bernardita Yannucci
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María José Viera-Gallo, escritora y actualmente tutora del Taller de Autobiografía en Intemperie, recientemente ha publicado una reedición de su novela Verano Robado. Hablamos con ella sobre la re publicación, su visión de la literatura de ficción y no ficción, entre otras cosas y esto fue lo que nos dijo.

 

¿Desde dónde nace la idea de publicar una nueva edición de Verano robado? ¿Influyó en ese proceso el deseo de volver a estar vigente en los lectores más jóvenes?

No fue mi idea. Quiero decir, fue idea de mis lectores. No encontraban las primeras ediciones del 2006 por ningún lado, excepto en San Diego o mercado libre. No tengo nada en contra de esos lugares, pero es triste entrar a una librería y que un libro no esté. Me pasó siendo más joven con autores que amaba y era frustrante. Esta reedición viene a reponer esa falta. La vigencia entre esos lectores más jóvenes no fue mi trabajo. Se dio de manera natural, voz a voz. Para mí, Verano Robado siempre fue mi primera novela, un libro gestado muy joven, a los 23, no mi carta de presentación eterna.

Al leer esta nueva edición, pareciera que se tratara de una nueva historia, idea influenciada quizás por el diseño, las ilustraciones y los extras. ¿Crees que es posible que los libros cambien para cada lector según la época que los lee y relee?

No estoy de acuerdo. El argumento, el ambiente, los personajes, todo está ahí, igual que en la primera versión. Sólo cambié el final, agregué dibujos y le di más protagonismo a Dangil con su carta inédita. Creo en la rescritura y si metí mano fue ahí donde vi que crecía maleza a nivel formal más que nada, de redacción… porque tengo un problema con el castellano, lo pienso al revés. El cine llama a esta intervención tardía “director’s final cut”, la música habla de remixes…la literatura se refiere a versiones ampliadas, etc. Me parece que la auto-edición que le hice permitió que el libro tomara una ducha y volviera más limpio. No fue gran cosa.

El 2015 realizaste en Intemperie un taller de narrativa enfocado precisamente a historias como la que podemos encontrar en Verano robado, un bildungsroman donde el viaje desde la adolescencia hacia la adultez se configura como un hilo central. ¿Cómo ves el desarrollo de este tipo de escrituras en el ámbito nacional e internacional?

Pobre. Bobo. Disneyizado. Mis alumnos piensan igual y me alegro de que quieran remediar esto. ¡Salieron buenos proyectos del taller! Ocurre que el género ha sido reemplazado por la triste etiqueta de Literatura juvenil y ya sabemos qué es lo que se entiende por juventud hoy día. Protagonista adolescente no es igual a libro adolescente. De hecho hay muchos libros adultos tremendamente inmaduros. Da para debatir. Si tú vas a una librería en Nueva York, El guardián entre el centeno de Salinger, Matar a un ruiseñor de Harper Lee o La campana de Cristal de Sylvia Plath están destacados en el estante del medio, con los demás. Por suerte con Verano Robado algunas librerías hicieron lo mismo acá. Mala Onda dejó a escritores y editores estúpidamente traumados y nadie se atrevió a escribir desde ese lugar. Una pena. Porque en rigor, Bonsái, por ejemplo sí entra en el género bildungsroman, aunque no lo haya buscado y evite plantearse así. Lo mismo que Ruido de Bisama, que asume totalmente el viaje adolescente en provincia. Novelas como Joven y Alocada, Incompetentes y Mamá y papá hacen lo suyo. Personalmente tengo muchas esperanzas en la novela de Dani Hidalgo que saca ahora Hueders, Manual para robar en supermercados. ¡Va a llenar un hueco importante!

Este año estarás realizando talleres de escritura autobiográfica en Intemperie y es inevitable hacerse la pregunta ¿qué hay de María José Viera-Gallo en los personajes que construye? ¿Livia Spector, la protagonista de Verano robado, tiene algo de tu adolescencia?

Livia es la menos yo, aunque existe la tentación de hacernos una, por morbo. Para Verano Robado he dicho que sí tomé de mi pasado adolescente, elementos, sensaciones, que animan el paisaje y el espíritu del libro y tiene que ver con mi “antiguo” mundo. Hay un sentir generacional que obviamente no me lo inventé. ¡Todos fuimos hijos de la transición! La noche, el carrete, el desenfreno, la música, el sexo, el amor, la crisis de identidad es parte de una cultura “noventera”, como dicen hoy día, que no niego, al contrario homenajeo. Mi libro más autobiográfico es otro en todo caso: Memory Motel. Ahí conté mi ruptura matrimonial y posterior duelo en NYC, sin trucar nada salvo los nombres. Pero eso quedó entre los amigos que lo leyeron. Me he acercado peligrosamente a mi “yo”, como en Cosas que nunca te dije, donde sí me veo en la niña de “Zurich” o la mamá de “El Reino”… y lo que se viene pronto, es definitivamente pura y santa auto-ficción.

¿Crees que Verano robado es de esas historias que podría pasar en cualquier época?, es decir, ¿podría situarse en un verano quince años después del que sirve de escenario para la novela?

No. Me parece que funciona en su contexto, es decir el trance entre fines de los 90s y el inicio del dosmil. Es un momento amorfo, de bajón, post euforia. Livia lo dice así: la fiesta se acabó que es como un chiste a Paris era una fiesta de Hemingway. Si Verano Robado transcurriera hoy día habría que meter redes sociales, teléfono, a mi me da mucha pereza y me desagrada la presencia de la tecnología en la literatura y en el cine. La desolación –que es uno de los temas del libro- sólo alcanza su máximo esplendor estando desconectado, algo que resultaría forzoso de plasmar hoy.

Generalmente suelen establecerse límites entre la ficción y lo autobiográfico. Según tu experiencia como escritora, ¿te parece válido establecer límites o simplemente no es algo que influya a la hora de escribir?

Los límites son para los niños no para adultos que escriben. ¿A Bowie le preguntaban si sus canciones eran autobiográficas? Hay mucho de verdadero en el artificio y falso en lo supuestamente verdadero. La honestidad del libro se siente sola, vibra per se, sin que un editor lo clasifique. La literatura está llena de convenciones y es tarea del escritor romperlas, estirarlas, llevarlas al extremo. No soporto leer cuentos o novelas bien escritas de acuerdo a su género, soy más feliz leyendo cosas raras, libres…que expongan algo personal poderoso.

¿Te parece que en la actualidad las escrituras de no ficción están teniendo cada vez más espacio, tanto de publicación como en los lectores? ¿Tienes algún autor favorito dentro de este amplio género?

Sí. Aunque no es nada nuevo. Werther de Goethe abrió el límite. Antes Rousseau, San Agustín y todos los franceses con sus diarios íntimos. Me parece lógico que en un mundo que se hizo reality, la literatura también pueda serlo. En un mundo que se hizo fábula, que se instagramizó, los lectores necesiten que le cuenten cosas que se sientan verdaderas. Tengo predilecciones “norteamericanas”: Joan Didion, es una; Lydia Davis es otra. El año del pensamiento mágico y El fin de la historia, narran lo mismo: la obsesión por reconstruir una relación que ha muerto. Son libros de un gran autocontrol y a la vez descontrol. Ningún autor hombre podría en ese sentido, haber llegado tan lejos como ellas.

Qué visión tienes de la escena de la narrativa de mujeres en Chile? ¿Crees que ha evolucionado en los últimos diez o quince años?

Si. Hay más mujeres escribiendo y también publicando. Me encanta eso. Antes éramos pocas. Y por eso era más fácil hacernos pedazo (esto lo digo con risa). Claudia Apablaza nos juntó en una antología llamada Junta de vecinas. Y de ahí armó su editorial, La Mujer Rota, indudablemente una evolución. En todo caso creo que falta un poco más de subversión en la escena, no tratar de agradar tanto y hacer bien la tarea. Tengo mis chicas de 20 favoritas. Una de ellas es Ileana Elordi quien escribió el bellísimo Oro.

¿Puedes contarnos un poco sobre tus próximos proyectos narrativos?

No creo que vuelva a escribir ficción pura, me da flojera inventar como dice Lydia Davis, ya tengo bastante con mi vida. Aunque la otra vez fantasié con escribir un cuento a lo Henry James de quien me he vuelto a fascinar. Por ahora espero la publicación de una novela epistolar que escribí con Maori Pérez. Es un libro de amor escrito a tajo abierto, bastante valiente, que seguro dará para chismosear. También se viene por Hueders un libro escrito por mi hijo de 5 y recopilado por mí, basado en lo que pasa por su cabeza. Me está gustando escribir de a dos.

 

Foto: Maori Pérez

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