Revista Intemperie

Derrumbe, de José Leandro Urbina

Por: Matías Ayala
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Derrumbe es el reciente libro de cuentos que José Leandro Urbina (Santiago, 1949) ha entregado a las prensas y con él ocupa un espacio que, si mal no recuerdo, se encontraba vacante en la literatura chilena reciente. En las 170 páginas del volumen hay unos 50 cuentos: algunos cubren varias hojas y, en cambio, otros sólo un pequeño párrafo. Urbina, hace algunos años, adquirió una cierta fama a partir del micro-cuento que practicó con éxito en Las malas juntas (primera edición, 1978) y acá hace gala de esta práctica de la concisión y la concreción. Urbina persiste en el cuento corto a través de los años como una costumbre asentada.

Al igual que en el memorable Cobro revertido (1992) -una de las mejores novelas sobre el exilio chileno- en pasajes memorables de Derrumbre se confunde el registro trágico y el cómico en una mezcla explosiva. El despliegue de una biografía, narrativa o escena pueden presentarse alternativamente como degradación y comedia azarosa, todo depende del punto de vista con que se miren. Estos cuentos toman ambos a la vez, quizá como una postura crítica y auto-crítica. Desconfianza, escepticismo e ironía se despliegan contrapesadas y leídas con humor y dramatismo.

Las historias de Derrumbe hacen una reflexión en torno sujeto masculino de edad media en el Chile actual. El paso del tiempo y los cambios personales y sociales es uno de los temas predominantes en este libro. Se muestra así un contraste entre la vida social y barrial de la infancia y juventud en los años 60 y los 70 (hasta el Golpe de Estado) y la sociedad contemporánea formada y deformada por el capitalismo. Las divergencias afectivas, laborales, mediáticas y políticas se contraponen como un desastre, o alternativamente, como un chiste absurdo o cruel.

Urbina se concentra en esto a partir de la sociabilidad. Con sociabilidad quiero pensar forma que los sujetos se relacionan espacialmente. La casa familiar, el barrio, la oficina, el café, el bar y el restorán, por ejemplo, son los espacios físicos a partir del cual las relaciones se tejen en la presencia, la interacción oral, los ritos de la comida y la bebida. Todo esto podría entenderse como residual de la sociabilidad del pasado, antes que la ciudad se fragmentara radicalmente por la censura, la represión, el mercado y los medios de comunicación durante la dictadura. Derrumbre, sin embargo, no es una evocación nostálgica, o no sólo eso, ya que se logra traer al presente la sociabilidad espacial. Acá las relaciones familiares, amistades, colegas y trabajos siguen siendo de importancia y permanecen en la actualidad, aunque desfiguradas.

Además, quisiera remarcar la representación del cuerpo y la enfermedad en este libro. Hay repetidos personajes que envejecen, enferman y mueren en estas páginas. Por lo general, son los familiares los que deben cuidar a esos envejecidos cuerpos vulnerables. Los viejos, eso sí, no están idealizados en su dependencia ni degradados por su edad, más bien son un cuerpo y una vida que administrar. A veces hablan, pero poco; suelen estar por ahí. En el primer texto “Abnegación” una anciana enferma logra sobrevivir a su hija que la cuida, como si la vieja misma le hubiera traspasado la muerte y, posiblemente, lo haga de nuevo con la otra hija.

En contraposición con la muerte, el sexo tiene una presencia constante y multiforme en Derrumbe. El erotismo encarna un vitalismo subjetivo y una diversidad interpersonal que se retrata como un elemento que no se deja modernizar. El sexo -lejos de la masificada pornografía de Internet- aún no está cooptado por el capitalismo digital (“24/7″ diría Jonathan Crary). Urbina así sigue el legado de los años 60 y para él el sexo es un espacio subjetivo y social liberación. En “Herencia”, por ejemplo, un caballero sobrevalora algunas revistas pornográficas o en “Passionata” el macho latinoamericano acepta tener sexo con un travesti.

El dinero y el delito es el último rasgo de este libro que quisiera anotar. Ambos se juntan ya que la forma más fácil y segura de conseguir dinero es la ilegal: el robo. En Derrumbe hay persistente ladrones: algunos en la propia familia (“El ladrón” y “Winner”); otros para ella (“Día de la madre”). Al dinero y al deliro se le une a veces el sexo (“Iluso”) y la mentira. En el desigual capitalismo chileno de principios del siglo XXI -en donde el consumo y la deuda son las maneras en que se forman las subjetividades- el delito es la forma expedita de adquirir dinero y bienes. En el actual sistema dan ganas de ser ladrón. Los empresarias chilenos son los primeros en demostrar esta máxima anarquista. El ladrón al igual que el empresario hacen circular plusvalía del trabajo.

De esta manera, el libro de cuentos de José Leandro Urbina trenza una serie de asuntos en donde el pasado se enfrenta con fuerza y decisión. Sociabilidad, espacios urbano, paso del tiempo y envejecimiento, el dinero, el sexo, la ilegalidad, entre varios otros, son los temas relevantes de esta volumen. Ya sea a través de una resolución distanciada o patética, Derrumbre los enfrenta como forma de darles sentido y hacer, entonces, literatura.

 

Derrumbe

José Leandro Urbina
Santiago, Lom, 2015

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