Revista Intemperie

Poesía 2015. Los libros recomendados

Por: Revista Intemperie
poesia 2015

Poetas, críticos y colaboradores de Intemperie recomiendan lo mejor en poesía del año que recién se acaba, partiendo por la obra reunida de Gustavo Barrera, con dos menciones

 

inmuebles

Inmuebles. Obra reunida (2001-2010), de Gustavo Barrera Calderón (Das Kapital)

Habiendo en poesía muchos y muy interesantes títulos publicados durante 2015, me quedaré con “Inmuebles”. Obra reunida 2001-2010, de Gustavo Barrera Calderón, publicado por Das Kapital Ediciones. Evidentemente hay un valor agregado en un libro como éste, que reúne todo el trabajo de uno de los poetas más queridos y reconocidos de su generación, que más allá de la poesía en sí misma nos permite aquilatar la Obra de Gustavo Barrera. De “Exquisite” a “Cuerpo perforado es una casa”, Barrera luce enorme sensibilidad, compone imágenes de indudable belleza, trabaja reflexivamente la memoria y la realidad, ensaya dentro de las formas líricas y dramáticas, en fin, es difícil enumerar las virtudes de una labor que ha cuajado de múltiples y delicadas formas en cada nuevo libro. Creo que estamos ante un Poeta que ha ido construyendo una auténtica Obra, así con mayúsculas, y que Inmuebles da plena cuenta de ello. (Por Rodrigo Hidalgo)

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La obra reunida (ese festejo en vida del autor) nos permite leer un proyecto en construcción. Si bien sabemos que el corpus se ampliará, agradecemos la pausa que reúne y, a la vez, proyecta una mirada doble hacia una porción del pasado, y hacia el futuro. Toda obra reunida es un trabajo con el tiempo, una lectura desde el presente que permite conocer y homenajear al autor mientras cimienta su obra (“¿será que la obra reunida nos ofrece una manera de detener el fluir del tiempo?”, se pregunta Francine Masiello en su libro El cuerpo de la voz). La entrega que nos hace Das Kapital este 2015 va al rescate de una de las voces más particulares de la poesía chilena, permitiéndonos leer en un mismo tomo libros elogiados como Adornos en el espacio vacío (2002) y Cuerpo perforado es una casa (2010), así como también los inubicables Exquisite (2001) Mori Mari monogatari (2007). Como una especie de (auto)biografía, este libro (re)construye el hogar escritural de Barrera, que en el caso de él también es cuerpo. Inmuebles reúne una serie de textos que nos permiten leer el estilo del poeta, y, más allá, escuchar su inconfundible voz. Reunir la obra de Gustavo Barrera era, ciertamente, una necesidad, incluso un acto de justicia. (Por Gastón Carrasco)

prohibiciones y titulos

Prohibiciones y títulos, de Sebastián Astorga y Gabriel Zanetti (Lecturas)

Es extraño alegrarse de destacar un libro en el que uno esté prohibido, no para desacreditarlo si para aplaudirlo de pie. Un libro que se desmarca con astucia de toda categorización y género y se pone del lado de la literatura de frontera, es decir, una escritura hecha de riesgo e intensidad, mestiza y socarrona, sagaz.

Un libro además escrito por dos excelentes poetas con sus propias búsquedas y fuerzas en el que no notamos quién es quién en tal o cual aseveración, idea de título de libro, siempre subrayado por el humor, esa lógica sutil, como piensa Horacio. Un verdadero Codex bufonesco en el país del tonto grave, los prejuicios, las buenas intenciones y el cahuín. Jamás al margen de la vida, de cara a la realidad, esa palabra que siempre debiera ir entre comillas como señala Nabokov. Poetas que aquí supieron fluir, acaso porque entienden que más allá de las contradicciones aparentes o el desprestigio, subyace la fuerza imperiosa de la máxima de Epitecto: Todos los asuntos tienen dos asas: por una son manejables, por la otra no. Nada es manejable en este libro.

Creo que Prohibiciones y Títulos, es parte de la familia de libros imprescindibles del corpus poético nacional, laterales en la medida que modifican el centro, pienso a vuelo de pájaro en los Artefactos de Nicanor Parra, Luis XVI de Paulo de Jolly, La nueva novela de Juan Luis Martínez, El libro de las preguntas de Pablo Neruda, Apología de la droga de Mario Verdugo, Arte marcial o el Libro de Guarda de Bruno Vidal, Los Sea Harrier de Diego Maquieira, Metales pesados de Yanko González, Adornos en el espacio vacío de Gustavo Barrera, My Lai de Carmen Berenguer, Altazor de Vicente Huidobro, Escritura de R. Contreras, etc. Una serie de volúmenes que imponen una búsqueda experimental sino que también fundamental del ser y en la que subyace una clave crucial de todo libro pendenciero y arrebatador en la forma y en el fondo. (Por Ernesto González Barnert)

portada el Yllu.ai

Yllu, de Soledad Fariña (Lom)

Yllu, la onomatopeya que da título al libro, que la autora extrajo de una cita de Los ríos profundos, de José María Arguedas, se propone como una metáfora de la verdad en torno a la memoria familiar: una serie de notas tan leves como las que producen las pequeñas alas que se baten en el aire; una vibración tenaz, un soplo que las palabras pueden evocar y traducir. “Y dónde estarán los pájaros, me pregunto, está todo tan quieto, pero atrás, muy atrás, mi memoria de sol me está trayendo un aleteo”. El libro, organizado en cuatro secciones (Devaneos del padre, El canto de la madre, Fábulas del hijo, Mis hermanas) nos habla acerca de la herencia simbólica de vidas unidas por lazos sanguíneos. Pero esta especie de línea argumental es apenas la puerta de entrada a un poemario que va ensamblando sus partes en una variedad de formas –versos, prosa poética, diálogos- para ponernos frente a una poesía de alcances metafísicos, profunda y depurada, en la que el paisaje natural adquiere sentido en las habitaciones mentales. Yllu es, me parece, una cumbre dentro de la escritura poética de Soledad Fariña, esa que empezó a revelar recién pasados los cuarenta, con una persistencia y una laboriosidad que han dado a la luz más de una decena de libros que la sitúan como una de las voces literarias más potentes en la actualidad. (Por Verónica Jiménez Dotte)

la destruccion del mundo interior

La destrucción del mundo interior, de Juan Santander Leal (Overol)

Mucho me habían hablado de Allí estás, publicado en 2009, libro imposible de conseguir. Ahora conforma la primera parte de este título, inteligentemente construido por el editor, además de ser un gesto atinado para los lectores, puesto que lo sigue Cuarzo (Marea Baja, 2012) que ya había leído con gusto y Agujas de 2005 poesía hasta hace poco inédita. Todo parece una observación extrañada del amor, del deseo, de un norte de Chile fantasmal, del diario vivir y, de forma directa o solapada, de la literatura, donde muestra algunas posiciones. Los elementos, las preocupaciones estéticas de Santander son conocidas. Esta especie de transparencia y una neutralidad que no es tal, sino que es un efecto de neutralidad, por ejemplo. Este título se disloca de manera interesante en su conjunto, como suele suceder con las novelas-río. Una nueva extrañeza aparece desde su construcción estructural (juntar todo lo escrito por el autor en un solo volumen), el silencio del final de la lectura que intenta traer palabras consigo. Del mismo modo el oficio del poeta provoca una lectura fluida que es de alguna manera una trampa, puesto que no detenerse, no reconfigurar la propuesta del autor hace que se pierda mucho de sus textos. Es justamente eso lo que lo hace uno de los libros de poesía que vale la pena leer publicados durante este año. (Por Gabriel Zanetti)

play

Playlist, de Ernesto González Barnert (Overol)

El joven sello Overol, con cinco títulos publicados en su primer año, debuta con Playlist de Ernesto González Barnert, premio Mejores Obras Literarias 2014 de poesía inédita. En el conjunto asistimos al rítmico pasar de un soundtrack cotidiano, capaz de ir desde la adolescencia grunge de los noventa hasta los clásicos FM como Charles Aznavour o Eros Ramazzotti; asunto que la crítica consideró su eje central, pero que me parece secundario en comparación a la forma en que el autor resuelve los poemas. Más allá de unificar textos, temáticamente, en torno a canciones, artistas o situaciones que tienen como fondo un determinado playlist, González Barnert nos propone una forma de lectura que asume como modelo el dejar correr la lista de reproducción. La soltura de mano del poeta posibilita un ejercicio fluido de lectura capaz de generar un efecto de continuidad, parecido a escuchar una canción en Winamp, Windows media player o Spotify (con esa simpleza y complejidad a la vez). Los versos cortos evocan un estado emocional/musical que funciona independiente al acervo o background musical de cada lector. En definitiva, Playlist entiende de buena manera las formas de (re)producción del presente y consigue plasmar la relación afectivo-musical que involucra. (Por Gastón Carrasco)

retrocometa 

Retrocometa (Garceta) y Buenas noches, Buenos días (Libros del Pez Espiral), de Pedro Montealegre

A riesgo de incurrir en la fascinación por el poeta suicida, y entendiendo que la apreciación de esos libros está inevitablemente cruzada por la agregación de sentido o la distorsión de sentido que produce su muerte, me atrevería a decir que la densidad a ratos alucinatoria de esos libros, que trascienden la mera sátira o la utilización de referentes esotéricos para saldar literalmente cuentas con los vivos, de una forma que es paralelamente terrible y amorosa, sexuada y desilusionada, en una especie de jugarse el todo por el todo que está entre lo más impresionante que yo haya leído últimamente. (Por Juan Pablo Pereira)

el nacimiento de la hebra

El nacimiento de la hebra, de Julieta Marchant (Edicola)

He visto muchos sitios que no podré calmar con un nombre, cita Julieta Marchant, en forma de epígrafe, al comienzo de su tercer libro de poemas, El nacimiento de la hebra. Sin embargo en este volumen –que se articula como una narrativa en búsqueda de algo–, el lenguaje parece calmar al menos algunas cosas, al menos por algunos momentos. A partir de recuerdos cotidianos, entrelazados con meditaciones de vuelo espiritual, Marchant pretende colarse del otro lado del lenguaje, en lo primigenio y lo oculto, donde arriba para palpar una especie de pérdida, o dolor. Alejado de “sentimentalismos” (estoy usando las palabras de modo aproximado), el tono de los poemas trasunta finalmente un ánimo de despedida, como si el sentido profundo de la existencia humana fuera el alejarnos de algo que alguna vez nos pertenecía. En esta nostalgia por una plenitud perdida, el gesto poético de Marchant resulta casi eliotiano, a contrapelo de la sensibilidad contemporánea, en una búsqueda que sólo parece resolverse entre los polos quizás contradictorios de la infancia perdida y el deseo. (Por Pablo Torche)

el instante no es decisivo

El instante no es decisivo, de Gastón Carrasco (Balmaceda Arte Joven)

Editado cuidadosamente por Balmaceda, el poemario debut de Gastón Carrasco plantea desde el título la posibilidad de una poesía anticlimática. El libro se organiza como un álbum de fotos-momentos, a través de los cuáles se examina el arte de la fotografía, pero sobre todo la posibilidad de la imagen poética de capturar lo real, de rendir un significado. A partir de instantáneas históricas, o famosas (pero esto no parece lo más importante), Gastón Carrasco elabora un lenguaje sin aspavientos para dar cuenta de momentos, o miradas, en que la luz se da cita con la memoria, o el instante con esa especie de destino, que toda fotografía parece destilar. No por lo parca la mirada de la mirada que ejercita Carrasco resulta menos fascinada, o conmovida.

Hacia el final, el libro avanza hacia instancias más programáticas: No sé si lo correcto sea hablar de memoria / tampoco historia, mucho menos con mayúsculas / mejor hablar de lodazal y punto, cambio y fuera. Un lenguaje que circula de la limpidez a la turbiedad, otra de cuyas lecturas posibles es la pregunta por la forma en que la mirada estética se cruza con el curso de la historia, y la política, inmortalizándolos, pero a la vez desfigurándolos para siempre. (Por Pablo Torche)

 

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