Revista Intemperie

“Vive rápido y muere viejo”: Cuando se nos van yendo los íconos

Por: Arlette Cifuentes
motorhead

 

De un tiempo a esta parte grandes músicos y representantes del rock más potente nos han ido dejando lentamente, en una época donde la añoranza por sonidos estridentes ha sido reemplazada por bases más electrónicas, cuestionando incluso, la originalidad de los nuevos sonidos.

Desde el comienzo del nuevo siglo hemos sido testigos de como George Harrison, Syd Barrett, Layne Stayle, Paul Gray, Dimebag Darrell, Johnny Cash, Ronny James Dio, Jeff Hanneman, Lou Reed, Peter Banks, Ray Manzarek, Joe Coker, Jon Lord, entre otros, han dejado este mundo, tras accidentes, excesos de drogas o sencillamente enfermedades generadas por el desgaste corporal derivado del prolongado abuso de sustancias. Este año Scott Weiland y ahora  Lemmy Kilmister se reunieron a las filas de quienes dejaron de habitar este mundo para seguir rockeando en otro plano.

La reacción no se deja esperar, miles de personas de todo el mundo llenan las redes sociales para lamentar y honrar la muerte de estos astros. Hay un dejo de vacío que comienza a brotar poco a poco, pues sabemos que este espacio que ha quedado no será reemplazado por nuevas generaciones, algo así como el lugar que dejó Jimmi Hendrix, Elvis Presley o Janis Joplin.

Los músicos que han partido son individuos que participaron en la creación de nuevos sonidos, aportando con el quiebre de estructuras, aportando una crudeza pura que parecía ser anhelada.

Es así el caso de Lemmy Kilmister, quien parecía ser un ícono inmortal, una leyenda viva que despertaba atracción por su visión de vida y su modo de desenvolverse en ella. Lemmy vino a este mundo sólo a disfrutar y a rockear, a derrochar dureza, a vivir una vida de rebeldía y ensueño para quienes a veces soñamos con no vivir encerrados en un sistema, viajando, exaltando lo dionisíaco, creando música, sin importar lo que piense el resto.

Si bien  esta rudeza cruda y virilizada puede presentar variadas críticas por sus letras y su diferenciación de género, no nos puede dejar de gustar. El rock es necesario para nuestros cuerpos, es necesario mover la cabeza y contornearnos, saltar y participar de algún concierto o tocata apretados y sudados, porque es capaz de generar un momento catárquico en el que la liberación de la libido causa una especie de euforia y sedante al mismo tiempo. La música de Motörhead, al igual que muchas bandas, nos entrega la adrenalina necesaria para continuar nuestro día a día. Por eso genera algo de angustia el ver que cada día son menos quienes cumplirán con este rol ¿podrán lo sonidos tecnologizados provocar esta catarsis? ¿Podrá alguna banda retomar lo ya hecho?

Lemmy Kilmister nos deja, pero al mismo tiempo, al igual que muchos, no nos deja con las manos vacías, en su legado hay canciones y declaraciones de lo que es ser auténtico y autónomo, hacer las cosas a su propia manera sin ajustarse a los moldes impuestos por los demás ni a las necesidades de los demás, a seguir su intuición y a ser feliz con lo que hace. A diferencia de muchos dijo en una oportunidad “Vive rápido, muere de viejo”, apelando a la idea de vivir el presente en pleno placer lo más posible y lo logró, lo único que lo podía parar era la muerte y lo sabía, por eso también en una oportunidad señaló: “Cuando muera será un buen momento para dejar de tocar, porque allí es cuando Dios te dice que debes moderarte, cuando mueres”.

Tal vez si tan sólo le hiciéramos un poco más de caso a estas personalidades que llenan nuestros oídos de dicha y vida, no tendríamos que conformarnos, sino que podríamos vivenciarlo en carne y hueso.

 

Foto: rollingstone.com

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