Revista Intemperie

Relatos de una peluquería de barrio en Raúl, de Matías Venables

Por: Ignacio Alfaro
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Raúl es la ópera prima de Matías Venables, joven director chileno que desde 2011 viene trabajando en este proyecto. La película, tras participar en varios festivales de cine nacionales e internacionales – entre los que destaca Locarno, Lima Independiente y Cine B (donde ganó Premio del público a Mejor Película) –, estrenó por fin en los cines nacionales. El filme cuenta la historia de Raúl, un peluquero de barrio, que pronto a cumplir 30 años trabajando en su peluquería decide emprender una búsqueda para encontrar su lugar en el mundo. Tras esta primera capa se esconde una profunda reflexión sobre las formas en que interactúan las personas hoy en día, sobre la importancia de contar nuestras historias y la soledad en la que vivimos. “En realidad todos tenemos algo de Raúl – nos comenta el cineasta – todos somos muy Raúl. No nos pasa nada en la vida, pero si la contamos bien, puede parecer la raja”.

Nos reunimos con su director en un bar ñuñoíno para hablar sobre su recién estrenada película y su relación con el Chile contemporáneo.

En la película hay citas de, al menos, dos escritores: Juan Emar y John Kennedy Toole; dos escritores a quienes el reconocimiento les llegó tras su muerte y que vivieron su vida como verdaderos excéntricos. ¿Es Raúl un personaje excéntrico, un hombre incomprendido?

Yo no sé. No sé si un incomprendido, no sé tampoco si es un excéntrico. Yo la verdad es que creo que todo lo contrario. Yo quise hacer de Raúl un personaje normal, y que su problema en la vida fuera ser demasiado normal, un tipo al que no le pasa nada en la vida. No creo que eso sea ser una persona excéntrica, creo que todos somos así, nuestras vidas son planas y sin sentido. Lo que pasa, es que hay formas de mentir o decir que nos están pasando muchas cosas, que tiene que ver con los relatos que armamos sobre nosotros mismos. Pero en realidad todos tenemos algo de Raúl, todos somos muy Raúl. No nos pasa nada en la vida, pero si la contamos bien, puede parecer la raja. Raúl es el portador de una realidad que todos vivimos.

Háblanos de la búsqueda en la que se enfrasca Raúl.

Para mi gusto la búsqueda de Raúl es genuina. Ha tenido una vida de mierda y ve que todo su entorno está lleno de relatos y de cosas, y él sale en busca de eso. Trata de modificar su vida para que le pasen cosas que después puedan ser contadas.

Raúl es un cine que tiene una capa aparente relacionada con un conflicto interno de un personaje, pero bajo esa capa se habla de una suerte de funcionamiento colectivo. Que no tiene que ver con un tema político, pero sin dudas está relacionado, habla sobre cómo nos contactamos desde la apariencia, y esto está relacionado con el contexto político y económico en el que estamos inmersos. Habla de cómo se comportan ciertos individuos en un determinado contexto.

A lo largo de la película no aparece música de manera extradiegética, es decir, no hay música que provenga desde el exterior del mundo narrado, solo hay música en breves fragmentos como parte del ambiente por donde circulan los personajes. ¿Podrías hablarnos de la musicalidad de Raúl?

Sí, esa fue una decisión totalmente consciente. Yo pasé por un momento radical en el que pensaba que había que evitar la música extradiegética, o incidental, porque se le daba un uso que tiene como único objetivo facilitar la transmisión del mensaje al espectador. Y claro, alguien te puede plantear: ¿y cuál es el problema de facilitar la transmisión del mensaje? Las películas comerciales hacen eso todo el rato, quieren que uno entienda quién es el bueno y quién es el malo rápido. Y eso en realidad no tiene ningún problema. Para aquellos que quieren un cine más fácil, en el que el mensaje sea claro y los personajes transparentes, perfecto que ocupen música para eso. Pero yo tengo otra concepción de lo que debe hacer el cine, que tiene que ver con que proponga cierta idea y permita que el espectador tenga variadas posibilidades de interpretación de ésta. Lo que yo intento hacer es construir mensajes polisémicos, que tengan muchas posibilidades de sentido.

Y esto en realidad tiene que ver con la vida. Yo en mi vida a veces no sé qué me pasa, me preguntan cómo estoy y respondo bien o mal, pero en realidad no estoy bien o mal, nunca es tan simple. Entonces para mi gusto el cine debería tratar de transmitir algo similar a eso. En ese sentido creo que la música cuando es incidental puede jugar en contra, ya que transmite un mensaje directo desde el director al espectador, es un mensaje que ni siquiera está escuchando el personaje. En cambio cuando la música es diegética, el mensaje pasa de una manera más sutil, es un mensaje que está mediado.

¿Y el cine tiene que parecerse a la vida?

Esto es complejo y tiene que ver con las concepciones profundas que uno tiene del cine y sobretodo de la vida. En todo caso, para mi gusto sí. Yo quiero que el cine que yo hago se aparezca a cómo yo veo o vivo la vida, y yo veo que la vida tiene múltiples sentidos, que hay un conflicto enorme entre las distintas interpretaciones de la realidad. Quiero un cine que dé para discutir.

Yo creo que un cineasta debería estudiar sociología, psicología, antropología, filosofía y después puede ser cineasta. Por supuesto que no se puede obligar a hacer tal cosa, pero al menos uno puede intentar hacer un cine que discuta de problemas más profundos y si el día de mañana haces clases o puedes influir a otros, hay que incentivar eso.

Raúl pareciera tener una estructura circular, o repetitiva, en donde hay planos y diálogos que aparecen varias veces durante la película. ¿Intentas desarrollar una visión de la vida con esto?

Sí, en parte sí. Cuando yo quise representar la vida de Raúl, quise representar una vida rutinaria, a partir de un lenguaje cinematográfico, por ejemplo en que cuando Raúl llega a su peluquería sea siempre el mismo plano o en que los planos de los diálogos con los clientes sean siempre con ángulos picados y contrapicados.

Lo de los diálogos, absolutamente. Y esto trata uno de los temas centrales de la película, al menos para mi gusto. Que es el tema de los relatos que nos contamos, de la necesidad que tenemos de contar relatos para sentirnos vivos.  Me doy cuenta de cómo funciona la vida, de cómo es necesario contar nuestras historias y contarlas bien para que el otro se interese en ti.

La Peluquería Unisex Raúl, es una clásica peluquería de barrio, y el personaje deambula siempre por un ambiente barrial. ¿Cómo aparece el tema de la ciudad o del barrio en tu película? Hay una cierta nostalgia en esta recreación del barrio, ¿no?

Sí, de todas maneras. Raúl es un tipo que se mueve siempre en su barrio, y es un barrio que cada vez queda menos en Santiago. Esa peluquería que tiene Raúl es una peluquería que se está cambiando por el tipo de peluquería de comida rápida, de centro comercial. En la película hay un cierto rescate de esa peluquería y de la vida de barrio.

De todas formas una de las cosas que nos planteamos en la película es que fuera un poco atemporal. La película podría ocurrir en los 50. De hecho hay muchos que encuentran a Raúl un tipo estancado, pero también podría ser que él valore ese mundo en extinción.

Entonces ahí aparecen las inmobiliarias que se mezclan con el conflicto personal de Raúl. Vienen y en el fondo le dicen a Raúl que se jubile. Imagínate, si ya está medio muerto trabajando en esa peluquería, si la vende hubiese terminado de morirse.

Raúl pareciera ser un hombre sumido en una soledad insuperable. No sabemos de ningún familiar ni amigo, pareciera no interactuar con ninguno de los otros personajes, ni siquiera se acuerda desde qué edad trabaja en su peluquería. ¿Puedes hablarnos de la soledad en la que parece vivir Raúl?

Sí, otro tema fundamental de Raúl es la soledad. Esa ausencia de relato de sí mismo. Yo creo que más que Raúl no se acuerde desde qué edad trabaja en la peluquería es que no se quiere acordar, es un tipo que se avergüenza de su historia. De alguna manera Raúl está en una tensión entre el deseo de reconocimiento que anhela, la vergüenza que le produce su propia historia y la vida real que lo invita a seguir adelante.

También hay un tema subterráneo que tiene que ver con toda la expectativa que nos generan los medios, sobre querer ser famoso, ser hiper reconocido por los demás. Raúl tiene un deseo exacerbado de reconocimiento que está influenciado por su vida, por sus clientes, por lo que escucha en la tele. Esta sociedad cultiva mucho la idea de llenar la cara exterior, que la gente en la calle te reconozca, que tiene que ver con la fama; pero no con el tema interior, con el reconocimiento que uno tiene de sí mismo. Quien necesita que el otro lo reconozca es porque tiene sus convicciones muy poco claras. Y Raúl es parte de ese mundo que solo busca el reconocimiento externo.

¿Estás trabajando en nuevos proyectos? ¿Veremos alguna nueva obra tuya próximamente? 

Estoy terminando una tesis de investigación que pretendo tener lista muy pronto. También estoy comenzando un proyecto con unos amigos para hacer un documental al músico chileno Hugo Moraga.

El próximo año uno de mis objetivos es hacer mi segunda película. Estoy buscando algo que pueda hablar de temas trascendentales, que escape a la historia de un personaje o de un problema de clases sociales. Quiero hablar del funcionamiento de un pueblo, de cómo operan los temas de las apariencias, del reconocimiento.

 

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