Revista Intemperie

Los modelos de mujer en Democracia a partir de los personajes de Claudia Di Girolamo

Por: Arlette Cifuentes
romane

 

Con gran impacto en las redes sociales se reestrenó Romané en TVN, con comentarios nostálgicos que repetían en más de una ocasión “Estas sí eran teleseries” y es que en sí todos tenemos en la memoria los personajes pintorescos que TVN nos entregó durante la década de los noventa y el dos mil. En este trance, cómo no poner el énfasis en la labor de Claudia Di Girolamo, actriz que ha obtenido la mayoría de los protagónicos desde la vuelta a la democracia.

TVN venía desarrollando una narrativa en torno a los roles protagónicos femeninos, de la mano de Angela Contreras (Ámame, Rojo y Miel, Sucupira) y Carolina Fadic (Rompecorazón, Estúpido Cúpido, Oro Verde). Éste consistía en contar la historia de una joven de clase acomodada que se rebela ante las pautas de conducta, se enamora del equivocado, del pobre, del pololo de la amiga, del empleado de la empresa del papá, del mujeriego, del enemigo de la familia, generando así una trama muy a lo Romeo y Julieta, con la diferencia, eso sí, de que el amor triunfaba y eran felices para siempre.

Esta idea da un giro con el protagónico de Claudia Di Girolamo en “La fiera” (1997), basada en el clásico shakespeareno La fierecilla domada. La historia habla de una mujer empoderada llamada Catalina, que no desea casarse pese a los deseos de su padre, es arisca y posee un cargo alto en una salmonera en Chiloé. Sin embargo, a regañadientes, se enamora de Echaurren (Francisco Reyes).

La Fiera irrumpe con gran éxito en el imaginario nacional, demostrando que la mujer tiene mucho que decir, que puede desenvolverse de buena manera con el poder, y que no se definía únicamente en torno a los sentimientos y al amor. La fuerza femenina era palpable en este personaje, que no s ya inerme ante fuerzas emocionales que no puede controlar, sino que tiene la autonomía para decidir si se entrega o no a las decisiones del corazón. La autoridad femenina se refuerza en la escena final, cuando la Fiera toma la decisión de ir en busca de Echaurren, y le dice con convicción: “Pa’ onde creí que vai vo’ (…) vo’ te vení conmigo”.

En Romané la gitana Jovanka viene con todo, el ya clásico gitano nos cuenta el desarrollo de una viuda que llega a Mejillones a estar cerca de su familia, retorno que se ve dificultado por Rafael Domínguez (Francisco Melo) un antiguo amor, que tiene poderío en la localidad debido a su estatus económico. Jovanka demuestra que no le teme al poder de Rafael, no se deja manipular por la fuerza masculina, y se le enfrenta como una igual. Jovanka demuestra que ya no es chiquilla, sino una mujer con tres hijas, que vive la vida de manera agradecida y tranquila y no tiene nada que lamentar.

Esta teleserie además, (pese a utilizar recursos de clase y amores complejos como en todas las producciones vespertinas) rompe con el mito del primer amor. Si bien al final Jovanka y Rafael terminan abrazados, no quiere decir que se queden juntos, sólo que fueron capaces de sanar las viejas heridas, de encontrar el perdón, y evitar que sus propios hijos que repiten sin querer, cuasi como tragedia griega, la historia de sus padres.

Por último, tenemos dos producciones importantes Pampa Ilusión y El circo de las Montini. En la primera, su personaje es Inés Clarck, una joven médico de los años 30 que se hace pasar por el Dr. Florencio para evitar ser apresada por su déspota padre (Héctor Noguera). El desarrollo del personaje de Inés denuncia no sólo el machismo clásico de la época, en un contexto de lucha de clases que iniciaba la era del sindicalismo, y de discriminación –que persiste hasta el día de hoy–, de los bolivianos e indígenas; además del machismo se denuncia también la realidad que muchas mujeres silenciadas vivieron para poder subsistir; el transformismo, con tal de poder optar solamente a poseer una voz, o a un sustento real.

La problemática de género se hace patente en la televisión chilena desde otra perspectiva con El Circo de las Montini, del año 2001, al comienzo de un nuevo milenio que auguraba grandes cambios. Claudia Di Girolamo realiza el papel de Olga II, más conocida como La Potoloco.

La Potoloco desarrolla la idea de una maternidad no deseada, de la posibilidad de vivir la vida sin definirse como mujer exclusivamente sobre la base de la maternidad. Esto representa una ruptura, aun cuando posteriormente se vea en la necesidad de asumir su maternidad dado que su hija (que creció como su sobrina) Olga III (Amparo Noguera) se involucra con su padre biológico sin saberlo (Francisco Melo).

Pese a este desarrollo de la trama, la Potoloco problematiza la idea de la maternidad bajo un matriarcado medio patriarcal, en el que el hecho de que una mujer decida si está preparada para ser mamá o no serlo, era un tema controversial, tomando en cuenta que el boom de las campañas anti aborto (“Me van a matar”, por ejemplo) estaba en su pleno auge. Pero parecía que la mujer si podía decidir, y la Potoloco es recordada como una mujer libre, directa, honesta y por supuesto divertida; no por nada tiene su propio fan page.

Pese a que hay diversos aspectos criticables de estos personajes propios de las historias heteronormadas de las teleseries chilenas, no es aventurada sugerir que los personajes protagónicos de Claudia Di Girolamo implicaron un giro hacia una nueva definición de la mujer chilena, una persona que después de años en la casa calladita, asumiendo y acatando, sacaba la voz frente a temas que le competen, encarnando lo que tal vez a muchas les hubiese gustado ser, más decidida, más imponente, más empoderada. Sea como sea, los personajes de esta época de oro de las teleseries chilenas acompañaron una generación que no puede sino verse reflejada en ellos.

 

Foto:

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.