Revista Intemperie

Ley Zamudio: queda por cambiar lo más difícil

Por: Ignacio Concha
zamudio

 

Al día siguiente de promulgada la Ley Antidiscriminación, más conocida como Ley Zamudio, fui a trotar al Parque San Borja, a unas cuadras de mi casa. Al empezar a correr vi por el lado más cercano a la Alameda un balón de gas y una cocinilla encadenados a un árbol, y a su lado una pila alta de pastelones de cemento. Más atrás, un agujero profundo estaba cavado en la tierra. Di la vuelta completa al parque, y al pasar por segunda vez paladas de tierra salían del agujero.

Abajo un hombre trabajaba. Nos miramos, y yo aproveché y le pregunté que qué iban a hacer. Con la cabeza hizo un gesto hacia la animita a sus espaldas: “le van hacer un monumento al flaquito”. A unos metros la animita de Daniel Zamudio lucía flores frescas y unos girasoles de plástico grandes, no era difícil suponer que por lo del día anterior. Conversamos sobre el tamaño del monumento y el tiempo que demorarían en construirlo, y luego de eso me despedí.

Rato después, cuando ya elongaba, un guardia motorizado de la municipalidad hacía una ronda. Su rutina consistía en detenerse frente a las pocas parejas gay que habían y con el motor encendido, a un metro de distancia, se los quedaba mirando. Algunos quedaban inmóviles, como aguantando la respiración. Otros se reían y ensayaban un beso, pero de forma inevitable terminaban cohibidos por el personaje y el traqueteo cercano del motor.

Lo llamativo, casi sobra decirlo, es la ocurrencia de eventos, a metros de distancia y minutos de diferencia, con sentidos totalmente opuestos. Mientras la moto seguía su recorrido por el parque pensé que era difícil imaginar un mejor ejemplo de una institucionalidad contradictoria. Después pensé que la actitud del guardia no era parte de un criterio institucional, sino muestra de algo más profundo, más lento de cambiar.

Cuando me fui pasé delante del motorista, que ahora conversaba con el guardia de la caseta del parque. Le pregunté que qué les decía. Que se fueran a otro lado a darse besos, me dijo, que ese era un parque decente. Le hice ver lo irónico de su actitud dada la ley aprobada justo el día anterior, más encima en el mismo lugar donde hace cuatro meses habían golpeado a Zamudio. “A este parque también vienen niños, y ellos no lo ven así” me respondió, seguro de su altruismo. Sólo cuando argumenté que también de esas parejas que se besaban provenía su autoridad -y su sueldo- pareció detenerse a pensar.

No hay duda que la Ley Antidiscriminación es un grandísimo triunfo para los que desde hace años queremos una sociedad más libre, un hito que hay que celebrar, pero lo que acabo de relatar recuerda lo erróneo de una lógica prescriptiva y del confiar que por la sola acción de la ley se producirá un automático reordenamiento mental. Ultimamente Chile ha cambiado para bien y muy rápido, pero hay tantas cosas que están por ocurrir.

Por otra parte, no creo útil reaccionar con alarma puritana si el mundo no se ajusta en todo momento a como “debería” ser. Servirá más diferenciar la conducta sistemática de la eventual, cuestionar la hipocresía pero también tener paciencia con los demás, al menos la misma paciencia que guardamos para los errores propios. Los criterios morales que seguimos, incluso los que nos parecen irrefutables, son fruto, al final, de una conversación.

Un par de noches después, en el metro, un grupo de jóvenes molestaba a uno de ellos porque el cable de sus audífonos era rosado. Eran hombres y mujeres –sobre todo mujeres- y formaban un círculo al medio del vagón. El molestado se defendía: “es rojo pasión, rojo ferrari”. Era viernes, iban contentos, se reían. Aunque sólo era un tópico que usaban para divertirse un rato, el hecho representa, en su faceta más secundaria y graciosa, uno de los tantos fenómenos que de seguro se transformarán en las décadas siguientes.

En el futuro los historiadores lo contarán así: primero hubo un asesinato, después salió una ley, y luego, sangre y sudor mediante, cambiamos nuestro modo de vivir.

 

Foto: eldinamo.cl

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.