Revista Intemperie

Perros de la calle: poca crítica, mucho lugar común

Por: Juan José Solís
perros de la calle

 

El parentesco entre Perros de la calle, actual propuesta televisiva de CHV en el horario prime del domingo, con CQC resulta demasiado evidente. La postal icónica tomada de la película de Tarantino, con sus criminales caminando en dirección a la cámara, vestidos en ambos y corbata negra, recuerda a los overoles que Larraín y sus secuaces de turno investían en el extinto programa de MEGA.

La gama de colores con que se denominaban los seis criminales de Reservoir dogs (me referiré así a la película de Tarantino, no por siutiquería cinéfila, sino para distinguirla del programa en cuestión) parece dominar la escenografía oculta de este Perros de la calle, indicándonos que el ejercicio de este programa con pretensión satírica –al igual que su antecesor del canal vecino–, no es sino un análisis banalizado de la actualidad, más lúdico que crítico, más caricaturizante que paródico.

Ahora bien, la pregunta inmediata que surge es la siguiente ¿Quiénes son los perros de la calle? ¿Los noteros que circunscriben con los cables de sus micrófonos la actualidad nacional, movidos por su olfato y agudo oído, a la manera de los canes, para merodear alrededor de los acontecimientos que son noticia? Creo que en este aspecto volvemos a referirnos a los perros, pero esta vez para recordar que este programa carece de matices; desde su punto de vista todo es blanco o negro.

Siguiendo en la línea comparativa entre ambos programas de humor contingente, si es que ambos caben en una denominación de este tipo –Humberto Sichel en declaraciones previas a su debut discrepaba de este calificativo para referirse a su nuevo programa–, esta nueva apuesta cuenta con la participación de Pablo Zúñiga e Iván Guerrero, próceres del humor pseudointeligente de la década pasada, quienes continúan peleando contra su propia sombra, es decir, la definición de sus siluetas a partir de las luces opacadas de una gracia perdida que quizás nunca existió.

Este nuevo programa, al igual que CQC, cuenta con un público que respalda cada una de las tallas de sus integrantes, aplaudiendo y vitoreando cada intervención, y que abuchea aquello que disgusta, no sólo a sus corresponsales y conductor, sino que también a la línea editorial de CHV.

Es justo señalar que este programa se distancia de CQC en la inclusión de notas con un tono periodístico mayor. Sin embargo, este tono se ve enturbiado por las risas fáciles que suceden a la revisión de cualquier suceso noticioso. Otro punto distintivo, es el de los noteros ejerciendo de actores para comentar las noticias que ellos mismos procesaron, echando por la borda cualquier atisbo de realizar un análisis lúdico de la contingencia, recalcitrando en los lugares comunes: los delincuentes son todos flaites, y por añadidura, pobres (caricatura de la cual se hace cargo Zúñiga en sus gags); los políticos son todos corruptos; las mujeres noteras deben ser “ricas”.

Carola Paulsen, en otro espacio del programa nos presenta a una seguidora de Bachelet, que obviamente en el imaginario editorial de CHV corresponde a la vieja de barrio que solo vota por la actual presidenta por la entrega de bonos, con el propósito último de vivir del Estado sin buscar un emprendimiento.

Dándose vuelta como can callejero, retorciéndose contra el piso para rascarse de sus propias pulgas, Perros de la calle toma programas de la parrilla del 11 para divertir a la audiencia con gags repicados y usados hasta el hartazgo: en su última emisión, se recrea en clave Manos al fuego la relación de Bachelet con su hijo, a quien sorprende traicionándola en negociaciones truchas. “Perros de la calle” en este aspecto, se pasea meneando la cola con un hueso roído por Yerko Puchento en sus rutinas en Vértigo.

En definitiva, Perros de la calle es un programa liviano, con pretensiones de revisar la actualidad con un tono que no alcanza a la sátira, que adolece de una escasa capacidad crítica y un gusto preocupante por los lugares comunes.

Considerando su recreación de los programas de su misma casa televisiva, advertimos también que Perros de la calle es un buque insignia de la parrilla de CHV, al proponer lo mismo que se puede ver diariamente en el horario prime, investido ahora de una banalidad lúdica. Aparece así como el anverso caricaturesco de la realidad, tornándose incapaz de otra cosa que no sea repetir lo visto y leído durante toda la semana. A esta repartición de sobras, los “perros” llegan tarde.

 

Foto: latercera.com

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.