Revista Intemperie

No ficción: banalidad disfrazada

Por: Hugo E Morris
foto fuguet

 

Fuguet alcanzó notoriedad en la década de los 90, mediante textos caracterizados por abordar de manera frontal el Chile de la Dictadura (algo que una parte de la literatura nacional rehuía), y por el uso de un lenguaje coloquial y la introducción de elementos de la cultura pop, dos rasgos que pretendían significar una forma de ruptura con lo establecido, en búsqueda de una mayor autenticidad literaria.

Veinte años y una docena de libros más tarde, Fuguet se ubica en el medio nacional como un escritor casi canonizado, a partir de su lenguaje directo y frontal, y su recurso permanente a diversos iconos de la cultura popular norteamericana (música, cine y spanglish, entre otros), marcas de estilo que han patentado una influencia notoria en un conjunto de escritores más jóvenes.

Precedido de esta fama, lanza su última obra, No ficción, que no ha trepidado en llamar “lo más lejos que puedo llegar antes de escribir mis memorias” (La Tercera, 3 de Octubre 2015).

La novela pone en acción sólo a dos personajes, que se reencuentran después de varios años, tras una historia de amor homosexual asumida por uno (Alex) y negada absurdamente por el otro (Renzo). A lo largo de la conversación, Alex intenta persistentemente saldar cuentas con el pasado y cerrar un desgarro personal que no ha podido superar, en un esfuerzo que, ante la obcecada negación de Renzo, logra generar algún grado de empatía y suspenso.

Pero este conflicto difuso se disuelve rápidamente ante el despliegue de personajes sin espesor, y severamente estereotipados, que se construyen a partir de un par de ideas fijas, que se repiten reiterativamente sin ninguna variación. Alex le insiste a Renzo una y otra vez en la importancia que tuvo para él, al tiempo que le reprocha su incapacidad de asumir lo que tuvieron, y Renzo se defiende con comentarios exageradamente homofóbicos, que no tienen ninguna relación con la realidad.

A lo largo de la novela -hecha sólo de diálogo–, ambos personajes que frisan la cuarenta, abordan el tema de manera más bien ingenua, a través de eslóganes casi adolescentes acerca del vínculo entre el amor y el deseo. Sus voces, por otra parte, resultan planas y casi indistinguibles, donde el principal rasgo de individualidad está dado por algunos comentarios que reflejan cierta ansiedad social (“Es kuma decirlo así”).

Puede que la novela busque justificación por su decisión de abordar una relación homosexual, pero en la práctica parece más bien un intento de utilizar una temática supuestamente escandalizante o rupturista para encubrir una narración completamente plana y carente de novedad. En esta operación, el planteamiento de No ficción se revela más como una oportunista estrategia publicitaria, antes que como una forma de exploración literaria de la diversidad sexual.

En resumen, si se observa No ficción como una forma de ampliar y cuestionar los registros imperantes en torno a la sexualidad y las sexualidades, resulta un intento fallido en la medida que estrecha el campo a través de estereotipos gruesos y superficiales. Desde una perspectiva literaria, aparece como una novela burda, aburrida y, sobre todo, sin conflicto, donde las temáticas que se enarbolan como manifiestos, terminan por sucumbir ante un tratamiento literario fácil y banal.

 

No ficción

Alberto Fuguet
Random House, 2015.

 

Foto: La Tercera

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