Revista Intemperie

Sergio Villalobos lanza libro y considera “paternalistas” esfuerzos de conservación del mapudungún

Por: Revista Intemperie
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Por supuesto bien cubierto por “El Mercurio”, el nuevo libro de Sergio Villalobos, “La Araucanía: historia y falsedades”, promete despertar polémica a partir de varias de sus apreciaciones.

Villalobos, Premio Nacional de Historia en 1992, se sitúa explícitamente contrario a las posiciones ideológicas y las construcciones históricas del movimiento indigenista. “Nunca ha habido en Chile un movimiento indigenista, porque en el país prima la consciencia de una historia constructiva, en que los grupos sometidos han tenido una presencia modesta”, declaró a El Mercurio.

A su ya consabida costumbre de llamar al pueblo mapuche por su denominación española de “araucanos”, Villalobos busca en este libro desacreditar la visión de los mapuches como un “pueblo guerrero”. Más de fondo, Villalobos insiste en devaluar los aportes culturales de la tradición mapuche, tópico preferido del historiador: “¿Qué concepto ha trascendido? ¿Qué aporte valioso ha habido para nuestra cultura?” La machi, el cahuín, el malón, por lo demás tergiversados en significados” declara.

En relación con la mantención del idioma, el mapudungún, acusa paternalismo en las actuales políticas estales dirigidas a la conservación de la lengua: “Vaya usted a la tierra de ellos y dígales algo en su lengua nativa. La respuesta será en castellano, para disimular el origen racial. Se desea ser como los chilenos” puntualiza.

Desde la perspectiva de Villalobos, la deuda histórica del Estado chileno con los mapuches no existe, pues ellos habrían entregado voluntariamente las tierras o las habrían vendido. En contrapartida, Villalobos hace hincapié en la deuda de los mapuches con la colonización española o el Estado chileno, por los beneficios recibidos, entre los que menciona aspectos tan variados como bienes materiales (trigo, arado, y ovinos), como bienes intangibles o culturales (el idioma, la escritura, la educación), e incluso bienes más abstractos o especulativos como el cristianismo y su moral.

 

Foto: El Mostrador

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