Revista Intemperie

Rescatando olvidados

Por: Joaquín Escobar
segundas oportunidades

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De un tiempo a esta parte ediciones UDP se erige como unas de las mejores editoriales de América Latina. Lo podemos apreciar en el amplio catálogo plagado de escritores de renombre que presenta. Su colección de poesía (Mistral, Parra, Cardenal), vidas ajenas (Benjamin, Gary, Rousseau), narrativa (Defoe, Prieto, Marín) y huellas (Aira, Rojas, Pauls) vienen reafirmando hace años esta hipótesis. Segundas oportunidades de Edmundo Paz Soldán (Cochabamba 1967), es parte de esta última colección.

Doctor en literatura y escritor de diez novelas, Paz Soldán comienza el texto narrando parte de su juventud. El primer capítulo es fluido y anecdótico, allí cuenta sus días como estudiante de ingeniera en petróleo en Mendoza; la relación con sus compañeros de pensión; las entrevistas que le realizó a José Donoso en la feria del libro de Buenos Aires; la obsesión por las novelas de Agatha Cristie; las reescrituras en el colegio de novelas policiales; la importancia de la biblioteca de su padre. Un entretenido paseo por la juventud de Paz Soldán donde nos habla de lecturas y decisiones, sin embargo, son dos los momentos que de esta primera etapa he decidido rescatar. Su paso como futbolista amateur por Alabama resulta atrapante. Para que representara deportivamente a la universidad norteamericana, le asignaron una beca completa que incluía un bono exclusivo para la compra de libros. El boliviano se reconoce como un buen gambeteador, pero jamás tuvo cabida en un fútbol en el cual primaba la velocidad y el físico. Comenzó a estudiar ciencias políticas y a recorrer Estados Unidos con la escuadra que representaba. Fueron nueve los partidos de visitante, y mientras disputaba un puesto para ser titular, tomó clases de literatura latinoamericana que lo alejaron completamente de la actividad. Enrocó los ensayos por las fintas y concluyó: “El fútbol era eso: un deporte que jugábamos muchos y que perdíamos casi todos”.

La segunda variable que resulta interesante, es cómo el autor de Norte, expone a través de su cotidianeidad todas las veces que la vida le presentó revanchas. Los desaciertos que tuvo en un comienzo pudieron redimirse, y desde este lugar nace este libro. Y aunque es un error creerlo como un principio universal, el boliviano puede jactarse de ello traspasando sus vivencias a las lecturas y profesando: “Había autores que necesitaban ser rescatados, que merecían una segunda oportunidad, como yo la había tenido con mi vida”.

Lo que hace Paz Soldán en este libro es revisitar autores que el canon ha dejado de lado. Tal como la sociedad impone normas culturales, políticas y sociales; la academia y sus variables dictaminan y trazan mapas de lecturas que ellos llaman imprescindibles. Y si bien es cierto que hay textos indiscutiblemente encaramados en este podio, también resulta cierto que inexplicablemente hayan muchos otros arrojados y desahuciados. Estos escritos nos hablan de ello: “De libros que no ocupan el lugar central de la discusión, pero quizás son tanto o más relevantes que los sospechosos de siempre”. Antes del proceso de reivindicación que comenzará el boliviano, encontramos “Salir del túnel”. Un ensayo sobre las impresiones que le dejaron las relecturas de adulto de los textos que marcaron su adolescencia. La imposibilidad de releer Abaddón el exterminador por el exceso de retórica; el agradecimiento a Benedetti por entender sus amores a los catorce años, pero no a los venideros; lo dual con Hesse: el desastre de Demian y la aprobación de El lobo estepario; el volver a subrayar y vislumbrarse con El obsceno pájaro de la noche. Porque volver a las lecturas de la juventud, es trazar mapas por las que fueron nuestras vidas o como leemos en el libro: “Releer a un autor implica releerse a sí mismo”. Interesante es la defensa que, en este apartado, realiza sobre la literatura de Paul Auster. Constantemente criticado por quienes afirman que su literatura no es más que entretención, acá hay una defensa argumentativa de muchas de sus novelas. Y aunque nos advierte que Un hombre en la oscuridad o Brooklyn follies son un desastre, igualmente admira la genialidad de Leviatán o El palacio de la luna. Absurdas y snobs son esas impresiones literarias en las que un texto si entretiene, carece de valor, por lo mismo, el boliviano arremete en su defensa. Finaliza este escrito preguntándose por qué Auster tiene más lectores en el mundo hispanohablante que en Norteamérica, y luego de exponer diversas hipótesis: camina hacia las segundas oportunidades.

Mario Levrero, Bruno Schulz, Rafael Pinedo, Clarice Lispector, Charles Portis, Emma Reyes, Germán Marín, Joao Guimaraes Rosa, Daniel Sada, Nikolái Leskov, Hilda Hilst, Félix Romeo y Clemente Palma, son algunos de los olvidados que Paz Soldán invita a leer. Para cada uno construye una crónica con parte de su vida, refiriendo- posteriormente- a las particularidades de su escritura. Relata que leyó El traductor de Salvador Benesdra, de un ejemplar que durante quince años nadie había pedido en la Universidad de Cornell. Pese a su brillantez escritural, había pasado casi dos décadas en el olvido. También, aprecia la prosa marginal de Alfredo Gómez Morel en El río, elevando su poesía sórdida a la de un decimonónico cuento francés. Sucede lo mismo con cada una de las plumas que desempolva del álbum de los libros perdidos. Divididos en centroeuropeos, latinoamericanos y de lengua inglesa, emergen a pasos agigantados desde el subsuelo para que lectores, bibliotecas y librerías les den una segunda oportunidad.

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Segundas oportunidades

Edmundo Paz Soldán
UDP, 2015

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