Revista Intemperie

¿Dónde se fue la energía efervescente de los 80? Entrevista con Nona Fernández

Por: Nicolás Poblete
nona fernandez

 

“Liceo de niñas”, la segunda obra de Nona Fernández (después del fenomenal “El taller”), se estará presentando hasta el 12 de diciembre, de miércoles a sábado a las 20:30 horas en el Teatro de la Universidad Católica (Plaza Ñuñoa). Con un poco  más de dos horas de duración, “Liceo de niñas” se transforma en un verdadero tour de force, pues su puesta en escena involucra a la audiencia ineludiblemente y demanda su responsabilidad, poniendo a prueba la resistencia de los cinco actores que protagonizan esta obra, cargada de hitos históricos de alto calibre emocional y trágico, y condimentada con deslices surrealistas, enigmáticos, dislocados y tragicómicos. Dirigida por Marcelo Leonart, “Liceo de niñas” es una obra exigente que requiere de un público atento, comprometido, abierto a sorprenderse con su torrente de creatividad lleno de preguntas que nos interpelan desde diversos ángulos.

Una de las preocupaciones de la obra es la complicada representación de brechas generacionales. Acá se mezclan la culpa, el estigma social y una irreversible herida que divide a víctimas y victimarios…   
En los años 90, años de la Transición, la pregunta constante que me hacía era dónde había ido a parar toda esa energía efervescente y cuestionadora en la que me había formado cuando era una escolar. (Sobre eso escribo en 10 de Julio Huamachuco) Me preguntaba qué había pasado con los dirigentes secundarios que conocí en esos tiempos, qué había sido incluso de mi propio proceso y el de mis compañeros más cercanos. En qué nos habíamos convertido. La obra intenta reflexionar sobre todo eso, sobre esa energía secuestrada y escondida en alguna parte de nosotros mismos, sobre esa energía muchas veces traicionada. Sobre cómo la transición la hicieron los “Adultos responsables” que nos convencieron de que sabían manejar la democracia y dejaron a nuestra generación bastante afuera. Cómo nos dejamos engañar y seguimos como ovejas este sistema agobiante que nos tiene a todos como el profesor Valdebenito, estresados y confundidos, viviendo mal, al límite. O cómo simplemente los que no estuvieron de acuerdo con el modelo impuesto quedaron fuera del mapa, perdidos en el espacio, como pasa en la obra con Alfa Centauro.

liceo de ninas

El texto “juega” con la idea del perdón, de modo recurrente, y, al mismo tiempo, con una realidad más terrible: el no poder evitar dañar al otro, matar al otro. ¿Cómo organizaste estas polarizaciones?

El peso de las palabras en esta obra es relativo, lo mismo que el tiempo. “A veces no hay palabras para expresar ciertas cosas”, dice Sagitarius cuando vuelve a hablar. Y a veces las palabras pierden su peso cuando no están a la altura de las acciones. El perdón ha sido una palabra manoseada en estos últimos años de historia chilena. Se hacen actos de reparación a las víctimas, pero se sigue legitimando un sistema que va arrojando víctimas día a día. Por la familia, por llevar la fiesta en paz, en la última escena el padre de “La familia Normal” entrega al joven Alfa Centauro a la muerte. No hay espacio en la casa para todos, en la gran casa democrática que se instaura en los 90 hay gente que no cabe, y aunque lo entreguemos a la muerte, siempre está la palabra “perdón” que puede legitimar nuestras acciones feroces y limpiar nuestras conciencias.

El personaje que interpretas tú es fascinante: su paradójico mutismo parlante llega incluso a avasallar parlamentos extensos de otros personajes. La obra se preocupa de proyectar estos aparentes contrasentidos: lo que no se puede articular y lo que no se desea expresar. Asimismo, esto se relaciona con las prácticas de delación que vivimos durante la dictadura.

Sagitarius es un personaje ambiguo y enigmático. Por un lado ha traicionado a sus compañeras y es incapaz de contarles la verdad de su propia situación. Pero por otro lado escribe obras de teatro que las niñas representan con el grupo sin saber que en esos guiones se esconde la verdad. La verdad sobre su amigo Alfa, la verdad sobre ellas mismas. Sagitarius escribe como una forma de entregar claves. “A veces no hay palabras para expresar ciertas cosas”, dice Sagitarius, pero quizá existen otros lenguajes posibles. Sagitarius es también otro tipo de víctima. Están Alfa y sus compañeros caídos en los 80 (Alegorías a los hermanos Vergara Toledo, a Mauricio Magriet, cuya carta lee Alfa), sus historias son narradas en el escenario, y por otro lado está el profe Valdebenito y Sagitarius, victimas del sistema neoliberal. Sagitarius es ese silencio obediente, es ese silencio culposo, es ese silencio lleno de trauma y de heridas que a veces no deja hablar, pero que también contiene la posibilidad de revertir las cosas, de volver a encontrarse con la energía juvenil, de despertar lo dormido, de encontrar lo escondido y de iluminar con la letra la temible oscuridad. Sagitarius no habla, pero escribe lo que recuerda y lo transforma en obras de teatro cargadas de realidad. Quizá quién vea esas obras pueda entender lo que pasó.

Como en tu anterior obra, “El taller”, la narración de pronto se dispara hacia otros escenarios. En “El taller” había una dislocación hacia la figura de Rasputín; en “Liceo de Niñas” hay una transposición hacia la figura de Yuri Gagarin. ¿Cómo concibes estas torceduras narrativas?

Para mí la creación de textos no es sólo la invención de historias como dispositivos de reflexión, sino que también es el cruce de materiales que en mi propio imaginario dialogan llenos de sentido. Es como el trabajo de un Dj que va mezclando temas musicales, se los apropia, los funde, los pasa por él mismo y los transforma en una obra nueva. En este caso están mis materiales que fueron los movimientos secundarios de los 80, más la realidad neurótica en la que nos movemos en el 2015, más el híbrido periodo de Transición a la Democracia, más el Cosmos, más el personaje de Gagarin, un ícono para mi generación. Yuri Gagarin aparece como un reflejo de esa energía vital e ingenua que se necesita para hacer revoluciones o para conquistar el espacio. El texto de la obra tiene esa indicación para quién quiera dirigirla: “Esta obra debe ser representada con la ingenuidad y la convicción de quién se atreve a hacer un viaje a las estrellas”.  Gagarin, lo mismo que Alfa Centauro, quedaron perdidos en el espacio, enviando desde alguna dimensión remota, sus mensajes a la Tierra. Esta obra es un intento por recoger esos mensajes que vienen desde la oscuridad del espacio y del pasado, de volverlos presente, de darles la actualidad que merecen y que tienen.

 

Foto: biobiochile.cl

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