Revista Intemperie

El Santiago fantasmagórico de Vólker Gutiérrez

Por: Bernardita Yannucci
casona dubois

 

Cuando pensamos de qué está hecha una ciudad, siempre se nos vienen rápidamente a la cabeza ideas como su transporte público, sus parques y monumentos, o bien sus universidades, hospitales o espacios culturales, pero casi nunca la asociamos con ciertos rincones característicos que finalmente son parte más importante de su construcción social. En esta categoría, quizás aquellos más relevantes son los que guardan historias que podrían considerarse paranormales, o que simplemente son profundamente oscuras. Santiago, en este caso,  es una ciudad que tiene muchos rincones que guardan ese tipo de historias, aunque a veces sean desconocidas para quienes la habitamos.

Para saber más sobre el Santiago fantasmagórico, fue imprescindible hablar con Vólker Gutiérrez,  periodista e historiador, miembro de Cultura Mapocho y de Letra Capital Ediciones, para preguntarle qué lugares de Santiago podrían conformar esta ruta.

Según tu experiencia, ¿qué lugares de Santiago cuentan con historias que podrían considerarse macabras y que al parecer son poco conocidas por los habitantes de la ciudad?

En el invierno de 1923 un trabajador que en el sector de Plaza Baquedano limpiaba las entonces llamadas “Cajitas de agua”, una especie de alcantarillas de la época, encontró trozos de un cuerpo humano envueltos en papeles de diario. Después de algunos días de pesquisas y del desconcierto horrorizado de la gente, los policías lograron desentrañar el crimen contra un suplementero por parte de su propia mujer, quien tras asesinarlo, con filoso cuchillo descuartizó el cadáver y repartió los restos por diversos lugares de la ciudad.

Si tuvieras que elegir el lugar que inspire más miedo en Santiago, ¿cuál elegirías y por qué?

Sin lugar a dudas que, alimentados en gran medida por una campaña mediática de dudosos fines, los santiaguinos a lo que más temen es a ser objeto de un asalto o crimen. Es decir, tienen miedo a los “vivos”. Pero si es por un lugar específico, creo que en general los santiaguinos (y seguramente los chilenos), dirían el cementerio, donde “habitan” los muertos; cualquiera, pero el más grande y conocido y frecuentado en la capital es el Cementerio General, por lo que se me ocurre que si hacemos una encuesta muchos dirán que no se atreven a quedarse encerrados una noche ahí, pues les debe inspirar mucho miedo.

¿Podrías recomendarle a nuestros lectores tres lugares de la capital ligados a historias de fantasmas que consideres como imperdibles?

Porque alcancé a conocerla antes que fuera demolida, la “Casa embrujada” de Avenida Grecia con San Eugenio, me parecía el mejor ejemplo de un lugar fantasmagórico en Santiago. Y según algunas crónicas y estudios ocurrió ahí una situación trágica que desembocó en tres víctimas, cuyas almas “penaban” en la casa vacía. Como ahora la casa no existe y en su lugar se construyó un pequeño centro comercial, desconozco si seguirán rondando esas almas. Habrá que darse una vuelta de noche, cuando no haya mucho ruido en el entorno.

No solo conocí por fuera una casona que está en la esquina de calles Ayuntamiento con Mapocho, en la comuna de Quinta Normal, que en los años 80 llamábamos “la casa embrujada” y que es conocida oficialmente como la “Casona Dubois”. Bueno, también en el interior de esa casa, en mis tiempos de liceano, participé ahí en un grupo de teatro y la verdad es que era bastante tétrica, aunque nunca me tocó presenciar ni sentir nada anormal, como sí dicen haber vivido otras personas que se relacionaron con la casa o que la visitaron, algunos de los cuales hablaron de que sintieron “presencias extrañas”. Hace unos pocos años la casona fue restaurada y tengo entendido que funcionan ahí unos talleres culturales, así que habría que preguntar a sus actuales ocupantes si perciben cosas raras hoy en día.

Otro lugar que recomendaría tiene que ver con nuestro pasado histórico​, ese del que no siempre queremos hablar:​ es la casa ubicada en Londres 38, que se convierte en un sitio histórico​ precisamente ​ a partir de 1973, cuando  la dictadura expropió el inmueble a José Gutiérrez y otros, quienes lo habían adquirido en representación del Partido Socialista. A partir de ese momento y durante un año, aproximadamente, Londres 38 se convirtió en el centro de operaciones de la naciente Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), desde donde se concibió, planificó y llevó a cabo la política de detención, tortura, exterminio y desaparición de los opositores políticos a la dictadura. En Londres 38, un número aún no determinado de personas permaneció detenido y fue sometido a torturas y, hasta donde se ha podido establecer, desde allí la DINA hizo desaparecer o ejecutó a 96 de ellas.

 

Foto: Casona Dubois/casonadubois.blogspot.com

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