Revista Intemperie

La mirada de Sebastião Salgado

Por: Laura Quiceno
la sal de la tierra

 

Hay miradas que imponen, hay miradas que incomodan, hay miradas que expresan amor, empatía o tristeza. Y hay miradas como la de Sebastião Salgado que a pesar de haber registrado el horror de genocidios como el de Ruanda, conservan nobleza, mezcla de ingenuidad y sabiduría. Eso se puede sentir cuando Salgado mira a la cámara en La sal de la tierra, el documental de Wim Wenders. Premio Especial del Jurado “Una cierta mirada” del Festival de Cannes 2014.

La unión de Wenders y Salgado revela el poder de más de 40 años de publicaciones, archivos, álbumes familiares,  bitácoras de viaje y negativos. Cientos de madres de diversas culturas desde América Latina, Europa hasta África han sido retratadas de manera única y casi obsesiva por este brasileño que un día abandona las reuniones del Banco Mundial para él cual trabajaba como economista y se dedica de lleno a la observación de los rostros, de los paisajes: “Un día la fotografía invadió totalmente mi vida y abandoné todo”, confiesa Salgado en su charla TED: El drama silencioso de la fotografía (2013).

Para lograr la intimidad necesaria con el creador y transmitir esa cercanía a los espectadores, Wenders encuentra al mejor aliado, Juliano Ribeiro Salgado, codirector del documental e hijo mayor de Salgado que nutre la historia con los álbumes familiares repletos de imágenes de su infancia, de su madre Lélia, el gran amor del artista y la coautora de los libros del fotógrafo.

Juliano, que un día se une a las travesías de un padre ausente y aventurero, graba el momento exacto cuando por primera vez se observa al optimista Sebastião frustrado por no lograr la imagen perfecta de los leones marinos para su proyecto Génesis (2013). Una idea de ocho años de ejecución y más de 30 viajes  que lo llevaría a abandonar la reportería social que lo había dejado devastado con las series Migraciones (2000), Sahel, el fin del camino (2007) y África (2007).

“Un fotógrafo es, literalmente, alguien que dibuja con la luz. Alguien que escribe y rescribe el mundo con luces y sombras” afirma Salgado para quien su réflex parece una prolongación de su brazo y su mirada.

El director Wim Wenders se incluye en el relato, narra en primera persona, explica cómo la imagen de  una mujer tuareg ciega que aún conserva al frente de su escritorio lo llevó a escudriñar en la obra de Salgado. La unión de dos artistas obsesionados con la imagen presenta en esta pieza el poder de la imagen en movimiento y de los retratos en blanco y negro que otorgan solemnidad y profundidad. El espectador de La Sal de la Tierra asiste también al debate sobre los límites del testigo, del artista, del reportero.

No sabemos si Salgado volverá a adentrarse en las sombras, en la trama de los conflictos sociales y políticos de hoy. A sus setenta años parece que las fotografías de las hambrunas y las guerras en África son una herida abierta que sólo apacigua la naturaleza y volver a su vieja granja en Minas Gerais – Brasil, pionera de un modelo de reforestación llamado Instituto Terra.

“Cuando recibí la tierra en Brasil, estaba tan muerta como yo”, expresa Salgado en la tierra que abandonó a los 15 años para contarle al mundo realidades ignoradas a través de sus imágenes. Parece que registrar durante tanto tiempo hechos de muerte tiene su costo y Salgado prefiere hoy ser testigo de la vida.

 

 

Foto: La sal de la tierra (fotograma), Wim Wenders

Por Laura Quiceno @lauquiceno

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