Revista Intemperie

Raúl Zurita: “Somos una raza de asesinos condenados a construir el Paraíso”

Por: Montserrat Madariaga Caro
raul zurita

 

El autor de poemarios esenciales, como Purgatorio (1979) y Anteparaíso (1982), estará en el Festival Puerto de Ideas de Valparaíso conversando sobre la poesía y su proyecto de escritura material llamado “Verás un mar de piedras”. Este consiste en proyectar 22 versos de su poema “Diálogo de Chile” sobre enormes acantilados del norte del país, ubicados entre Pisagua e Iquique.

La intervención se suma a lo realizado en 1982 en el cielo de Nueva York, cuando escribió con humo de avionetas su poema “La vida nueva”, y a lo hecho en 1993 con la inscripción de la frase “Ni pena ni miedo” en el desierto de Atacama. Pero esta tercera aventura es solo una muestra más de los muchos poemas en el espacio que se le aparecen a Zurita, poemas que son “como los sueños que sueña la tierra”.

la nueva vida

La “escritura material” de Raúl Zurita, Premio Nacional de Literatura 2000 y ex integrante del legendario CADA (Colectivo Acciones de Arte, 1979-1985), surgió de su necesidad de aprender a hablar con un nuevo lenguaje, luego de vivir el trauma de la dictadura en Chile. Desde entonces, el poeta tiene visiones donde palabras e imágenes se plasman en el paisaje.

A sus 65 años de vida y tras 15 conviviendo con la enfermedad de Parkinson, para Zurita su intervención “Verás un mar de piedras” es como una imagen de la vida y la muerte, o lo que los seres humanos ven en su momento de morir: “Verás un desierto / Verás el mar en el desierto / Verás tu odio / Verás un país de sed / Verás acantilados de agua (…)”. Los versos solo podrán ser leídos desde el océano y a horas determinadas. Sobre esto y su idea de la poesía hablará Zurita el sábado 7 de noviembre a las 18:30 horas en el Parque Cultural de Valparaíso.

ni pena ni miedo

¿Cómo fue la primera visión que tuvo del poema “Diálogo de Chile” en los acantilados del norte?

Vi por primera vez los acantilados de la costa norte de Chile en 1995, iba a Arica y el avión se fue bordeando la costa. Fue impresionante; eran kilómetros y kilómetros de acantilados que caían en el mar marcando el dramático frente en que el desierto de Atacama se estrella contra el Pacífico. En ese mismo instante pensé que sería muy bello ver un poema escrito sobre esos acantilados y que solo pudieran leerse desde el mar. Siete años más tarde supe cuál era el poema: tendría 22 versos, de los cuales 21 comenzarían con la palabra “Verás” y debían estar impresos sobre el acantilado. Hace un año comencé a trabajar con Sofía Le Foulon y me di cuenta de que la única forma de hacerlo era proyectando con luz, a escala monumental, los 22 versos sobre los acantilados. Las proyecciones solo empezarían a verse al anochecer, alcanzarían su máxima nitidez en plena noche y empezarían a desaparecer en la medida en que avanzase el nuevo día.

Ha dicho que las 22 frases del poema “Diálogo de Chile” sobre los acantilados “son como imágenes de lo que un ser humano verá en su paso sobre la Tierra”. ¿Podría ahondar más en esta idea? ¿Qué siente y piensa cuando visualiza la obra?

Los poemas son como los sueños que sueña la tierra, me ha parecido que eso son los poemas escritos sobre el cielo, sobre el desierto y también las 22 frases proyectadas sobre los acantilados. Me las imaginé frente al Pacífico como si fueran una entrada a Chile y, al mismo tiempo, representaran las cosas que un ser humano verá en su paso sobre la tierra. Son por supuesto imágenes, alegorías.

Confiese: ¿Se le han aparecido otras visiones de “escritura material” que estén esperando su turno? ¿Cuáles serían?

No una, son cientos, miles de imágenes que morirán cuando yo muera. He soñado poemas alucinados e increíbles estampados sobre las cumbres de los Andes que se me borraban al despertar, he visto cientos de aviones trazando con estelas de humo los rostros de todos los que he querido y que luego el viento deshacía, he imaginado palabras que son la luz del mundo: belleza, bien, esperanza, libertad, bondad, amor, compasión, virtud, escritas sobre las pancartas publicitarias que se levantan sobre las azoteas de los edificios. Todas esas imágenes desaparecerán conmigo y no deja de ser emocionante saber que he sido yo el único que las ha visto desplegarse dentro de mí, en toda su maravilla, locura y belleza.

En el año 2013, en España, usted dijo a los medios: “si la poesía desaparece, la humanidad sucumbe como ante una bomba de neutrones”. ¿Qué es la poesía en este sentido imperioso y fatal?

La poesía es la posibilidad de lo que no tiene posibilidad, es la esperanza de lo que no tiene esperanza. Nadie soporta tanto dolor, tanta miseria, tanta injusticia, tanta crueldad, sin vislumbrar un nuevo día. Si no fuese así lo normal sería el suicidio. Contra absolutamente todas las evidencias creo que estamos construyendo ese nuevo día. Creo que estamos condenados a construir ese nuevo día, pero solo la poesía puede sostenerlo: Todo lo que nos muestran las carnicerías de diez mil años de historia es que somos una raza de asesinos, lo que nos muestra la poesía es que somos una raza de asesinos condenados a construir el Paraíso. Sin esa esperanza ninguna vida es posible.

¿Cómo es el “Purgatorio” y el “Anteparaíso” del mundo actual?

El Purgatorio del mundo actual es el pavoroso pasado, el Anteparaíso del mundo actual es el pavoroso futuro. En el medio una humanidad demasiado injusta, demasiado cruel para tantos, que aún no ha justificado su existencia.

Se dice que escucharlo y verlo recitar es un acontecimiento en sí mismo. ¿Cómo experimenta usted el acto de expresar en voz alta su poesía? ¿Piensa recitar en Puerto de Ideas?

Sí, al final leeré una parte de “Canto a su amor desaparecido”. Nunca sabré si es como tú dices, pero la sensación es la de un periplo vertiginoso, guiado por algo que no son las musas, que no es Dios, pero que tampoco soy yo mismo. Una lectura pública es siempre una soledad apelando a otra soledad. Lo único que cuenta es la potencia de esa apelación, porque en ese llamado de un ser solo a otro ser solo están contenidas todas las posibilidades de la existencia. Yo no he escrito, soy analfabeto y no sabría cómo hacerlo, lo que sí he hecho es gritar, gritar pidiendo fuerzas, pidiendo amor, pidiendo paz, pidiendo luz. Todo lo que un ser humano puede dar o perder está en los gritos de la poesía. Es como si sin esperanzas de ser escuchado, alguien que no soy yo dijese por mí: me estoy muriendo y te doy lo que queda de mi vida, y que desde una galaxia lejana, alguien borroso e improbable, el lector, le respondiese: y yo te doy lo que quede de la mía. Eso es escribir y leer y yo siento que agonizo y que quien lee agoniza conmigo. Pero es un sueño. Leer en público es para mí como hablar en sueños.

 

Foto: radio.uchile.cl

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