Revista Intemperie

¿”Papá a la deriva” o “La novicia rebelde” remasterizada?

Por: Arlette Cifuentes
papa a la deriva

La última teleserie de Mega pone en juego los eternos estereotipos de familia tradicional, que recuerdan a Arlette Cifuentes el clásico cinematográfico de hace cinco décadas

 

Bien dicen que los clásicos nunca mueren y fue tal vez esto que lo inspiró la última teleserie vespertina de Mega “Papá a la deriva”, al construir una historia de una muchacha con problemas de vocación llega a cuidar a una familia de malcriados niños ricos, faltos de una imagen materna.

Sin embargo, en esta nueva producción que reina en el rating de los atardeceres, en vez de novicia la protagonista es una mujer que trabaja en las lanchas, desafiando el machismo que impera en esa área, desenvolviéndose como una mujer fuerte y empoderada. Pero el trasfondo es el mismo, con Violeta (María Gracia Omegna) que llega gracias a un favor que le concede a su padre el Capitán Montt (Gonzalo Valenzuela), cuyos hijos Violeta acepta cuidar, a pesar de que éstos habían espantado a diversas niñeras con sus fechorías.

Al igual que el musical de hace cincuenta años (aunque esta vez sin música y chilenizado por medio del imaginario del mundo de la marina), la teleserie pone en escena la nostalgia de la familia biparental, retratando cómo en una sociedad tecnologizada como la de hoy, la falta de la madre puede provocar en los hijos serios problemas de conducta, en tanto que se representa al padre como un ser inútil, imposibilitado para lidiar con los problemas que se puedan generar en la casa. Al parecer, se intenta reforzar la idea que el hombre en sí mismo, sólo está constituido y preparado para la vida pública, para el trabajo y ser el proveedor que sustenta a la familia, pero incapaz de ofrecer calor y acogida de hogar. No por nada eligieron una bajada que dice: “Cuando la mamá falta se nota”.

Al igual que el Capitán Von Trapp, el Capitán Montt añora a la mujer que reemplazará a su difunta esposa, en un contexto muy similar de una clase militar acomodada. Este modelo sirve también de refuerzo evidente de la aspiración de familia tradicional, frente a una Violeta que proviene de una clase trabajadora y esforzada, donde la reducción de los roles son tangibles. Asimismo, el personaje de Valenzuela se enamora de su nueva niñera no por su inteligencia y sus aires de fierecilla indomable, sino porque quiere y protege a sus hijos.

En síntesis, en ambas producciones los hombres están en busca de una madre que cumpla con las obligaciones para las que ellos se ven imposibilitados, quizás no porque sean unos ineptos emocionales, sino porque la sociedad en sí los educó de tal forma que frente a cualidades catalogadas como femeninas, como lo es hacerse cargo del hogar y de los niños, ellos se ven inermes.

La diferencia principal con la producción de Mega, es que el musical de 1965 se hacía cargo de una realidad de la época: la familia era heteronormada bajo las normativas de un capitalismo keynesiano, que permitía que sólo uno de los integrantes de la familia trabajara. Papá a la deriva, en cambio, sólo es capaz de alimentar la nostalgia que “Los 80” parece haber infundido en nuestra sociedad, en el sentido de que sólo la familia biparental, con la madre relegada a la privado y el padre a los público, puede ofrecer un ambiente adecuado de amor para los hijos, al tiempo de cumplir su rol social. De esta forma, actúa como la añoranza de un orden pasado que, se estima, nunca debió de ser roto, en vez de presentar el contexto real de familias que cada vez diversifican más sus formas, sin que este sea un condicionante del amor que las une.

Mega apostó así por una visión sesgada y conservadora de lo que en verdad es hoy la familia chilena.

 

Foto: mega.cl

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