Revista Intemperie

El Caribe según Margarita García Robayo

Por: Joaquín Escobar
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La tristeza crónica de un caribe sin cotillón, en cuentos que recuerdan la prosa de Junot Díaz, según Joaquín Escobar

 

Titi es un adolescente obeso que sufre constantes humillaciones por sus compañeros de colegio. El paso del tiempo no es benevolente con él, pues su cuerpo se comienza a llenar de granos y sarpullidos que lo van convirtiendo en un pequeño monstruo caribeño. Un padre egocéntrico y una madre obsesiva no ayudan a mejorar una cotidianeidad que día a día lo va demoliendo. Titi concentra sus silencios y sus miedos en un videojuego donde personajes deformes luchan por controlar el mundo. En cada etapa las imágenes van siendo más autodestructivas y delirantes, como si su cotidianeidad se estuviese reflejando en el juego; el final, es demoledor. De eso se trata “Cosas peores”, el cuento que abre el libro de Margarita García Robayo (1980) Usted está aquí. Escritora colombiana recientemente publicada por Montacerdos, que con una entretenida prosa muestra en cada párrafo burbujas de originalidad. En los cuatro cuentos y la novela corta que componen el libro hallamos un caribe colombiano sin cotillón. No está la falsa postal turística entregada por agencias de viajes y aerolíneas, donde pareciese que estos pueblos vivieran en un éxtasis constante, por el contrario: acá hasta las vértebras de los personajes tienen tristeza. Italo Calvino en el prólogo a su novela “El sendero de los nidos de araña” sostiene: “Del paisaje de mi ciudad- San Remo- borraba polémicamente todo el litoral turístico- paseo marítimo con palmeras, casinos, hoteles, villas- casi avergonzándome de él” (15). Ejercicio similar es el que hallamos en los cuentos de esta escritora, pues los paisajes donde todo transcurre están lejos de ser postales e imágenes de calendario. Todo sucede en la otra acera, en esa vereda poblada de hombres y mujeres que desean huir: que añoran estar en otra parte. Cargan una cotidianeidad gris y monótona, siempre poblando su presente de inverosímiles esperanzas futuras. Hallamos un padre que está devastado por el suicidio de su hija, y que viaja a Europa para intentar conversar con su otra descendiente que hace años no le dirige la palabra; un joven que no entiende las bromas sobre Nietzsche y el teatro que realiza su novia dramaturga; un vendedor de que tiene sexo casual con una dominicana en el hotel más grande del mundo; una adolescente colombiana que mira el horizonte como si fuese una ventana por la cual abandonarlo todo; y por supuesto Titi, que sin explicitarlo nunca, desea habitar otro cuerpo. No podemos dejar de considerar el contexto económico en el cual se desenvuelven los escritos. Colombia es un país con un sistema de libremercado, cuestión que estructura y determina la vida de cada uno de ellos. Aunque García Robayo jamás pone énfasis en esta situación, resulta imposible pensar la monotonía y los desaciertos de los personajes como fenómenos aislados. Es todo parte de un conjunto construido por la bestialidad de este sistema.

Todos los cuentos parecen influenciados por la narrativa de Junot Díaz. De hecho, Titi en muchos pasajes me hizo recordar al entrañable Óscar Wao. Además de su parecido físico, la forma de contemplar su contexto y a quienes lo rodean es muy similar. Este campo semántico en común es palpable no sólo por la geografía que rodea las construcciones de ambos escritores, también, es apreciable por esa tristeza crónica que habita en cada uno de sus personajes. Como Carlota, la adolescente que protagoniza “Hasta que pase un huracán”, la novela corta con la que finaliza el libro. Desolada e irresoluta, recorre la costa caribeña como un fantasma, convencida de que trabajando como azafata podrá burlar sus erráticos amaneceres. Enmarañada con un extraño pescador y despiadada con su enamorado novio, la joven habita un espacio insalvable.

Cuentos que se leen como un rayo con personajes que habitan una incomodidad real y transitable. Un espacio donde la guayabera, la playa y la palmera no determinan absolutamente nada.

 

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Margarita García Robayo
Montacerdos, 2015

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