Revista Intemperie

Perro suelto: migración y violencia

Por: Federico Zurita Hecht
perro suelto

Federico Zurita fue a ver el último montaje de Omar Morán

 

Tanto la fase de la historia de Chile en que ha aumentado la migración proveniente de Perú, Haití, República Dominicana y Colombia, entre otros países, como las circunstancias históricas que mueven a cientos de sirios a intentar entrar a Europa para escapar de la guerra, parecen funcionar, hoy, como el motor que motiva las reflexiones de Perro suelto, la nueva entrega del director Omar Morán, que destacó antes al llevar a escena las obras Barrio Alto (Acassuso) de Rafael Spregelburd, El reformador del mundo de Thomas Bernhard y Patas de Gallo de Luis Barrales.

Perro suelto, que incluye en su elenco a actores inmigrantes, se construye de forma fragmentaria a partir de una serie de cuadros que suman reflexiones en torno a la migración entendida como un problema social y político que afecta a los más pobres del mundo y que deja en evidencia que a partir del funcionamiento de la sociedad moderna, la mundialización del capitalismo ha instaurado la existencia de estatus de personas a partir de su origen nacional. “Se avergüenzan si les preguntan si son peruanos o bolivianos”, dice una colombiana en España en uno de los cuadros. En otro, los funcionarios de migración acosan a ciudadanos indios o haitianos por no poder darse a entender a través de la palabra. En otro, se cuenta el recorrido a Europa que intenta hacer una mujer de Mali, y que sólo la lleva a Argelia y luego de vuelta a Mali. En otro, los personajes desean construir un país ficticio pero a medida que avanzan se van encontrando con barreras que los obligan a imponer medidas semejantes a las ya existentes, las mismas que, tras rechazarlas, motivaron que desearan crear su propio país.

En esta sumatoria de preguntas sobre el absurdo de la constitución de diversos estatus de personas de acuerdo a su nacionalidad, la obra, que parte de la idea de que Chile se ha convertido en un foco de atracción de inmigrantes, busca plantear en el desarrollo de la acción dramática, un cuestionamiento a la situación de superioridad que se configura en la conciencia social de los chilenos. ¿Qué pasa, estaría advirtiendo la obra, si el funcionario de migración que acosa al recién llegado es, ahora, el indio y el haitiano? En este tránsito se sostiene la fortaleza de Perro suelto.

Sin embargo, pese a que el resultado es ideológicamente productivo, hay algunos detalles que no dejan de ser un problema para el mejor despliegue de las ideas. Es cierto que la fragmentariedad de Perro suelto da forma a un tránsito discursivo (el ya descrito, con un punto de partida que presenta al haitiano y al indio, acosados por los funcionarios de migración, y con un punto de llegada que los presenta, ahora, a ellos como tales funcionarios). Sin embargo, no hay un tránsito en la acción dramática que aglutine a los cuadros no sólo por los asuntos temáticos tratados. La fragmentariedad no significa desconexión y aquí falta un elemento que termine de fusionar a los fragmentos a partir de la necesidad de conformar la unidad de acción. Se suma a esto que la confrontación argumental entre los personajes que buscan crear un nuevo país es a ratos ingenua. Lo mismo ocurre con la argumentación en torno a la idea de ser “extranjero de mí”. Esto último genera un nuevo problema que consiste en desplazar la reflexión desde el exilio social (la migración por pobreza es una forma de exilio) hacia el exilio individual. Ese es, por cierto, otro tema, y asunto, probablemente, para otra obra. Pese a estos últimos asuntos, Perro suelto es una obra necesaria en un país que recibe a nueva población y amplía su conformación cultural, pero que a la vez, como parte de esa cultura, amplía sus niveles de violencia étnica.

 

Perro suelto

Dirección y dramaturgia: Omar Morán.
Elenco: Moisés Angulo, Juan pablo Fuentes, Carolina Jullian, Ángeles Hernáez, Pasquinel Martínez, Djimy Delice, Manoj V. Mathai, Carolina Garzón.
Asistente de dramaturgia: Bosco Cayo.
Diseño escenográfico: Marco López.
Diseño de vestuario: Macarena Ahumada.
Diseño audiovisual: Felipe Arancibia.
Composición musical: Daniel Marabolí.
Diseño de iluminación: Julio Escobar.

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