Revista Intemperie

Registrando el descampado: Entrevista con Pablo Ferrer

Por: Nicolás Poblete
pablo ferrer

Nicolás Poblete conversa con el artista a propósito de su última exposición “El sitio”, actualmente en el MNBA

 

Hasta el 30 de agosto estará abierta la exposición del artista Pablo Ferrer, “El sitio”, en la Sala Chile del Museo de Bellas Artes. Como nos indica el texto de presentación, la muestra se centra en dos ejes temáticos: interiores (donde se mezclan el cobijo que también revela una cara ominosa) y exteriores (la aventura de encontrar el país de las maravillas con el consecuente peligro que acecha cada rincón del afuera).

“El sitio” es una invitación a reflexionar en torno a la memoria y la imagen—la que resurge como apariciones fantasmáticas—, como un proceso fluido donde, a veces, paradójicamente, vemos su sugerencia a partir de figuras que (a)parecen fijadas en la tela.

La muestra incluye pinturas como “Bolsa plástica” que juega con la decapitación (¿Judith decapitando a Holofernes? ¿Salomé con la cabeza del Bautista?) a modo de palimpsesto dentro del cuadro, al sugerir un paralelo entre ese intertexto, y la bolsa de plástico suspendida por el brazo de un hombre y paralela a la cabeza de la melancólica mujer. El enigmático “Desayuno”, una representación en la que lo más cotidiano (un cuerpo, ¿de hombre? del que solo vemos la sugerencia de unas piernas, zapatillas de levantarse, y alimentos listos para ser desayunados) ofrece un escenario posible para un crimen, detrás del cual la única ventana muestra una pandereta de ladrillos, y, sobre ella, nubes amenazadoras de lluvia. Y, en un lugar destacado, podemos ver el hermoso “Departamento”, que deslumbra por su distribución lumínica y por los diversos símbolos que lo transforman en un enigma narrativo. Estos son solo algunos de los cuadros que conforman la muestra que, además, incluye una maqueta de un block de departamentos en Macul que juega con la distorsión de las proporciones espaciales, algo inédito hasta el momento en la trayectoria del artista.

La muestra se llama “El sitio”. A pesar de ser “el”, se trata de espacios cotidianos, domésticos, con los que casi cualquiera podría identificarse. ¿Cómo escogiste esta denominación?

El sitio era como llamaba en mi infancia a un sitio eriazo que estaba cruzando unas panderetas al lado de mi departamento. Esta denominación ha quedado para siempre amarrada a ese lugar y no puedo separarla del peligro, misterio y maravilla propios de ese paisaje descampado.

Esto es un dato biográfico que guió mi elección, pero también me parece que es adecuado por que recuerda al “sitio del suceso” y de más lejos al “estado de sitio”. Creo que ambos conceptos se acercan al ánimo de algunas de las pinturas.

Varias obras muestran escenarios deshabitados, pero con marcas humanas. ¿Qué proponen estas huellas?

Esas huellas son en muchos casos elementos que recuerdo haber visto en esos escenarios. Fuera de contexto y transformados en pintura se convierten en indicios que cada cual lee desde su fondo de experiencia. No pensé en ningún guión para dividirlo después en “fotogramas”. No se puede controlar la lectura del espectador y creo que así es mejor.

La presencia humana la vemos de manera parcial, sugerente. También hay un dejo de desolación que me recuerda a Edward Hopper.

No es la primera vez que me nombran a Hopper como modelo en relación a los trabajos. Creo que es pertinente en muchos sentidos, sobre todo en el tipo de escenas que construye en que la narrativa está en suspenso y la estructura formal del cuadro es privilegiada. A pesar de lo anterior creo que el tipo de ambientes que genera son muy norteamericanos y los míos bastante locales.

Respecto a los pocos personajes podría decir que me interesó más lo que podía mostrar por la acción de la luz sobre los objetos que lo que podía narrar con una acción humana.

¿Qué influencias han marcado tu trabajo?

Miro mucha pintura, así que es difícil decir, pero me gustan mucho Kitaj, Balthus y Beckmann.

Supongo que también me ha marcado la formación en la Universidad de Chile, que tiene una historia abundante en un medio como la pintura.

 

Foto: obra (detalle) de Pablo Ferrer

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