Revista Intemperie

Zombies políticos

Por: Pablo Torche
apocalipsis a la hora de comer

Pablo Torche se ríe y sorprende con “Apocalipsis a la hora de comer”, aunque sospecha de actuaciones cómicas subsidiarias de los sitcoms norteamericanos

 

Siempre he pensado que la adicción de la cultura contemporánea por los zombies, sobrevenida hace unas décadas, tiene que ver con la angustia generacional de estar todos muertos (“quizás estoy muerto ahora”), el terror al sinsentido inminente de la vida, aunque al mismo tiempo me doy cuenta que esta es una hipótesis demasiado lineal, y demasiado gruesa como para ser fructífera de explorar. Otra versión más dominante plantea las series de zombies (en particular Walking Dead), como una especie de travesía existencial hacia los instintos más primitivos del ser humano. No me la trago, demasiado obvia, eso se hizo hace mucho tiempo. Tal vez sea simplemente el gusto por el gore, el morbo, lo oculto, el cuerpo, que nuestra cultura reprime, y que emerge allí degradado, entre pústulas y heridas.

Como sea, ninguna de estas tres vertientes es la que recoge el dramaturgo y escritor Federico Zurita, en su exploración cómica del tema en la obra, Apocalipsis a la hora de comer que, si de algo no puede ser acusada es de falta de originalidad.

Tres personajes componen en lo sustantivo la escena de un estrechísimo teatro de la Universidad Arcos. Las paredes de ladrillo, y la habilidad para sacar máximo partido de un escenario casi invadido por las piernas del público, compensan de alguna manera las apretadas gradas de madera. Una lámpara construida con una umbrela ofrece una inequívoca referencia al absurdo beckettiano. Dos de ellas son zombies deseosas de calmar su hambre con algún humano, hambre que en el transcurso de la obra se revela como una mera búsqueda de placer sensorial (“porque al fin y al cabo un zombie nunca ha muerto de hambre”). La tercera es una mujer “humana” (no zombie), que comparte con ellas fingiendo ser zombie, quizás simplemente por temor a la soledad. Al fin y al cabo, ¿por qué humanos y zombies no podrían convivir en paz?

La obra presenta una lograda parodia en clave cómica de los principales códigos de las películas zombies, en particular de los más arbitrarios. Aquí los zombies hablan, aman, segregan e incluso se organizan políticamente. La tensión dramática está articulada sutilmente en torno a la necesidad de ocultar la condición humana de una de las chicas, y por el vínculo nostálgico que guarda con un novio de quien solo conserva una mano. Pero en realidad, el verdadero thelos que organiza la obra es el despliegue gradual de la inesperada conversación zombie, una especie de develamiento de su desconocida interioridad.

En este diálogo, siempre ridículo y absurdo, con frecuentes chispazos graciosos, se entrelazan temáticas clásicas del teatro: el clasismo, las luchas de poder, los secretos ocultos. Así, los “grandes temas” que ocupan la agenda teatral, desde los conflictos de clase hasta los discursos políticos y sociales, aparecen en la forma de eslóganes sueltos, que flotan en un marasmo de sinsentido.

El montaje logra mantener la atención con habilidad, sin perder en ningún momento la tensión dramática. Los momentos más altos se alcanzan cuando la obra bordea lo delirante, transformando el escenario en una especie de manicomio en el cual el público también está encerrado.

apocalipsis a la hora de

La actuación, si bien todavía inicial, modula bien la intensidad de la escena, sin incurrir en los clásicos gritos desgarrados ante el menor conflicto, frecuentes en los escenarios nacionales. Al respecto, sin embargo, cabe una nota precaución. Al igual que muchas otras obras locales, la mayor influencia para la actuación de “Apocalipsis a la hora de la cena” parecen ser los sitcoms norteamericanos, tamizados por las sempiternas telenovelas nacionales. Prima así una gestualidad un poco estereotipada y ajena, dominada por la compulsión de divertir: gestos de sorpresa, decepción, fingimiento, o alegría, hechos para close-ups y listos para su commodificación a través de la cultura de masas. Esta tendencia se subsana un poco cuando la obra se vuelve más delirante, en las escenas de coronación y gobierno de los zombies, pero en muchos momentos distrae e incluso molesta por su facilismo un poco anti-teatral.

En su conjunto, a través de un procedimiento argumental casi bizarro, la obra logra sin embargo ofrecer una especie de elucidación nueva –quizás más política–, de aquello que estos No-muertos, seres automatizados que responden a dictámenes ciegos, podrían representar. Una fórmula interesante que utiliza el imaginario de los zombies ara otorgar una representación acaso más fidedigna de la forma en que los discursos políticos y sociales se fragmentan en la realidad actual.

 

Apocalipsis a la hora de comer

Compañía: Pehelagarto
Elenco: Denisse Hernández, Geraldine Ortiz y Debora Weibel
Dramaturgia: Federico Zurita
Técnico: Julia Toledo

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.