Revista Intemperie

El milagro del jaguar: un país comedia negra

Por: Federico Zurita Hecht
el milagro del jaguar

Federico Zurita fue a ver una comedia que entrega una inquietante imagen del Chile actual

 

En el año de la exposición masiva de las formas, ya viejas, de corrupción política en Chile, la historia que compone la acción dramática de El milagro del jaguar, la nueva comedia de la Compañía Chimba Teatro, pone frente al espectador excesos y abusos microscópicos, aparentemente insignificantes, que de tan habituales parecen validados. El ejercicio discursivo es doble. La obra, con dramaturgia de Gabriela Arroyo y Ezzio Debernardi, busca, en primer término, subrayar el validado abuso insignificante para que recobre su significado como exceso; y, en segundo término, busca que la pequeña estructura de poder que constituye, apenas, un departamento de una empresa más grande, funcione como analogía de estructuras de poder mayores y se presente como la imagen del remecido escenario político chileno de los últimos meses.

Para lograr ambos sentidos, la fórmula no es la habitual. No es a través del extrañamiento que se busca hacer visible lo que se ha vuelto invisible. Es a través de una jugada riesgosa (ya usada en Infantes, el montaje anterior de esta compañía), pero imponente cuando funciona. Eso va a depender de los grados de asimilación (ceguera, llamémoslo también) que el público de cada función tenga con la validación del exceso microscópico. El milagro del jaguar busca presentar al espectador un ambiente que pueda reconocer, destacando lo que produce risa en su mundo para que luego éste, desde su butaca, reconozca, si es capaz, a través de elementos estratégicos en la acción, que lo que causa risa no es tan gracioso y, por el contrario, es más bien aterrador, asunto que adquiere mayor fuerza situando la acción en días previos a la navidad, con un ambiente de fiesta de telón de fondo.

Los excesos microscópicos son subrayados a través del humor burdo que usted o yo ejercemos a diario. El objeto de la burla son los pobres (la falta de aseo, el regalo paupérrimo en el “amigo secreto”, la plata necesaria para arreglar el calefont), los extranjeros (peruanos, bolivianos, colombianos) y las mujeres (la más tonta de la oficina). Se suman el robo hormiga, las complicidades intencionadas entre compañeros, el pelambre, el mirar en menos, el sacrificar a unos y el ejercicio de la pequeña cuota de poder. El mundo tambalea, se meten las manos al fuego por el que está más arriba, se derrumba el orden del mundo, se vuelve a restablecer y el status quo triunfa mientras el sacrificio del más débil deja de ser microscópico y, sin embargo, nadie lo ve.

Lo que sucede en una pequeña e insignificante oficina (el robo y las relaciones de poder) puede constituirse como una imagen del Chile actual. Ya en la década de 1990 el apelativo “Jaguar de Sudamérica” inauguró los chauvinismos desbordados que hoy vive el país, asunto aludido por el título de la obra. Pero la articulación estratégica de ésta es más compleja aún, pues sus personajes constituyen representaciones de los diversos tipos sociales que dan forma a la nación. En el espacio de la acción aparecen: la gobernante; la pareja chilena, con el hombre que se las sabe todas, que es capaz de acusar a su mujer de las más graves faltas sin ninguna prueba y, sin embargo, recibe toda la atención de ella; el inmigrante; la policía que acosa y desprecia al pobre y al extranjero; y el pobre, que es empujado al sacrificio. Desde fuera del espacio de la acción, en tanto, irradian su presencia: el miembro de la clase media aspiracional que no saluda a las personas que ve a diario y, por último, el dueño del capital.

Esta comedia bien podría adjetivarse como negra, y si cierta parte del público no lo percibe, al menos sigue siendo comedia. En este último caso, en un exceso discursivo que se toma este crítico, el espectáculo se trasladaría a las butacas y los miembros de Chimba Teatro serían los espectadores impresionados con la excelente actuación de aquellos que se regocijan con el chiste cruel, a quienes lo aterrador del mundo les produce risa cada día. Ellos están en el asiento de al lado. O bien, nosotros, los jaguares, ocupamos esos asientos. El milagro del jaguar es, hoy en Chile, una obra inquietantemente necesaria.

 

El milagro del jaguar

Compañía Chimba Teatro
Dramaturgia: Gabriela Arroyo y Ezzio Debernardi
Dirección: Gabriela Arroyo
Elenco: Silvina Gajardo, Carlos Donoso, Ezzio Debernardi, Valentina Campos, Karin Ahlstrom y Nicolás Platovsky
Asistente de dirección: María Hojas
Producción: De La Hormiga Producciones
Diseño Integral: Nicole Salgado
Diseño Gráfico: Pablo de la Fuente
Universo sonoro: Alejandro Miranda
Asesoría de imagen: Franklin Athos
Audiovisuales: Carlos Leiva

Taller Siglo XX Yolanda Hurtado
Ernesto Pinto Lagarrigue 191. Barrio Bellavista
Desde el 3 al 25 de julio de 2015
Jueves a sábado a las 21:00 hrs.

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