Revista Intemperie

La Tempestad: la fortaleza del intertexto, hoy

Por: Federico Zurita Hecht
la tempestad

Shakespeare y la política de los consensos del Chile de los últimos cuarenta años se mezclan en el último montaje de Radrigán. Escribe, Federico Zurita

 

Los siguientes párrafos tienen como propósito intentar explicar cuál podría ser la relevancia de que La Tempestad de Juan Radrigán llegue hoy a un escenario del circuito teatral chileno. La argumentación requerida para esto se va a sostener en que aquí podamos discutir con la afirmación “Esta Tempestad (de Radrigán) es muy distinta (a la de Shakespeare), sería mejor ponerle otro nombre”, esgrimida por Agustín Letelier en su crítica “La Tempestad, el ascenso de Calibán” publicada el reciente 25 de mayo en Artes y Letras de El Mercurio.

En su crítica, Letelier intenta demostrar que el texto dramático de Radrigán, fechado en 2015, se aleja lo suficiente del de Shakespeare como para mantener un vínculo con éste. Pese a que está consciente de que el texto del chileno, con sus desplazamientos de la lógica cómica del original del inglés hacia una más trágica, es capaz de formular significados, desdeña que estos tengan que sostenerse en la invocación del texto de 1611. Como dato adicional puede considerarse el hecho de que Marietta Santi advierte el 6 de mayo en Revista Paula que de las 59 páginas del texto de Radrigán “conserva no más de media página del original”. Esto último podría creerse que participa de la defensa de la afirmación de Agustín Letelier. Sin embargo, es el punto de partida para advertir que lo que hizo Radrigán es un tipo de intertexto que usualmente se conoce como reescritura y que sostiene su existencia, entre otras cosas, en la conservación (más o menos exacta) del título, del nombre de los personajes y de los lugares presentes en el texto con el cual dialoga (a diferencia de otros intertextos con forma de alusión, como La Viuda de Apablaza que aludiría a Fedra o Contigo pan y cebolla que aludiría a El Quijote, en los que no es necesario lo anterior).

¿Pero por qué la obra de Radrigán, dirigida por Rodrigo Pérez y presentada en Centro GAM, necesita este vínculo estrecho con la obra de Shakespeare? Antes de responder es necesario advertir que el texto del chileno alude, con la forma de representación, a una realidad local y actual. La historia de Shakespeare, en que un aristócrata italiano es despojado de su poder para luego planificar una venganza que no se concreta y ser, sin embargo, restituido en su condición de noble gracias al casamiento de su hija (una negociación, podríamos decir), resulta semejante, en su dimensión simbólica, a la historia política del Chile de los últimos cuarenta años. En 1973 un sector político fue despojado de su poder y en los años siguientes los representantes de este sector planearon vengarse. Y, sin embargo, tal pugna se resolvió con una negociación que, en palabras de los autores del libro Historia del siglo XX chileno, fue harto menos heroica que como la relataron quienes la llevaron a cabo. Hoy el representante de ese sector es una mujer que ostenta el cargo de presidenta de la república y que, a partir del establecimiento de semejanzas, es equivalente al Próspero de la comedia de Shakespeare que tanto hizo reír, según recalca Letelier, a los espectadores ingleses del año 1611. Es precisamente por este hecho, que se justifica que Próspero sea interpretado por una actriz (Claudia di Girolamo). Letelier, pese a identificar un sentido más o menos semejante al aquí expuesto, no repara en que la decisión estratégica de que una actriz se haga cargo del personaje (Próspero) contribuye a generar significados, y sólo se detiene a describir la actuación de di Girolamo, que le parece discutible en la interpretación sin argumentar por qué ese asunto formal sería problemático en la construcción de significados (como si las actuaciones fueran meramente ornamentales, como la manilla de una puerta).

La posible lectura de La Tempestad de Radrigán explicada en el párrafo anterior se fortalece, por tanto, en el reconocimiento del intertexto con forma de reescritura. Es precisamente en el desplazamiento de lo cómico del texto del inglés, a lo trágico del texto del chileno donde, a través del contraste, la dimensión simbólica del último se robustece. Por eso es tan significativo que el Calibán borracho de Shakespeare sea presentado por Radrigán como un sujeto digno. Es, además, en la concreción de que la tradición teatral occidental se reformule a través de la historia, que las ideas se presentan de forma novedosa y, por tanto, más bellas. Repárese aquí que el concepto belleza referido al teatro puede ser definido como: la disposición productiva de elementos discursivos en escena, en función de producir impacto en el espectador, al ser capaz éste de identificar cómo las ideas expuestas lo interpelan. Si La Tempestad de Radrigán se llamara Un florero amarillo usado para tomar sopa o, sin ir tan lejos, La Tormenta, perdería en belleza; lo mismo si Próspero se llamara Diego o incluso Michelle (no necesitamos darle ese último nombre para pensar, sin embargo, en otra Michelle).

La Tempestad nos recuerda, parafraseando a Derrida, que toda marca puede ir más allá del contexto en que es fijada y actuar de forma diferente en un nuevo contexto, como Ernesto de Manuela Infante o Una Tempestad de Aimee Cesaire. Pero más allá de esto último, La Tempestad es una forma bella, en un sentido teatral, de denunciar las peligrosas concesiones que dentro de la estructura de poder se han llevado a cabo en el Chile de los últimos cuarenta años. “Es tiempo del perdón y la reconciliación”, dice Próspero tras no concretar su venganza, restituida su posición de privilegios. Esa es nuestra historia.

 

La Tempestad

De Juan Radrigán.
Dirección: Rodrigo Pérez.
Elenco: Claudia di Girolamo, Moisés Angulo, Francisco Ossa, Mariana di Girolamo, Jaime Leiva, Manuel Peña, Rodrigo Soto, Guillermo Ugalde.
Diseño de escenografía e iluminación: Catalina Devia.
Diseño de vestuario: Pablo Núñez.
Música original: Santiago Farah.
Realización escenográfica: Rodrigo Iturra.
Producción de vestuario: Alexis Paredes.
Confección de vestuario: José Vergara.
En Centro GAM, Miércoles a sábado a las 21 hrs. Del 15 de mayo al 27 de junio.

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