Revista Intemperie

Los videos de Gepe como pastiches de un Altiplano turístico

Por: Juan José Solís
gepe

Juan José Solís analiza dos videos del popular músico chileno, ambientados en un altiplano turístico, que elude y elide los migrantes más cercanos que pueblan las zonas urbanas del país

 

Desde el lanzamiento de su disco GP (Quemasucabeza, 2012), el artista chileno Gepe (Daniel Riveros, 1981), ha acentuado en su producción el imaginario sonoro y visual del altiplano. Temas como Bomba chaya (perteneciente al disco señalado) y el reciente sencillo Hambre que cuenta con la colaboración mínima (20 segundos de canto) de la trolleada Wendy Sulca, son evidencias de una incorporación artística que nos permitirá explorar las controversias implicadas en la investidura sonora y visual de estos elementos, dentro de la sociedad chilena. A partir de esto podemos pensar específicamente ¿Qué condiciones posibilitan que un artista tome tal lugar de enunciación, respecto de estos rasgos culturales altiplánicos, que rayan en el desprestigio y la invisibilización en los valles centrales que constituyen nuestra geografía nacional?

Desde un tiempo a esta parte el altiplano peruano-boliviano se volvió un destino turístico impostergable para cientos de jóvenes de nuestro país. En aquella zona castigada por los estudios internacionales que avalan su subdesarrollo, el turista nacional encuentra un espacio social del cual carecemos: la fiesta, el carnaval. Este desfile, que cancela la circulación de personas por las calles como si fueran meras mercancías, sorprende y deslumbra al viajero que experimenta esta subversión del tránsito urbano. Aromas, colores y música son el deleite para los chilenos siempre ávidos de festejos y jolgorios, quienes acaban su procesión pagana en aquel destino místico-recreativo, en donde viven la experiencia carnavalesca junto con la gracia de una conversión favorable de su divisa.

Lo que encontramos en los videos de Gepe es precisamente esta recurrencia festiva. El artista chileno realiza los videos Bomba chaya (2013) y Hambre (2015) en Perú y en Bolivia, respectivamente. En el primero vemos al cantante envuelto en una actitud carnavalesca, acompañado por el cortejo de una compañía de muñecones y músicos. La cuidada puesta en escena alterna imágenes de la marcha festiva y del cantante actuando en solitario. Entre ellos, conservando como fondo una suerte de sepia propia de una zona árida, resalta el colorido de la vestimenta de las bailarinas y bailarines y de las trompetas y las cajas.

En Hambre, en cambio, encontramos al cantante junto a un colectivo de personajes al interior de un salón de eventos ubicado en El Alto, cuya principal característica es su decorado que alterna elementos aimaras con unas fachadas e interiores colorinches, próximos a la estética kitsch. Cabe señalar que este edificio fue llevado a cabo por el ex albañil y constructor Freddy Mamani, quien proyecta en su obra la búsqueda de una identidad arquitectónica aimara, tendencia que lo emparenta con el arquitecto barroco americano José Kondori, rescatado por Lezama Lima a propósito de la inscripción de elementos incaicos en la fachada de la iglesia de San Lorenzo en Potosí.

Sin embargo, esta recurrencia (visual más que musical), desprendida de la producción de Gepe, cobra relevancia a partir del negativo de esta postal “buena onda” (que perfectamente podría leerse en una guía turística encasillando al primero de los videos realizados como “cosas que hacer en” y el segundo como “lugares que visitar en”): el desplazamiento desde los valles chilenos hacia el altiplano se contrapone en términos de propósitos con el de quien realiza el trayecto inverso, el inmigrante del altiplano a la zonas urbanas de nuestro país. Desde abajo hacia arriba, turismo; desde arriba hacia abajo, trabajo o comercio. Vista desde nuestros valles centrales, el resultado de esta inversión termina siendo radicalmente opuesto: acá en el valle del Mapocho lo altiplánico es la hediondez de su comida cocinada en la calle, la oscuridad de su piel y el ruido de sus cesantes solicitudes seseantes.

Es en este contexto que los videos de Gepe toman forma. Estos elementos altiplánicos entran en un ordenamiento visual que parece una postal veraniega en un espacio marcado por la fiesta colorida, por el ordenamiento de los cuerpos en un decorado andino ya sea abierto o cerrado, que se construye como performance para el deleite del turista, lo que implica que solamente son deseados como eventos gratos al paso. Podemos interpretar desde esta lectura que el altiplano se desea en medio de sus accidentes geográficos, siempre vestido de fiesta o edificado en magnificencias monumentales postmodernas. Solo así se vuelve amable. En otras palabras, se visibiliza el altiplano y “lo” altiplánico, no a los altiplánicos y a las altiplánicas.

Así, podemos advertir que el revelado del rollo visual de Gepe en estos dos hitos de su videografía reciente, siguiendo lo planteado por Fredric Jameson en La lógica cultural del capitalismo tardío, constituye un pastiche, es decir, una imitación del estilo de manera no paródica y carente de historicidad, que en la ráfaga de imágenes turísticas que proyecta, cancela lo altiplánico en su presencia cotidiana en el contexto nacional, esto es, omite la diáspora de esa comunidad diseminada en los valles sureños; su inscripción legal o ilegal en un país ingrato.

 

Bomba chaya (2013)

Dirección: Gustavo de la Torre Casal
Producción: Jorge Gallo
Dirección de fotografía: Alonso García Herbozo
Asistencia de dirección: Fernando Galván
Asistencia de producción: Héctor de la Fuente
Dirección de arte: Carlos Luque
Asistencia de arte: Alicia Burga
Iluminación: Jose Aragonez, Óscar Fiestas, Jose Vargas
Maquillaje: Atenas Román
Fotografía fija: Noelia Cabrera
Edición: Fernando Galván
Post-producción: Gustavo de la Torre Casal, Fernando Galván
Rodado en Comas, Lima, Perú. Agosto 2013.

 

Hambre (2015)

Guión y dirección: Ian Pons Jewell
Producción: Angela Vargas
Producción ejecutiva: Camila Molina W.
Asistente de dirección: Sergio Bastani
Dirección de fotografía. Gustavo Soto
Dirección de arte: Javier Cuéllar.
DIT/Edición: Cristian Morales
Colorista: Luke Morrison @ The Mill
Post-producción: Samantha Letzler @ The Mill
VFX: C_M
Actúan: Alex Terán, Abel Iparraguirre, Andrés Rojas, Brigitte Azogue, Carlos Sanjinés, Gonzalo Jauregui, Helen Petrova, Jessica Fernanda Gomes, Pamela Chavarría, Sebastián Pastor, Winner Zeballos
Asistente de fotografía: Sebastián Fernández, Silvana Baltz.
Asistente de producción: Percy Miranda.
Rodado en el salón de eventos “Príncipe Alexander”, El Alto, Bolivia, 2015.

 

Foto: biobiochile.cl

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