Revista Intemperie

Cuán lúcido

Por: Federico Zurita Hecht
lucido

Federico Zurita fue a ver el montaje que trae de vuelta a Chile el humor negro del destacado dramaturgo y director argentino

 

La obra Lúcido, que otra vez trae un texto del argentino Rafael Spregelburd a los escenarios chilenos, es compleja tanto en su conformación estructural como en su formulación discursiva. A través de los códigos de la comedia, la obra, que en esta ocasión se realiza con la dirección de Cristián Marambio, pareciera querer formular una reflexión sobre cómo el ser humano conoce el mundo (si es que alcanza a conocerlo) y las emociones que cruzan este proceso de conocimiento. Para este crítico, la base teórica que acompañaría esta reflexión se presenta como indescifrable, sin embargo hay una serie de elementos que se repiten y que de algún modo dan pistas.

La acción cómica y desconcertante avanza en función del establecimiento de los límites que marcan el borde de un grupo o de un sujeto, o más bien de un sujeto al interior de un grupo, mediados por la constitución, a la vez, del tiempo y el espacio. En estas últimas dimensiones se desarrollan las múltiples posibilidades de la aparente realidad (ya sea en relación con los límites psicoanalíticos del sueño y la vigilia o en relación con los límites platónicos del mundo sensible e inteligible). La acción dramática, que sin embargo es muy coherente, confunde estratégicamente (y luego, como parte de la misma estrategia, nos hace creer que disuelve la confusión de) estos múltiples planos espacio-temporales. El resultado es el humor, pero también la sensación de incapacidad de definir qué es real y qué no. El que esto sea gracioso indudablemente intensifica la frustración de la imposibilidad (o la complejidad) de responder.

Se suma a esto, los problemas (también estratégicos, por cierto) que el drama introduce acerca de la imposibilidad de delimitar la unidad del ser. Hay varios asuntos durante el desarrollo de la acción que refieren a esta idea. Lucas, un muchacho de veinticinco años con trastornos psiquiátricos, insiste en diferenciarse de su madre, Teté, hablando desde el “yo”, mientras ella insiste en hablar de “nosotros”; el mismo muchacho lleva en el interior de su cuerpo el riñón de su hermana Lucrecia; la muchacha, en tanto, busca convencer a su madre de que vendan el departamento que les pertenece a todos, pero que le pertenece a ella en un cincuenta por ciento; Lucas lamenta que su carnet de identidad se haya quemado; él y Darío, que está saliendo con su mamá, tienen un debate acerca de la valoración de los deportes colectivos (defendidos por el muchacho) o los individuales (defendidos por el hombre). Con todos estos elementos se busca no dejar claro cuál es el límite que constituye la unidad que es capaz de conocer el mundo ¿el ser o la comunidad?

Pero la complejidad de esta pregunta se intensifica con la incorporación de la dimensión histórica. Cuando se lleva a cabo la peripecia de la acción dramática (que disuelve todo lo anterior), los espectadores comprenden algo que había permanecido oculto. Aquí, la memoria va a jugar un rol importante en el conocimiento de la realidad. Lo que todos creíamos pierde estabilidad y gana fuerza una visión que precisamente introduce la inestabilidad en la comprensión de la realidad.

Es muy probable que esta obra trascienda a esta lectura y que, de hecho, estos párrafos sean ingenuos al no lograr abarcar más de lo aquí expuesto. Pero de algún modo este reconocimiento habla de la riqueza del texto de Spregelburd presentado con prolijidad por el montaje de Marambio. Pese a la falta de lucidez de este crítico, la obra que se está presentando en el teatro del Puente hasta el 7 de junio está desbordada de lucidez.

 

Lúcido

De Rafael Spregelburd.
Dirección: Cristián Marambio.
Elenco: Gonzalo Muñoz-Lerner, Alejandra Oviedo, Guilherme Sepúlveda y Daniela Espinosa.
Diseño integral: Eduardo Cerón.
Producción: Tamara Ferreira.
Del 8 de mayo al 7 de junio de 2015.
Viernes y sábado a las 21 horas, domingo a las 20 horas.
Teatro del Puente, Parque Forestal.

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