Revista Intemperie

Orange is the new black: superando los estereotipos de la feminidad

Por: Xaviera González
orange is the new black

Xaviera González destaca la capacidad de la popular serie para revelar los estereotipos de género y distintos tipos de exclusión

 

Orange is the new black narra la historia de una mujer blanca de clase acomodada que debe pasar 1 año y medio en una prisión de mujeres, a causa de un involucramiento que tuvo en su juventud con una mujer que manejaba un cartel de drogas. La serie se basa en la novela escrita por Piper Kerman, que cuenta la experiencia que ella misma vivió años atrás.

Esta serie entrega el tótem al género femenino, con todas sus letras. Por primera vez en la televisión, se cuenta una historia que es escrita y actuada casi exclusivamente por mujeres, pero que no apela únicamente a un público femenino. Porque no estamos viendo, como en la mayoría de las series, a mujeres hablando con mujeres sobre hombres y romance. En el mundo de Orange is the new black, la femineidad y la masculinidad se funden para dar paso a una gran gama de personajes que desafían estereotipos una y otra vez.

Y es que lo más interesante de esta serie es que devela una de las problemáticas sociales más complejas del mundo actual: la exclusión. Porque sus personajes no sólo experimentan la exclusión de la mujer en la sociedad patriarcal. Como espectadores, nos enfrentamos a historias tan potentes como lo que es ser mujer y ser lesbiana, ser mujer y ser pobre, ser mujer y ser inmigrante, ser mujer y tener cáncer, ser mujer y ser drogadicta, ser mujer y ser transexual. Y sobre todo, lo que es ser mujer y ser delincuente.

Sin embargo, de manera muy sutil e inteligente, los productores de la serie logran que, durante la mayor parte del tiempo, olvidemos que estamos viendo una historia sobre delincuentes y marginales. Porque los personajes son tan complejos, bien trabajados y humanos, que no podemos sino empatizar, en algún nivel u otro, con todas ellas. Se deconstruye el prejuicio de que ser delincuente es ser “anti-social”, “flojo”, “paria”, “perverso” o “psicópata”. En Orange is the new black, se pone sobre la mesa una reflexión tremendamente profunda respecto de nuestra condición de seres humanos.

Sin justificar o vanagloriar los hechos que las llevaron a encontrarse ahí, la serie logra matizar lo suficiente el contexto de cada una de las presas para que comprendamos cómo muchas veces la desigualdad y la marginalidad empujan a los seres humanos más allá de sus límites. Estas mujeres nos hacen ver que, independientemente de dónde vengamos o las cosas que hayamos hecho, todos tenemos en común una cosa, que es lo más elemental de nuestra calidad de sujetos: el instinto de supervivencia. Porque al igual que ellas, las personas nos desenvolvemos en la vida guiados por deseos y miedos, en busca de algo que nos permita lidiar con una realidad a veces siniestra, sin perder nuestra libertad. Y nos aferramos a lo que esté a la mano para lograrlo.

De esta manera, con un toque muy astuto de humor negro, somos testigos del desarrollo y la confluencia de estas historias de supervivencia en un setting bastante simbólico: la cárcel. La crítica social se hace presente tanto en lo implícito como en lo explícito: desde acertadas acusaciones respecto de la ineficacia del sistema carcelario estadounidense, develando sus precarias condiciones y dinámicas de violencia y abuso de poder, hasta insinuaciones respecto de actos de corrupción y fraude llevados a cabo por las autoridades del establecimiento.

Finalmente, lo que se presenta capítulo a capítulo es, en su nivel más salvaje y más primitivo, la lucha de dos fuerzas: los opresores contra los oprimidos. Y si bien la serie desarrolla temáticas de gran crudeza, hay algo esperanzador en encontrarnos con que, día a día, estas mujeres logran desarrollar estrategias no sólo para sobrevivir, sino que también para vivir. A pesar de encontrarse sometidas constantemente al ojo vigilante de la autoridad, una autoridad que no es justa ni benevolente, sino que más bien agresiva y represora, surgen entre ellas vínculos de compañerismo, apoyo, e incluso, amor, que les permiten encontrar, en pequeñas acciones y gestos, atisbos de libertad.

 

Foto: Netflix

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